SB 7 : La Ciencia de Dios.

CANTO 7. CAPÍTULO 1. EL SEÑOR SUPREMO ES ECUÁNIME CON TODOS. CAPÍTULO 2. HIRAṆYAKAŚIPU, REY DE LOS DEMONIOS. CAPÍTULO 3. HIRAṆYAKAŚIPU TRATA DE ALCANZAR LA INMORTALIDAD. CAPÍTULO 4. HIRAṆYAKAŚIPU ATERRORIZA AL UNIVERSO. CAPÍTULO 5. PRAHLšDA MAHšRšJA, EL SANTO HIJO DE HIRAṆYAKAŚIPU. CAPÍTULO 6. PRAHLšDA INSTRUYE A SUS COMPAÑEROS DEMONIOS. CAPÍTULO 7. LO QUE PRAHLšDA APRENDIÓ EN EL VIENTRE DE SU MADRE. CAPÍTULO 8. EL SEÑOR NṚSIḾHADEVA MATA AL REY DE LOS DEMONIOS. CAPÍTULO 9. PRAHLšDA APACIGUA AL SEÑOR NṚSIḾHADEVA CON ORACIONES. CAPÍTULO 10. PRAHLšDA, EL MÁS EXCELSO DE LOS DEVOTOS. CAPÍTULO 11. LA SOCIEDAD PERFECTA: CUATRO CLASES SOCIALES. CAPÍTULO 12. LA SOCIEDAD PERFECTA: CUATRO CLASES ESPIRITUALES. CAPÍTULO 13. EL COMPORTAMIENTO DE LA PERSONA PERFECTA. CAPÍTULO 14. LA VIDA FAMILIAR IDEAL. CAPÍTULO 15. INSTRUCCIONES PARA LOS SERES HUMANOS CIVILIZADOS. CAPÍTULO 1. EL SEÑOR SUPREMO ES ECUÁNIME CON TODOS. VERSO 1. El rey Parīkṣit preguntó: Mi querido brāhmaŠa, la Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu, es el bienqueriente de todos, y por tanto es ecuánime y el objeto del amor de todos. ¿Por qué razón, entonces, mató a los enemigos de Indra y Se puso de parte de éste, comportándose como un hombre corriente? ¿Cómo es posible que una persona ecuánime se ponga de parte de unos y en contra de otros? VERSO 2. El Señor Viṣṇu, la Suprema Personalidad de Dios, es el manantial de todo placer. Por lo tanto, ¿qué beneficio podría obtener poniéndose de parte de los semidioses? ¿Qué interés satisfaría con ello? Si el Señor es trascendental, ¿qué razón, entonces, podría llevarle a temer a los asuras? ¿Por qué habría de tener envidia de ellos? VERSO 3. ¡Oh, muy afortunado y erudito brāhmaŠa!, ahora tengo grandes dudas acerca de si NārāyaŠa es parcial o imparcial. Por favor, resuelve esta duda con pruebas evidentes de que NārāyaŠa es siempre neutral y ecuánime con todos. VERSOS 4 y 5. El gran sabio ®ukadeva Gosvāmī dijo: Mi querido rey, me has planteado una pregunta excelente. A los devotos les son sumamente agradables las conversaciones acerca de las actividades del Señor, en que se trata también de las glorias de Sus devotos. Esos maravillosos temas ponen fin a las miserias del modo de vida materialista. Por esa razón, grandes sabios de la talla de Nārada comentan siempre el ®r…mad-Bhāgavatam, que nos brinda la oportunidad de escuchar y glorificar las maravillosas actividades del Señor. Antes de hablarte de las actividades del Señor Hari, ofrezco mis respetuosas reverencias a ®r…la Vyāsadeva. VERSO 6. La Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu, es siempre trascendental a las cualidades materiales; debido a ello, recibe el calificativo de nirguŠa, es decir, «sin cualidades». Como es innaciente, no tiene un cuerpo material sujeto al apego y al odio. El Señor está siempre por encima de la existencia material; pero, a pesar de ello, mediante Su potencia espiritual, advino y actuó como un ser humano corriente, aceptando deberes y obligaciones como si fuera un alma condicionada. VERSO 7. Mi querido rey Parīkṣit, todas las cualidades materiales —sattva-guŠa, rajo- guŠa y tamo-guŠa— pertenecen al mundo material y no tienen el más mínimo contacto con la Suprema Personalidad de Dios. Esas tres guŠas no pueden actuar aumentando o disminuyendo al mismo tiempo. VERSO 8. Los sabios y semidioses florecen con el predominio de la modalidad de la bondad, que el Señor Supremo ha infundido en ellos en abundancia. De manera similar, los demonios florecen con el predominio de la modalidad de la pasión, y cuando predomina la modalidad de la ignorancia florecen los yakṣas y rākṣasas. La Suprema Personalidad de Dios está presente en el corazón de todos, impulsando las reacciones de sattva-guŠa, rajo-guŠa y tamo-guŠa. VERSO 9. La Personalidad de Dios, que es omnipresente, está situado en el corazón de todos los seres vivos, y un pensador experto puede percibir la mayor o menor intensidad de Su presencia. Del mismo modo que se puede entender el fuego que contiene una cantidad de leña, el agua que contiene un cántaro, o el aire que contiene una vasija, también se puede comprender si una entidad viviente es demonio o semidiós si se estudian sus prácticas devocionales. El hombre reflexivo, al ver las acciones de una persona, puede comprender en qué medida goza del favor del Señor Supremo. VERSO 10. La Suprema Personalidad de Dios crea los distintos tipos de cuerpos y ofrece a cada entidad viviente un cuerpo determinado conforme a su carácter y a sus actividades fruitivas. En ese entonces, el Señor hace revivir todas las cualidades de la naturaleza material —sattva-guŠa, rajo-guŠa y tamo-guŠa— y, en la forma de la Superalma, entra en cada cuerpo y ejerce influencia en las cualidades de la creación, el mantenimiento y la aniquilación, valiéndose de sattva-guŠa para mantener, de rajo-guŠa para crear, y de tamo-guŠa para aniquilar. VERSO 11. ¡Oh, gran rey!, la Suprema Personalidad de Dios, que es el controlador de las energías material y espiritual, y que es, ciertamente, el creador de todo el cosmos, crea el factor tiempo para permitir que la energía material y la entidad viviente actúen dentro de los límites del tiempo. Así pues, la