CANTO 10 : El Summum Bonum.

CAPÍTULO 1: EL ADVENIMIENTO DEL SEÑOR KṚṢṆA: INTRODUCCIÓN.
VERSO 1 — El rey Parīkṣit dijo: Mi querido señor, me has hablado con todo detalle de las dinastías del dios de la Luna y del dios del Sol, y del carácter excelso y maravilloso de sus reyes.
VERSO 2 — ¡Oh, el mejor de los munis!, me has hablado también de los descendientes de Yadu, que eran muy piadosos y seguían estrictamente los principios de la religión. Ahora, si te parece bien, háblame, por favor, de las maravillosas actividades del Señor Viṣṇu, Kṛṣṇa, que advino en esa dinastía Yadu con Baladeva, Su expansión plenaria.
VERSO 3 — La Superalma, la Suprema Personalidad de Dios, Śrī Kṛṣṇa, que es la causa de la manifestación cósmica, hizo Su advenimiento en la dinastía de Yadu. Por favor, háblame con detalle de Su personalidad y de Sus gloriosas actividades, desde el principio hasta el fin de Su vida.
VERSO 4 — La glorificación de la Suprema Personalidad de Dios se lleva a cabo en el marco del sistema deparamparā; es decir, el maestro espiritual la transmite al discípulo. Quienes saborean esa glorificación son las personas que ya no sienten atracción por la glorificación falsa y temporal de la manifestación cósmica. Los relatos acerca del Señor son la medicina adecuada para las almas condicionadas que están sujetas al ciclo del nacimiento y la muerte. De no ser un carnicero o alguien que mata su propio ser, ¿quién dejaría de escuchar esa glorificación del Señor?
VERSOS 5-7 — A bordo de la nave de los pies de loto de Kṛṣṇa, mi abuelo Arjuna logró cruzar, con otros, el océano del campo de batalla de Kurukṣetra, donde generales como Bhīṣmadeva eran como grandes peces que podrían habérselos tragado sin ningún esfuerzo. Por la misericordia del Señor Kṛṣṇa, mis abuelos cruzaron ese océano, que era muy difícil de atravesar, como si pasasen sobre la huella de un ternero. Cuando mi madre se entregó a los pies de loto del Señor Kṛṣṇa, el Señor, empuñando el cakra Sudarśana, entró en su vientre y salvó mi cuerpo, el cuerpo del último descendiente que les quedaba a los Kurus y los Pāṇḍavas, y que estaba a punto de ser destruido por la abrasadora arma de Aśvatthāmā. El Señor Śrī Kṛṣṇa, que por Su propia potencia Se manifiesta en las formas del tiempo eterno – es decir, como Paramātmā y como virāṭ-rūpa – dentro y fuera de todos los seres vivos corporificados, dio a todos la liberación, bien en la forma de la muerte cruel, o bien en forma de vida. Por favor, ilumíname explicándome Sus trascendentales características.
VERSO 8 — Mi querido Śukadeva Gosvāmī, has explicado ya que Saṅkarṣaṇa, que pertenece a la segunda expansión cuádruple, advino en la forma de Balarāma, el hijo de Rohiṇī. Pero explícame, por favor, ¿cómo es posible que estuviese primero en el vientre de Devakī y después en el de Rohiṇī, si no fue trasladado de un cuerpo al otro?
VERSO 9 — ¿Cuál fue la razón de que Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, dejase la casa de Su padre, Vasudeva, y fuese a la casa de Nanda, en Vṛndāvana? ¿En qué parte de Vṛndāvana vivió con Sus familiares el Señor, el amo de la dinastía Yadu?
VERSO 10 — El Señor Kṛṣṇa vivió en Vṛndāvana y en Mathurā. ¿Qué hizo en esos lugares? ¿Por qué mató a Kaṁsa, el hermano de Su madre? Eso no se aprueba en absoluto en los śāstras.
VERSO 11 — Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, no tiene cuerpo material, pero adviene en forma de ser humano. ¿Durante cuántos años vivió con los descendientes de Vṛṣṇi? ¿Con cuántas esposas Se casó, y por cuántos años vivió en Dvārakā?
VERSO 12 — ¡Oh, gran sabio, que lo sabes todo acerca de Kṛṣṇa!, tengo plena fe y estoy muy deseoso de escuchar las actividades de Kṛṣṇa. Por favor, responde con todo detalle a mis preguntas y explícame también las cosas que no he sabido preguntar.