Personalidad Suprema nunca está bajo la influencia del factor tiempo ni de la energía material. VERSO 12. ¡Oh, rey!, el factor tiempo realza la modalidad de sattva-guŠa. Así, el Señor Supremo, a pesar de ser el controlador, favorece a los semidioses, que en su mayor parte están situados en el plano de sattva-guŠa. Y de este modo, los demonios, que están bajo la influencia de tamo-guŠa, son aniquilados. El Señor Supremo induce al factor tiempo a actuar de distintas maneras, pero nunca es parcial. Sus actividades, por el contrario, son gloriosas, y por ello recibe el nombre de Uruśravā. VERSO 13. ¡Oh, rey!, hace tiempo, durante la celebración del sacrificio rājas™ya de Mahārāja Yudhiṣṭhira, el gran sabio Nārada contestó a una pregunta suya narrando episodios históricos que muestran que la Suprema Personalidad de Dios siempre es imparcial, incluso cuando mata demonios. Nārada dio un ejemplo muy claro al respecto. VERSOS 14 y 15. ¡Oh, rey!, en el sacrificio rājas™ya, Mahārāja Yudhiṣṭhira, el hijo de Mahārāja Pāṇḍu, vio con sus propios ojos que Śiśupāla se fundía en el cuerpo del Señor Supremo, Kṛṣṇa. Lleno de asombro, preguntó al gran sabio Nārada, que estaba también allí, por la razón de aquel suceso. Todos los sabios presentes escucharon su pregunta. VERSO 16. Mahārāja Yudhiṣṭhira preguntó: Es muy asombroso que el demonio Śiśupāla se haya fundido en el cuerpo de la Suprema Personalidad de Dios a pesar de lo terriblemente envidioso que era. Sāyujya-mukti les es imposible de alcanzar incluso a los grandes trascendentalistas. ¿Cómo pudo entonces obtenerla el enemigo del Señor? VERSO 17. ¡Oh, gran sabio!, todos estamos muy ansiosos de conocer la causa de esa misericordia del Señor. He oído decir que en el pasado, cuando un rey llamado Vena blasfemó contra la Suprema Personalidad de Dios, los brāhmaṇas le obligaron a descender inmediatamente al infierno. Śiśupāla también debería haber sido enviado al infierno. ¿Por qué razón se fundió entonces en la existencia del Señor? VERSO 18. Desde su más tierna infancia, cuando casi ni sabía hablar, Śiśupāla, el muy pecaminoso hijo de Damaghoṣa, ya blasfemaba contra el Señor, y siguió teniendo envidia de ®r… Kṛṣṇa hasta la hora de la muerte. También su hermano Dantavakra manifestó los mismos hábitos. VERSO 19. Esos dos hombres, Śiśupāla y Dantavakra, blasfemaron repetidamente contra la Suprema Personalidad de Dios, el Señor Viṣṇu [Kṛṣṇa], el Brahman Supremo, pero, sin embargo, conservaban toda su salud. En verdad, ni la lepra blanca les pudrió la lengua, ni entraron en la región más oscura de la vida infernal. Todo ello nos sorprende muchísimo. VERSO 20. ¿Cómo es posible que Śiśupāla y Dantavakra entrasen con toda facilidad, ante los ojos de muchas personas excelsas, en el cuerpo de Kṛṣṇa, cuya naturaleza es tan difícil de alcanzar? VERSO 21. No hay duda de que se trata de algo muy asombroso. En verdad, mi inteligencia se agita como la llama de una vela agitada por el viento. ¡Oh, Nārada Muni!, tú lo sabes todo. Por favor, hazme saber la causa de este extraordinario suceso. VERSO 22. ®r… ®ukadeva Gosvāmī dijo: Nārada Muni, el muy poderoso maestro espiritual, que todo lo conocía, se sintió muy complacido al escuchar la pregunta de Mahārāja Yudhiṣṭhira. Así, en presencia de todos los asistentes al yajña, respondió con las siguientes palabras. VERSO 23. El gran sabio ®r… Nāradaj… dijo: ¡Oh, rey!, cuando percibimos las palabras de otros como blasfemias o alabanzas, reprimendas o muestras de respeto, todo ello se debe a la ignorancia. El plan del Señor dispone un cuerpo para el alma condicionada, a fin de que sufra en el mundo material por intermedio de la energía externa. VERSO 24. Mi querido rey, bajo el concepto corporal de la vida, el alma condicionada considera que el cuerpo es el ser, y que todo lo relacionado con el cuerpo es suyo. Debido a ese erróneo concepto de la vida, está expuesta a dualidades como la alabanza y la reprimenda. VERSO 25. Debido al concepto corporal de la vida, el alma condicionada piensa que, cuando el cuerpo es aniquilado, el ser viviente también lo es. El Señor Viṣṇu, la Suprema Personalidad de Dios, es el controlador supremo, la Superalma de todas las entidades vivientes. Debido a que no tiene cuerpo material, está libre del falso concepto de «yo y lo mío». Por lo tanto, la idea de que Él siente placer o dolor cuando blasfeman contra Él o Le ofrecen oraciones, no es correcta. En Él, eso es imposible. De modo que no tiene ni amigos ni enemigos. Cuando castiga a los demonios, es por su bien, y cuando acepta las oraciones de los devotos, también es por su bien. A Él no Le afectan ni las oraciones ni las blasfemias. VERSO 26. Por lo tanto, cuando el alma condicionada concentra su mente en el Señor, su actitud —de enemistad o de servicio devocional, de temor, de cariño o de lujuria— no influye en el resultado de su concentración, pues al Señor, debido a Su posición bienaventurada, nunca Le afecta la envidia, la amistad ni ninguno de los rasgos mencionados, ya bien se manifiesten en conjunto o aisladamente. VERSO 27. Nārada Muni continuó: La intensidad de la meditación en la Suprema Personalidad de Dios que alcanza un enemigo del Señor nunca se puede lograr mediante el servicio devocional. Ésa es mi opinión. VERSOS 28 y 29. Cuando una abeja encierra en el hueco de un muro a una oruga, ésta piensa siempre en la abeja con miedo y sentimientos hostiles. En el futuro, y tan sólo por ese recuerdo, se convierte en abeja. Del mismo modo, las almas condicionadas que de una forma u otra piensen en Kṛṣṇa, que es sac-cid-ānanda-vigraha, quedarán libres de sus pecados. Por pensar constantemente en Él, volverán a sus cuerpos espirituales, tanto si Le consideran enemigo como si Le tienen por Señor adorable. VERSO 30. Son muchísimas las personas que han alcanzado la liberación por el simple hecho de pensar en Kṛṣṇa con gran atención y abandonar las actividades pecaminosas. Esa gran atención puede deberse a deseos lujuriosos, sentimientos hostiles, temor, afecto o servicio devocional. Ahora explicaré cómo se recibe la misericordia de Kṛṣṇa por el simple hecho de concentrar la mente en Él. VERSO 31. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, las gop…s, por sus deseos lujuriosos, han obtenido la misericordia de Kṛṣṇa; Kaˆsa la obtuvo por el miedo que sentía; Śiśupāla y otros reyes, por su envidia; los Yadus, por su relación familiar con Kṛṣṇa; vosotros, los Pāṇḍavas, por el gran afecto que sentís por Él; y nosotros, los devotos en general, por nuestro servicio devocional. VERSO 32. De un modo u otro, debemos considerar la forma de Kṛṣṇa con gran seriedad. Entonces, por medio de uno de los cinco procesos que antes mencioné, podremos regresar al hogar, de vuelta a Dios. Sin embargo, los ateos como el rey Vena no pueden pensar en la forma de Kṛṣṇa por ninguno de esos procedimientos, y no alcanzan la salvación. Por consiguiente, debemos hacer todo lo posible por pensar en Kṛṣṇa, sea como amigo o como enemigo. VERSO 33. Nārada Muni continuó: ¡Oh, tú, el mejor de los Pāṇḍavas!, tus dos primos, Śiśupāla y Dantavakra, los hijos de tu tía materna, fueron en el pasado sirvientes del Señor Viṣṇu, pero debido a la maldición de unos brāhmaṇas, cayeron de VaikuŠ˜ha al mundo material. VERSO 34. Mahārāja Yudhiṣṭhira preguntó: ¿Qué clase de maldición fue ésa, tan poderosa como para afectar incluso a unos Viṣṇu-bhaktas liberados? ¿Qué clase de persona fue capaz de maldecir a unos sirvientes personales del Señor? Es imposible que unos devotos del Señor firmemente establecidos en su posición caigan al mundo material. No lo puedo creer. VERSO 35. El cuerpo de los habitantes de VaikuŠ˜ha es completamente espiritual, y no tiene nada que ver con el cuerpo, los sentidos o el aire vital materiales. Así pues, ten la bondad de explicarme cómo es posible que unos sirvientes directos de la Suprema Personalidad de Dios fueran maldecidos y tuvieran que descender en cuerpos materiales, como personas corrientes. VERSO 36. El gran santo Nārada dijo: En cierta ocasión, los cuatro hijos del Señor Brahmā llamados Sanaka, Sanandana, Sanātana y Sanat-kumāra, en sus viajes por los tres mundos, llegaron, por casualidad, a Viṣṇuloka. VERSO 37. Esos cuatro sabios eran mayores que otros hijos de Brahmā como Mar…ci, pero por su aspecto parecían niños desnudos de cinco o seis años. Cuando Jaya y Vijaya, los porteros de VaikuŠ˜haloka, les vieron tratando de entrar, les tomaron por unos niños corrientes y se lo prohibieron. VERSO 38. Cuando los porteros, Jaya y Vijaya, les cerraron el paso, Sanandana y los otros grandes sabios, muy irritados, les maldijeron: «¡Porteros necios! —dijeron—, estáis agitados por las cualidades materiales de la pasión y la ignorancia, así que no merecéis vivir bajo el refugio de los pies de loto de Madhudviṣa, que están libres de esas modalidades. Mejor sería que os fueseis inmediatamente al mundo material para nacer en la familia de los asuras más pecaminosos». VERSO 39. Después de recibir la maldición de los sabios, y mientras caían hacia el mundo material, Jaya y Vijaya escucharon las siguientes palabras de los sabios, que se mostraron muy bondadosos con ellos: «¡Oh, porteros!, después de tres vidas podréis recuperar vuestra posición en VaikuŠ˜ha, ya que entonces habrán acabado los efectos de la maldición». VERSO 40. Esos dos sirvientes del Señor, Jaya y Vijaya, descendieron entonces al mundo material y nacieron como hijos de Diti; el mayor fue Hiraṇyakaśipu, y el más joven, Hiraṇyākṣa; eran muy respetados entre los daityas y los dānavas [especies demoníacas]. VERSO 41. La Suprema Personalidad de Dios, ®r… Hari, apareció en la forma de Nṛsiḿhadeva y mató a Hiraṇyakaśipu. Cuando Hiraṇyākṣa trató de impedir que el Señor rescatase el planeta Tierra, que había caído en el océano Garbhodaka, el Señor, en Su forma de Varāha, le mató. VERSO 42. Con el deseo de matar a su hijo Prahlāda, que era un gran devoto del Señor Viṣṇu, Hiraṇyakaśipu le torturó de muchas maneras. VERSO 43. El Señor, la Superalma de todas las entidades vivientes, es sobrio, pacífico y ecuánime con todos. El gran devoto Prahlāda estaba protegido por la potencia del Señor, de modo que Hiraṇyakaśipu no pudo matarle, a pesar de todos sus esfuerzos por acabar con él. VERSO 44. A continuación, los mismos Jaya y Vijaya, los dos porteros del Señor Viṣṇu, nacieron como RāvaŠa y KumbhakarŠa, engendrados por Viśravā en el vientre de Keśinī. Fueron causa de enormes problemas para todos los habitantes del