VERSO 13 — Debido al voto que he hecho en el umbral de la muerte, he dejado incluso de beber agua. Sin embargo, como estoy bebiendo el néctar de los temas de Kṛṣṇa, que fluye de la boca de loto de Tu Señoría, ni siquiera el hambre y la sed, que tan difíciles son de soportar, representan un obstáculo para mí.
VERSO 14 — Sūta Gosvāmī dijo: ¡Oh, hijo de Bhṛgu [Śaunaka Ṛṣi]!, después de escuchar las piadosas preguntas de Mahārāja Parīkṣit, Śukadeva Gosvāmī, el muy respetable devoto, el hijo de Vyāsadeva, dio las gracias al rey con gran respeto, y, acto seguido, comenzó a exponer los temas relacionados con Kṛṣṇa, que son el remedio para todos los sufrimientos de esta era de Kali.
VERSO 15 — Śrī Śukadeva Gosvāmī dijo: ¡Oh, majestad, el mejor de los reyes santos!, como sientes un gran atracción por los temas que tratan de Vāsudeva, no cabe duda de que tu inteligencia está firmemente establecida en la comprensión espiritual, que es el único objetivo verdadero para la humanidad. Esa atracción nunca cesa, y por ello es, ciertamente, sublime.
VERSO 16 — El Ganges, que emana del dedo del pie del Señor Viṣṇu, purifica los tres mundos: los sistemas planetarios superior, medio e inferior. Del mismo modo, las preguntas acerca de los pasatiempos y características del Señor Vāsudeva, Kṛṣṇa, purifican a tres clases de hombres: al que habla o predica, al que pregunta, y a toda la gente que escucha.
VERSO 17 — Un día, sintiéndose abrumada por el peso de cientos de miles de falanges militares armadas por demonios vanidosos que se hacían pasar por reyes, madre Tierra acudió al Señor Brahmā.
VERSO 18 — Madre Tierra adoptó la forma de una vaca y, muy afligida, con los ojos llenos de lágrimas, se presentó ante el Señor Brahmā y le informó de su desdicha.
VERSO 19 — Después de que madre Tierra le informase de sus sufrimientos, el Señor Brahmā, acompañado de madre Tierra, el Señor Śiva y todos los demás semidioses, se dirigió a la orilla del océano de leche.
VERSO 20 — En la orilla del océano de leche, los semidioses adoraron a la Suprema Personalidad de Dios, el Señor Viṣṇu, el amo del universo entero, el Dios Supremo de todos los dioses, que mantiene a todos y disminuye el sufrimiento de todos. Para adorar al Señor Viṣṇu, que Se acuesta en el océano de leche, recitaron con gran concentración los mantras védicos del puruṣa-sūkta.
VERSO 21 — En estado de trance, el Señor Brahmā escuchó en el cielo la vibración de las palabras del Señor Viṣṇu. Entonces dijo a los semidioses: ¡Oh, semidioses!, escuchadme, y cumplid atentamente y sin demora la orden de Kṣīrodakaśāyī Viṣṇu, la Persona Suprema.
VERSO 22 — El Señor Brahmā informó a los semidioses: Antes de que nosotros Le expusiéramos nuestra súplica, el Señor ya era consciente de los sufrimientos de la Tierra. Por ello, mientras el Señor camine por la Tierra para aliviarla de su carga mediante Su propia potencia en la forma del tiempo, todos vosotros, semidioses, deberéis manifestaros en expansiones plenarias como hijos y nietos de la familia de los Yadus.
VERSO 23 — La Suprema Personalidad de Dios, Śrī Kṛṣṇa, que goza de plena potencia, nacerá personalmente como hijo de Vasudeva. Por lo tanto, todas las esposas de los semidioses deberán nacer también a fin de satisfacerle.
VERSO 24 — Saṅkarṣaṇa, conocido con el nombre de Ananta, es la principal manifestación de Kṛṣṇa. Él es el origen de todas las encarnaciones en el mundo material. Antes del advenimiento del Señor Kṛṣṇa, ese Saṅkarṣaṇa original nacerá en la forma de Baladeva, a fin de complacer al Supremo Señor Kṛṣṇa en Sus pasatiempos trascendentales.
VERSO 25 — Viṣṇu-māyā, la potencia del Señor, que puede compararse a la Suprema Personalidad de Dios, descenderá también con el Señor Kṛṣṇa. Esa potencia, que manifiesta distintas capacidades de actuación, cautiva todos los mundos, tanto materiales como espirituales. Por orden de su amo, ella nacerá con sus diversas potencias para realizar la obra del Señor.