universo. VERSO 45. Nārada Muni continuó: Mi querido rey, el Señor Rāmacandra apareció para matar a RāvaŠa y KumbhakarŠa, y de ese modo liberar a Jaya y Vijaya de la maldición de los brāhmaṇas. Las actividades del Señor Rāmacandra sería mejor que las escuchases de labios de Mārkaṇḍeya. VERSO 46. En su tercera vida, esos mismos Jaya y Vijaya aparecieron en una familia de kṣatriyas; se trata de tus primos, los hijos de tu tía. Como el Señor Kṛṣṇa les mató con Su disco, todas sus reacciones pecaminosas han quedado destruidas, y ahora están libres de la maldición. VERSO 47. Esos dos sirvientes del Señor Viṣṇu, Jaya y Vijaya, abrigaron durante mucho tiempo sentimientos de enemistad. Por pensar constantemente en Kṛṣṇa con esa actitud, obtuvieron de nuevo el refugio del Señor y regresaron al hogar, de vuelta a Dios. VERSO 48. Mahārāja Yudhiṣṭhira preguntó: ¡Oh, mi señor, Nārada Muni!, ¿por qué había tanta enemistad entre Hiraṇyakaśipu y su querido hijo Prahlāda Mahārāja? ¿Cómo llegó Prahlāda Mahārāja a ser tan gran devoto del Señor Kṛṣṇa? Por favor, explícamelo. CAPÍTULO 2. HIRAṆYAKAŚIPU, REY DE LOS DEMONIOS. VERSO 1. ®r… Nārada Muni dijo: Mi querido rey Yudhiṣṭhira, cuando el Señor Viṣṇu, en la forma de Varāha, el avatāra Jabalí, mató a Hiraṇyākṣa, su hermano Hiraṇyakaśipu, comenzó a lamentarse, cegado por la ira. VERSO 2. Mordiéndose los labios de rabia, Hiraṇyakaśipu miró al cielo. La ira de sus ojos era tan ardiente, que llenó todo el cielo de humo. Entonces comenzó a hablar. VERSO 3. Mostrando sus terribles dientes, con una mirada feroz y el entrecejo fruncido, con un aspecto espantoso, tomó su arma, el tridente, y comenzó a hablar a la asamblea de demonios. VERSOS 4 y 5. ¡Oh, dānavas y daityas! ¡Oh, Dvim™rdha, Tryakṣa, ®ambara y ®atabāhu! ¡Oh, Hayagr…va, Namuci, Pāka e Ilvala! ¡Oh, Vipracitti, Puloman, ®akuna y demás demonios! Escuchadme todos atentamente, por favor, y después, sin más demora, actuad conforme a mis palabras. VERSO 6. Mis insignificantes enemigos, los semidioses, se han unido para matar a mi muy querido y obediente amigo, mi hermano Hiraṇyākṣa. Aunque el Señor Supremo, el Señor Viṣṇu, siempre Se había mostrado ecuánime con unos y otros —semidioses y demonios—, esta vez, después de recibir la devota adoración de los semidioses, Se ha puesto de su parte y les ha ayudado a matar a Hiraṇyākṣa. VERSOS 7 y 8. La Suprema Personalidad de Dios ha abandonado Su natural tendencia a la ecuanimidad con respecto a demonios y semidioses. Aunque es la Persona Suprema, ahora, bajo la influencia de māyā, ha adoptado una forma de jabalí para complacer a Sus devotos, los semidioses, que ahora son Sus preferidos porque es como un niño caprichoso. Yo voy a cortar la cabeza del Señor Viṣṇu con mi tridente, y con los chorros de sangre de Su cuerpo satisfaré a mi hermano Hiraṇyākṣa, a quien tanto le gustaba beber sangre. Así también yo me calmaré. VERSO 9. Cuando se cortan las raíces de un árbol, éste cae, y sus ramas y hojas, de modo natural, se secan. De la misma manera, cuando yo haya matado a Viṣṇu, el conspirador, que es la vida y alma de los semidioses, éstos se marchitarán, porque habrán perdido la misma fuente de su vida. VERSO 10. Mientras yo me encargo de matar al Señor Viṣṇu, vosotros descended al planeta Tierra, que florece gracias a la cultura brahmínica y a un gobierno kṣatriya. Esa gente está ocupada en austeridades, sacrificios, estudio de los Vedas, votos regulativos y caridad. ¡Acabad con todos los que se ocupan en esas actividades! VERSO 11. El principio básico de la cultura brahmínica es satisfacer al Señor Viṣṇu, la personificación de los rituales y ceremonias de sacrificio. El Señor Viṣṇu es el manantial personificado de todos los principios religiosos, y es el refugio de todos los semidioses, de los grandes pitās y de la gente en general. Cuando hayáis matado a los brāhmaṇas, no habrá nadie que anime a los kṣatriyas a celebrar yajñas; así, los semidioses, faltos de la satisfacción que obtienen del yajña, morirán enseguida. VERSO 12. Id inmediatamente a todos los lugares donde se brinde protección a las vacas y a los brāhmaṇas y donde se estudien los Vedas conforme a los principios del varŠāśrama. Prendedles fuego a todos, y cortad por la raíz todos los árboles, que son la fuente de la vida. VERSO 13. De este modo, los demonios, aficionados a causar desastres, se tomaron sobre sus cabezas con gran respeto las instrucciones de Hiraṇyakaśipu y le ofrecieron reverencias. Siguiendo sus órdenes, realizaron actividades llenas de envidia en contra de todos los seres vivos. VERSO 14. Los demonios incendiaron las ciudades, aldeas, campos de pastoreo, establos de vacas, jardines, huertos, sembrados y bosques naturales. Quemaron las ermitas de las personas santas, las minas importantes, que producían metales preciosos, los lugares en que vivían los agricultores, las aldeas de montaña y las aldeas de los pastores dedicados a la protección de las vacas. También quemaron las capitales del gobierno. VERSO 15. Algunos de los demonios, provistos de herramientas para cavar, echaron abajo los puentes y las murallas y puertas [gopuras] que protegían las ciudades. Otros cortaron a golpes de hacha los árboles útiles, como el mango, el de la fruta jack y otros que daban también frutas alimenticias. Y otros se armaron con antorchas y prendieron fuego a las casas de los ciudadanos. VERSO 16. Agobiados por las repetidas desgracias que, de forma inusitada, les causaban los seguidores de Hiraṇyakaśipu, la gente tuvo que abandonar las actividades propias de la cultura védica. Los semidioses, al dejar de recibir los resultados de los yajñas, también sufrieron los trastornos ocasionados. Salieron de sus residencias en los planetas celestiales, y sin que los demonios les viesen, recorrieron el planeta Tierra para ver los desastres causados. VERSO 17. Tras observar las ceremonias rituales por la muerte de su hermano, Hiraṇyakaśipu, que sentía un enorme dolor, trató de calmar a sus sobrinos. VERSOS 18 y 19. ¡Oh, rey!, Hiraṇyakaśipu era un gran político, y a pesar de que estaba extremadamente iracundo, supo cómo actuar conforme a la situación y el momento. Con dulces palabras, se dispuso a tranquilizar a sus sobrinos, ®akuni, ®ambara, Dhṛṣṭi, Bh™tasantāpana, Vṛka, Kālanābha, Mahānābha, Hariśmaśru y Utkaca. Consoló también a su cuñada, Ruṣābhānu, que era la madre de todos ellos, así como a Diti, su propia madre. Sus palabras fueron las siguientes. VERSO 20. Hiraṇyakaśipu dijo: Querida madre, querida cuñada, queridos sobrinos, no debéis lamentaros por la muerte de este gran héroe, pues la muerte de un héroe ante su enemigo es gloriosa y deseable. VERSO 21. Mi querida madre, a veces muchos viajeros coinciden en un restaurante o en una fuente de agua fresca, pero después de beber, cada uno continúa rumbo a su propio destino. Del mismo modo, las entidades vivientes se reúnen formando una familia, y más tarde, como resultado de sus propias acciones, se separan para seguir cada una hacia un destino diferente. VERSO 22. El alma espiritual, la entidad viviente, nunca muere, pues es eterna e inagotable. Como está libre de la contaminación material, puede ir a cualquier lugar, tanto en los mundos materiales como en los espirituales. Goza de conciencia plena, y es completamente distinta del cuerpo material; sin embargo, por haberse desviado, abusando de su pequeña independencia, se ve obligada a recibir cuerpos densos y sutiles creados por la energía material; así queda sujeta a los supuestos materiales de la felicidad y la aflicción. Por lo tanto, nadie debe lamentarse porque un alma espiritual abandone el cuerpo. VERSO 23. Debido a los movimientos del agua, los árboles de la orilla, reflejados en el río, también parecen moverse. De manera similar, cuando los ojos se mueven debido a algún trastorno de la mente, también la tierra parece moverse. VERSO 24. Del mismo modo, ¡oh, mi dulce madre!, cuando la mente se agita con los movimientos de las modalidades de la naturaleza material, la entidad viviente, aunque está libre de las diversas fases de los cuerpos densos y sutiles, cree que ha cambiado y que ha pasado de una condición a otra. VERSOS 25 y 26. La entidad viviente que se encuentra confundida identifica el cuerpo y la mente con el ser y considera a unos hombres sus parientes, mientras otros le son extraños. Debido a ese concepto erróneo, sufre. En verdad, la acumulación de esas ideas materiales inventadas es la causa del sufrimiento y de la supuesta felicidad del mundo material. En ese estado, el alma condicionada tiene que nacer en diversas especies y actuar con diversos tipos de conciencia, creando con ello nuevos cuerpos. Esa vida material continuada recibe el nombre de saˆsāra. El nacimiento, la muerte, la lamentación, la necedad y la ansiedad se deben a esas consideraciones materiales. De ese modo, a veces llegamos a entender las cosas correctamente, y a veces caemos de nuevo en una concepción equivocada de la vida. VERSO 27. A este respecto, hay una vieja historia que puede servir de ejemplo; la historia recoge las palabras de Yamarāja ante las amistades de un difunto. Por favor, escuchadla atentamente. VERSO 28. En el estado de Uśīnara vivía un famoso rey llamado Suyajña. Cuando cayó ante sus enemigos en una batalla, sus familiares se sentaron alrededor del cadáver y comenzaron a lamentar la muerte de su amigo. VERSOS 29, 30 y 31. Con la enjoyada armadura de oro destrozada, los adornos y collares de flores por el suelo; los cabellos sueltos y despeinados, y los ojos sin brillo, el rey yacía muerto en el campo de batalla, con el cuerpo lleno de sangre y el corazón atravesado por las flechas del enemigo. En el momento de morir se había mordido los labios con el deseo de mostrar su valor, y los dientes mantenían aún ese mismo gesto. Su hermosa cara de loto estaba ahora negra, cubierta con la tierra del campo de batalla. Y con los brazos rotos y seccionados, todavía empuñaba su espada y demás armas. Cuando las esposas del rey de Uśīnara vieron a su esposo que yacía en aquella condición, comenzaron a llorar: «¡Oh, señor!, con tu muerte, nos han matado a nosotras también». Repitiendo esas palabras una y otra vez y golpeándose el pecho, cayeron a los pies del rey muerto. VERSO 32. Las reinas lloraban desconsoladas, y sus lágrimas resbalaban por sus senos y enrojecían con el polvo de ku‰kuma antes de caer a los pies de loto de su marido. Se les soltaron los cabellos, se les cayeron las alhajas, y de este modo