VERSO 26 — Śukadeva Gosvāmī continuó: Después de dar estos consejos a los semidioses y tranquilizar a madre Tierra, el muy poderoso Señor Brahmā, que es el señor de todos los demás prajāpatis y, por ello, recibe el nombre de Prajāpati-pati, regresó a su morada, Brahmaloka.
VERSO 27 — En el pasado, Śūrasena, el caudillo de la dinastía Yadu, había trasladado su residencia a la ciudad de Mathurā, donde disfrutó de los distritos llamados Māthura y Śūrasena.
VERSO 28 — Desde aquel entonces, la ciudad de Mathurā había sido la capital de todos los reyes de la dinastía Yadu. La ciudad y el distrito de Mathurā están muy íntimamente ligados a Kṛṣṇa, pues el Señor Kṛṣṇa vive allí eternamente.
VERSO 29 — Hace algún tiempo, Vasudeva, que pertenecía a la dinastía de los semidioses [dinastía Śūra], se casó con Devakī. Después de la boda, subió a su cuadriga para regresar a casa con su esposa recién casada.
VERSO 30 — Kaṁsa, el hijo del rey Ugrasena, para complacer a su hermana Devakī en el día de su boda, tomó las riendas de los caballos y se dispuso a conducir la cuadriga. Cientos de cuadrigas doradas les acompañaban.
VERSOS 31-32 — El rey Devaka, el padre de Devakī, sentía mucho cariño por su hija. Por eso, cuando ella abandonaba el hogar para irse con su esposo, le entregó una dote de cuatrocientos elefantes hermosamente adornados con guirnaldas doradas. También le entregó diez mil caballos, mil ochocientas cuadrigas y doscientas sirvientas muy hermosas, jóvenes y perfectamente engalanadas con alhajas.
VERSO 33 — ¡Oh, querido hijo, Mahārāja Parīkṣit!, cuando los novios se disponían a salir, un armónico resonar de caracolas, trompetas, tambores y timbales acompañó de vibraciones auspiciosas su partida.
VERSO 34 — En el camino, mientras Kaṁsa llevaba las riendas de los caballos, haciendo de auriga, una voz incorpórea le increpó diciéndole: «¡Oh, necio sinvergüenza!, el octavo hijo de la mujer que llevas contigo te matará».
VERSO 35 — Kaṁsa era una personalidad aborrecible en la dinastía Bhoja, pues era envidioso y pecador. Así, tan pronto como escuchó aquel oráculo del cielo, tomó a su hermana del cabello con la mano izquierda, y en la derecha empuñó la espada para cortarle la cabeza allí mismo.
VERSO 36 — Tratando de calmar al desvergonzado Kaṁsa, que era tan cruel y envidioso que se disponía a matar a su propia hermana, la gran alma Vasudeva, que estaba llamado a ser el padre de Kṛṣṇa, le habló con las siguientes palabras.
VERSO 37 — Vasudeva dijo: Kaṁsa, querido cuñado, tú eres el orgullo de tu familia, la dinastía Bhoja, y los grandes héroes alaban tus cualidades. Una personalidad tan elevada como tú no puede matar a una mujer, y mucho menos a su propia hermana en el día de su boda.
VERSO 38 — ¡Oh, gran héroe!, todo el que nace tiene que morir, pues la muerte nace con el cuerpo. Hoy mismo o de aquí cientos de años, la muerte es segura para todas las entidades vivientes.
VERSO 39 — Cuando el cuerpo que tenemos vuelve al polvo y se descompone de nuevo en los cinco elementos – tierra, agua, fuego, aire y éter – , el propietario del cuerpo, el ser vivo, recibe de forma automática, conforme a sus actividades fruitivas, otro cuerpo hecho de elementos materiales. Y tan pronto como obtiene el siguiente cuerpo, abandona el que ahora tiene.
VERSO 40 — Una persona que camina por la calle se apoya primero en un pie, y entonces levanta el otro. Lo mismo ocurre con la oruga, que se desplaza hacia una hoja y entonces se suelta de la anterior. Del mismo modo, el alma condicionada se refugia en otro cuerpo y entonces abandona el que tenía.