comenzaron a lamentarse por la muerte de su esposo con una actitud que despertaba la compasión en el corazón de los allí presentes. VERSO 33. ¡Oh, señor!, la cruel providencia te ha llevado a un estado que se encuentra más allá del alcance de nuestra vista. Tú velaste por el sustento diario de los habitantes de Uśīnara, y supiste hacerles felices; pero ahora tu situación es la causa de su desdicha. VERSO 34. ¡Oh, rey!, ¡oh, héroe!, tú fuiste un esposo muy agradecido, nuestro amigo más sincero. ¿Cómo vamos a vivir sin ti? ¡Oh, héroe!, adonde sea que te estés dirigiendo, por favor, guíanos hacia allí, de manera que podamos seguir tus pasos y ocuparnos de nuevo en tu servicio. ¡Deja que vayamos contigo! VERSO 35. Había llegado el momento de la cremación del cuerpo, pero las reinas no permitían que se lo llevasen, y continuaban lamentándose por el cuerpo muerto, que sostenían en sus regazos. Para entonces, el Sol había completado su recorrido y se ocultaba por el Oeste. VERSO 36. El llanto de las reinas que se lamentaban por el cuerpo del rey se oyó incluso en la morada de Yamarāja, quien, adoptando una forma de niño, se acercó personalmente a los familiares del cuerpo muerto y les aconsejó con las siguientes palabras. VERSO 37. ®r… Yamarāja dijo: ¡Ay, qué asombroso! Estas personas, que son mayores que yo, tienen plena experiencia del nacimiento y la muerte de cientos de miles de entidades vivientes. Por lo tanto, deberían haber entendido que también ellas tienen que morir; pero, aun así, siguen confundidas. El alma condicionada viene de un lugar desconocido, y después de morir regresa a ese mismo lugar desconocido. Esta regla, que lleva a la práctica la naturaleza material, no conoce excepciones. Sabiéndolo, ¿por qué se lamentan inútilmente? VERSO 38. Es asombroso que yo comprenda el sentido de la vida mejor que estas mujeres adultas. En verdad, me siento muy afortunado, pues aunque no soy más que un niño abandonado a su suerte en el mundo material, sin la protección de unos padres, y a pesar de que soy muy débil, no he sido atacado ni devorado por animales salvajes. Por eso, creo firmemente en que la Suprema Personalidad de Dios, que me ha protegido incluso en el vientre materno, me protegerá en todas partes. VERSO 39. El niño se dirigió a las mujeres: ¡Oh, débiles mujeres!, sólo por la voluntad de la Suprema Personalidad de Dios, quien nunca se ve disminuido, se crea, se mantiene y vuelve de nuevo a aniquilarse el mundo entero. Ése es el veredicto del conocimiento védico. Esta creación material, que comprende todo lo móvil e inmóvil, es para Él como un juguete. Él, como Señor Supremo, está perfectamente capacitado para destruir y proteger. VERSO 40. A veces alguien pierde su dinero en la calle más céntrica, donde todo el mundo podría verlo, pero como está protegido por el destino, nadie lo ve, y vuelve a encontrarlo. Por otro lado, si el Señor no nos protege, perderemos incluso el dinero celosamente escondido en nuestras casas. Si el Señor Supremo nos da Su protección, estaremos a salvo incluso en medio de una selva sin contar con nadie que nos proteja, mientras que una persona bien cuidada por sus familiares en el calor del hogar, a veces muere sin que nadie pueda hacer nada por ella. VERSO 41. Toda alma condicionada recibe un tipo distinto de cuerpo conforme a sus acciones; el final de esas ocupaciones es el final del cuerpo. El alma espiritual, a pesar de encontrarse en cuerpos materiales densos y sutiles en diversas formas de vida, no queda atada por ellos, ya que se entiende que es completamente distinta del cuerpo manifestado. VERSO 42. Un casado no es idéntico a su casa, pero se identifica con ella; del mismo modo, el alma condicionada, debido a la ignorancia, se identifica con el cuerpo, aunque en realidad el cuerpo y el alma son diferentes. El cuerpo se obtiene a través de una combinación de tierra, agua y fuego; con el paso del tiempo, la tierra, el agua y el fuego se transforman, y el cuerpo se destruye. El alma no tiene nada que ver con esa creación y disolución del cuerpo. VERSO 43. Así como se percibe la diferencia entre el fuego y la leña en que arde, y así como el aire se encuentra dentro de la boca y las fosas nasales pero está separado de ellas, y del mismo modo que el cielo, que está en todas partes, nunca se mezcla con nada, la entidad viviente también está separada del cuerpo material, al que da origen. VERSO 44. Yamarāja continuó: ¡Oh, os estáis lamentando como necias! La persona llamada Suyajña, por quien lloráis, yace todavía ante vosotras y no se ha ido a ninguna parte. ¿Cuál es entonces la causa de vuestros lamentos? Antes, él os escuchaba y respondía, pero ahora, cómo no sabéis donde está, os lamentáis. Vuestra conducta es contradictoria, pues a la persona que estaba dentro del cuerpo, y que os escuchaba y respondía, nunca la habéis visto en realidad. No hay por qué lamentarse, pues el cuerpo que siempre veíais yace todavía ante vosotras. VERSO 45. Tampoco el aire vital, que es la sustancia más importante del cuerpo, es quien escucha o habla. Ni siquiera el alma, que está por encima del aire vital, puede hacer nada, ya que el verdadero director es la Superalma, que actúa en colaboración con el alma individual. La Superalma, que dirige las actividades del cuerpo, es diferente del cuerpo y de la fuerza viviente. VERSO 46. Los cinco elementos materiales, los diez sentidos y la mente se combinan para formar las distintas partes de los cuerpos densos y sutiles. La entidad viviente entra en contacto con sus cuerpos materiales, más o menos elevados, y más tarde los abandona mediante su propia potencia. Esa fuerza puede percibirse en el poder de la entidad viviente para poseer distintos tipos de cuerpos. VERSO 47. El alma espiritual, mientras está cubierta por el cuerpo sutil, compuesto por la mente, la inteligencia y el ego, se ve atada a los resultados de sus actividades fruitivas. Debido a esa cubierta, el alma espiritual permanece en contacto con la energía material, y debe sufrir la continuación, vida tras vida, de los condicionamientos y reveses materiales. VERSO 48. Es inútil contemplar las modalidades materiales de la naturaleza, o hablar de las supuestas felicidad y aflicción que se derivan de ellas, como si fuesen reales. Durante el día, cuando la mente divaga y el hombre comienza a creer que es alguien muy importante, o por la noche, mientras sueña que disfruta de una mujer hermosa, lo único que está experimentando son las ilusiones del sueño. De manera similar, debe entenderse que la felicidad y la aflicción causadas por los sentidos materiales también carecen de sentido. VERSO 49. Los que poseen conocimiento completo acerca de la autorrealización, como saben muy bien que el alma espiritual es eterna y que el cuerpo es perecedero, no se ven abrumados por la lamentación. Pero quienes ciertamente se lamentan son las personas que carecen de conocimiento acerca de la autorrealización. Por eso es difícil educar a una persona que está bajo la influencia de la ilusión. VERSO 50. Había una vez un cazador que atrapaba a las aves con una red poniéndoles como cebo un poco de comida. Vivía como si la personificación de la muerte le hubiera designado para matar a los pájaros. VERSO 51. En su recorrido por el bosque, el cazador vio una pareja de pájaros kuli‰ga. La hembra había caído en la trampa del cazador. VERSO 52 ¡Oh, reinas de Suyajña!, el kuli‰ga macho, al ver a su esposa en el mayor de los peligros, presa en las redes de la Providencia, se llenó de pesar. El pobre pájaro sentía un gran cariño por su esposa, y al verse incapaz de liberarla, comenzó a lamentarse por ella. VERSO 53. ¡Ay! ¡Qué cruel es la Providencia! Mi esposa corre un terrible peligro, sin que nadie pueda ayudarla, y se lamenta por mí. ¿Qué puede ganar la Providencia llevándose a este pobre pájaro? ¿Qué ganará con ello? VERSO 54. Si la cruel Providencia Se lleva a mi esposa, que es la mitad de mi cuerpo, ¿por qué no Se me lleva a mí también? ¿De qué me sirve vivir con sólo medio cuerpo, desconsolado por la pérdida de mi esposa? ¿Qué ganaré con ello? VERSO 55. Los desdichados pajarillos, que se han quedado sin madre, esperan en el nido que ella les lleve algo que comer. Son todavía muy pequeños; aún no les han crecido las alas. ¿Qué voy a hacer para mantenerles? VERSO 56. El pájaro kuli‰ga se lamentaba con lágrimas en los ojos por la pérdida de su esposa. Mientras tanto, impulsado por el factor tiempo, el cazador, que se encontraba perfectamente oculto a una cierta distancia, disparó su arco, matando al pájaro kuli‰ga de un flechazo. VERSO 57. Yamarāja, disfrazado de niño pequeño, dijo entonces a las reinas: Sois tan necias que os lamentáis pero no veis vuestra propia muerte. Por vuestro escaso conocimiento, ignoráis que no volveréis a ver vivo a vuestro esposo ni aunque os lamentéis durante cientos de años; y, mientras tanto, vuestras vidas se terminarán. VERSO 58. Hiraṇyakaśipu dijo: Las filosóficas palabras de Yamarāja, que, en forma de niño pequeño, instruía a los familiares de Suyajña, reunidos en torno a su cadáver, llenaron de asombro a todos. Así pudieron entender que todo lo material es temporal, y que su existencia no puede continuar. VERSO 59. Después de instruir a los necios familiares de Suyajña, Yamarāja, en forma de niño, desapareció de su vista. Entonces, los familiares del rey celebraron las ceremonias funerarias rituales. VERSO 60. Por lo tanto, ninguno de vosotros debe afligirse por la pérdida del cuerpo, ya sea el vuestro o los de otros. Sólo bajo el influjo de la ignorancia se hacen distinciones basadas en el cuerpo, pensando: «¿Quién soy yo?, ¿quiénes son los otros? ¿Qué es mío?, ¿qué es de otros?». VERSO 61. ®r… Nārada Muni continuó: Diti, la madre de Hiraṇyakaśipu e Hiraṇyākṣa, escuchó los consejos de Hiraṇyakaśipu en compañía de su nuera, Ruṣābhānu, la esposa de Hiraṇyākṣa. Entonces olvidó el dolor que le producía la muerte de su hijo y concentró la atención de su mente en comprender la verdadera filosofía de la vida. CAPÍTULO 3. HIRAṆYAKAŚIPU TRATA DE ALCANZAR LA INMORTALIDAD. VERSO 1. Nārada Muni dijo a Mahārāja Yudhiṣṭhira: El demoníaco rey Hiraṇyakaśipu quería ser invencible y estar libre de la vejez y el decaimiento físico. Quería obtener todas las perfecciones yóguicas, como aŠimā y laghimā, ser inmortal y el único rey de todo el universo, incluyendo Brahmaloka. VERSO 2. En el valle de la montaña Mandara, Hiraṇyakaśipu comenzó su práctica de austeridades, sosteniéndose