VERSO 41 — Después de experimentar una situación con la vista o el oído, meditamos y especulamos acerca de ella. Así acabamos por entregarnos a esa situación, sin tener en cuenta nuestro cuerpo actual. Del mismo modo, sirviéndonos de la mente, de noche soñamos que vivimos en circunstancias distintas, en otros cuerpos, y olvidamos nuestra verdadera posición. Por ese mismo proceso, abandonamos nuestro cuerpo actual y recibimos el siguiente [tathā dehāntara-praptiḥ].
VERSO 42 — En el momento de morir, los pensamientos, sentimientos y deseos de la mente, que está enredada en actividades fruitivas, nos hacen recibir un determinado cuerpo. En otras palabras, el cuerpo se forma en función de las actividades de la mente. Los cambios de cuerpo se deben a la inestabilidad de la mente, pues, de no ser por ello, el alma podría permanecer en su cuerpo espiritual original.
VERSO 43 — Los astros del cielo, como la Luna, el Sol y las estrellas, al reflejarse en la superficie líquida del aceite o del agua, parecen tener otras formas, y, según los movimientos del viento, a veces los vemos redondos, a veces alargados, etc. Del mismo modo, cuando se absorbe en pensamientos materialistas, la entidad viviente, el alma, llevada por la ignorancia, confunde una serie de manifestaciones con su propia identidad. En otras palabras, debido a la agitación causada por las modalidades materiales de la naturaleza, las invenciones de la mente la tienen sumida en un estado de confusión.
VERSO 44 — Si los actos impíos y envidiosos son causa de que en la siguiente vida recibamos un cuerpo y suframos en él, ¿por qué realizar ese tipo de actos? Pensando en nuestro propio bien, no debemos envidiar a nadie, pues la persona envidiosa siempre sentirá temor de que sus enemigos la hagan daño, en esta vida o en la siguiente.
VERSO 45 — Devakī, esta pobre muchacha, es tu hermana menor, y por ello es como tu propia hija, y tu deber es cuidarla con mucho cariño. Tú eres misericordioso, y por eso no debes matarla. En verdad, debes darle tu afecto.
VERSO 46 — Śukadeva Gosvāmī continuó: ¡Oh, el mejor de la dinastía Kuru!, Kaṁsa era cruel y muy violento, un verdadero seguidor de los rākṣasas, de modo que las buenas instrucciones de Vasudeva ni lograron calmarle ni le intimidaron. No le preocupaban los resultados que pudieran traerle las actividades pecaminosas, ni en esta vida ni en la siguiente.
VERSO 47 — Al ver que Kaṁsa estaba decidido a matar a su hermana Devakī, Vasudeva se concentró en una profunda reflexión. Teniendo en cuenta el inminente peligro de muerte, ideó otro plan para detener a Kaṁsa.
VERSO 48 — La persona inteligente, mientras tenga inteligencia y fuerza física, debe tratar de evitar la muerte. Ése es el deber de todo el que ha recibido un cuerpo. Pero si, a pesar de todos sus esfuerzos, no logra evitar la muerte, esa persona no comete ofensa.
VERSOS 49-50 — Vasudeva pensó: Kaṁsa es la personificación de la muerte; si le entrego todos los hijos que tenga, salvaré la vida de Devakī. Es posible que Kaṁsa muera antes de que nazcan mis hijos, o que uno de mis hijos le mate, pues está destinado a morir de esa forma. En cuanto a ahora, tengo que alejar esta amenaza inmediata, así que voy a prometer a Kaṁsa que le entregaré todos mis hijos. El tiempo pasa, y si Kaṁsa muere, no tendré nada que temer.
VERSO 51 — A veces, por alguna razón invisible, el fuego salta por encima de un pedazo de leña sin tocarlo y prende fuego en el siguiente; la causa es el destino. Del mismo modo, cuando un ser vivo recibe un determinado cuerpo y abandona otro, la única causa es el invisible destino.
VERSO 52 — Después de considerar la cuestión a la luz del conocimiento que poseía, Vasudeva, con mucho respeto, hizo una propuesta al pecaminoso Kaṁsa.
VERSO 53 — Viendo a su esposa en peligro, Vasudeva tenía la mente llena de ansiedad. Sin embargo, para complacer al cruel, desvergonzado y pecaminoso Kaṁsa, logró componer una sonrisa y le dijo lo siguiente.
VERSO 54 — Vasudeva dijo: ¡Oh, sobrio entre los sobrios!, nada tienes que temer de tu hermana Devakī. Según las palabras del misterioso oráculo, la muerte no vendrá de ella, sino de sus hijos. Por eso te prometo que cuando ella sea madre, yo te entregaré esos hijos que tanto temes.
VERSO 55 — Śrīla Śukadeva Gosvāmī continuó: Kaṁsa aceptó la lógica de los argumentos de Vasudeva, y, con plena fe en las palabras de su cuñado, se contuvo y no mató a su hermana. Vasudeva, complacido con Kaṁsa, siguió tranquilizándole y, finalmente, entró en su casa.
VERSO 56 — A partir de entonces, Devakī, la madre de Dios y de todos los semidioses, tuvo un hijo cada año. Con el paso del tiempo, llegó a tener, uno tras otro, ocho hijos y una hija, que se llamó Subhadrā.
VERSO 57 — La idea de romper su promesa y volverse un mentiroso perturbaba y llenaba de temor a Vasudeva. Así, con inmenso dolor, puso en manos de Kaṁsa a su primogénito, Kīrtimān.
VERSO 58 — ¿Qué sentido tiene el dolor para las personas santas que se atienen estrictamente a la verdad? ¿Qué independencia no tendrán los devotos puros que saben que el Señor Supremo es la esencia de todo lo que existe? ¿Qué actos les están prohibidos a las personas de carácter ruin?; y ¿qué no abandonarían por satisfacer al Señor Kṛṣṇa quienes se han entregado plenamente a Sus pies de loto?
VERSO 59 — Mi querido rey Parīkṣit, al ver que Vasudeva era fiel a su palabra y le daba su hijo con perfecta presencia de ánimo, Kaṁsa se sintió muy feliz. Entonces, con una sonrisa en el rostro, dijo lo siguiente.
VERSO 60 — ¡Oh, Vasudeva!, puedes llevarte el niño a casa. No es el primer hijo de Vasudeva y Devakī el que yo temo. El que me preocupa es vuestro octavo hijo, pues es el que está destinado a matarme.
VERSO 61 — Vasudeva asintió y regresó a su casa con el niño. Sin embargo, como Kaṁsa no era un hombre de buenas cualidades y no sabía dominarse, Vasudeva sabía que no podía confiar en su palabra.
VERSOS 62-63 — Los habitantes de Vṛndāvana, como Nanda Mahārāja, los demás pastores de vacas, y sus esposas, eran en realidad habitantes de los planetas celestiales. ¡Oh, Mahārāja Parīkṣit, el mejor de los descendientes de Bharata!, ésa era también la posición de Vasudeva y los descendientes de la dinastía Vṛṣṇi, así como de Devakī y las demás mujeres de la dinastía Yadu. También los amigos, familiares y bienquerientes de Nanda Mahārāja y de Vasudeva, así como los supuestos seguidores de Kaṁsa, eran todos semidioses.
VERSO 64 — Un día, el gran santo Nārada fue a ver a Kaṁsa y le informó de que las personas demoníacas, que eran una gran carga para la Tierra, iban a ser matadas. Kaṁsa comenzó entonces a debatirse entre grandes dudas y temores.
VERSOS 65-66 — Cuando el gran sabio Nārada se fue, Kaṁsa pensó que todos los miembros de la dinastía Yadu eran semidioses, y que cualquiera de los hijos nacidos del vientre de Devakī podía ser Viṣṇu. Asustado ante la idea de morir, Kaṁsa mandó encerrar a Vasudeva y a Devakī y les encadenó con grilletes de hierro. Sospechando que cualquiera de sus hijos podía ser Viṣṇu, Kaṁsa los fue matando uno tras otro, debido a la profecía que anunciaba su muerte a manos de Viṣṇu.
VERSO 67 — Los reyes ávidos de complacer los sentidos en este mundo casi nunca tienen escrúpulos en matar a sus enemigos. Por satisfacer sus propios caprichos, podrían matar a cualquiera, sin perdonar ni a sus propias madres, padres, hermanos o amigos.
VERSO 68 — En su vida anterior, Kaṁsa había sido un gran demonio llamado Kālanemi, a quien Viṣṇu había matado. Al recibir de Nārada esta información, Kaṁsa se llenó de envidia contra todos los que tuviesen relación con la dinastía Yadu.
VERSO 69 — Kaṁsa, el muy poderoso hijo de Ugrasena, llegó al extremo de encerrar en prisión a su propio padre, el rey de las dinastías Yadu, Bhoja y Andhaka, y asumió personalmente el gobierno de los estados de Śūrasena.
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