sobre el suelo con las puntas de los pies, con los brazos hacia arriba y mirando al cielo. Era una posición extremadamente difícil, pero la adoptó como medio para alcanzar la perfección. VERSO 3. De los cabellos de Hiraṇyakaśipu emanaba una luz resplandeciente, tan brillante y cegadora como los rayos del Sol en el momento de la disolución. Al verle ocupado en la práctica de esas austeras penitencias, los semidioses, que habían estado viajando por los planetas, regresaron a sus respectivos hogares. VERSO 4. Debido a las rigurosas austeridades, la cabeza de Hiraṇyakaśipu despedía fuego; ese fuego y su humo se extendieron por el cielo, envolviendo los planetas superiores e inferiores en un calor insoportable. VERSO 5. Debido a la fuerza de sus rigurosas austeridades, todos los ríos y mares se agitaron; la superficie del globo, con sus islas y montañas, comenzó a temblar, y las estrellas y planetas caían. Todas las direcciones eran consumidas por el fuego. VERSO 6. Abrasados por el fuego y enormemente perturbados debido a las rigurosas penitencias de Hiraṇyakaśipu, los semidioses abandonaron los planetas en que residían y fueron al planeta del Señor Brahmā; allí, informaron al creador: ¡Oh, señor de los semidioses!, ¡oh, amo del universo!, el fuego que emana de la cabeza de Hiraṇyakaśipu como resultado de sus rigurosas austeridades nos ha causado tantos trastornos que hemos venido a verte, pues no podíamos seguir en nuestros planetas. VERSO 7. ¡Oh, gran personalidad, señor del universo!, si lo consideras conveniente, por favor, acaba con esas perturbaciones destinadas a destruirlo todo, antes de que tus obedientes súbditos sean aniquilados. VERSO 8. Hiraṇyakaśipu se ha sometido a un tipo de austeridad terriblemente penosa. Tú ya conoces su plan, pero escucha, por favor, mientras te exponemos sus intenciones. VERSOS 9 y 10. «La persona suprema del universo, el Señor Brahmā, ha obtenido su gloriosa posición por medio de rigurosas austeridades, poder místico y trance. Debido a ello, después de la creación se ha convertido en el semidiós más adorado del universo. Como yo soy eterno y el tiempo también es eterno, voy a esforzarme en austeridades, poder místico y trance durante muchísimas vidas, y de ese modo, el puesto que ahora ocupa el Señor Brahmā será mío. VERSO 11. «Con mis rigurosas austeridades, haré que se inviertan los resultados de las actividades piadosas e impías. Voy a echar abajo todo el orden establecido en el mundo. Incluso Dhruvaloka quedará destruido al final del milenio. ¿De qué sirve entonces, elevarse hasta él? Prefiero permanecer en la posición de Brahmā». VERSO 12. ¡Oh, señor!, hemos oído de fuentes dignas de confianza que Hiraṇyakaśipu está ahora ocupado en rigurosas austeridades con el objetivo de obtener tu puesto. Tú eres el amo de los tres mundos. Por favor, no esperes más para tomar las medidas que juzgues apropiadas. VERSO 13. ¡Oh, Señor Brahmā!, tu posición en este universo es sin duda alguna sumamente auspiciosa para todos, y en especial para las vacas y los brāhmaṇas. Cuanto más se glorifiquen la cultura brahmínica y la protección de las vacas, más aumentarán, de modo natural, la felicidad material, la opulencia y la buena fortuna en todas sus formas. Pero, por desgracia, si Hiraṇyakaśipu ocupa tu trono, todo se perderá. VERSO 14. ¡Oh, rey!, después de ser informado por los semidioses, el muy poderoso Señor Brahmā, acompañado por Bhṛgu, Dakṣa y otros grandes sabios, partió inmediatamente hacia el lugar en que Hiraṇyakaśipu estaba realizando sus penitencias y austeridades. VERSOS 15 y 16. El Señor Brahmā, que viaja en un avión en forma de cisne, al principio no podía ver dónde estaba Hiraṇyakaśipu, ya que éste tenía el cuerpo cubierto por un hormiguero, hierba y cañas de bambú. Hiraṇyakaśipu llevaba tanto tiempo en aquel lugar que las hormigas le habían devorado la piel, la grasa, la carne y la sangre. Cuando pudieron reconocerle, el Señor Brahmā y los semidioses vieron que parecía el Sol cubierto por nubes aumentando la temperatura del mundo con su austeridad. Completamente atónito, el Señor Brahmā sonrió y se dirigió a él con las siguientes palabras. VERSO 17. El Señor Brahmā dijo: ¡Oh, hijo de Kaśyapa Muni!, ¡levántate, por favor, levántate!. Te deseo la mejor fortuna. Ahora has alcanzado la perfección en tu práctica de austeridades, y por eso puedo ofrecerte una bendición. Puedes pedirme lo que desees. Yo trataré de satisfacer tu deseo. VERSO 18. Estoy muy asombrado de ver tu enorme resistencia. Aunque has sido mordido y comido por toda clase de gusanos y hormigas, todavía conservas el aire vital circulando dentro de los huesos. Es verdaderamente maravilloso. VERSO 19. Ni siquiera personas santas como Bhṛgu, que nacieron antes que tú, han podido llevar a cabo unas austeridades tan severas; tampoco en el futuro habrá nadie que pueda repetirlas. ¿Quién hay, dentro de los tres mundos, que pueda mantenerse vivo durante cien años celestiales sin siquiera beber agua? VERSO 20. Mi querido hijo de Diti, con tu gran determinación y tu gran austeridad, has hecho lo que les resultó imposible incluso a las grandes personas santas; de ese modo, ciertamente me has conquistado. VERSO 21. ¡Oh, tú, el mejor de los asuras!, por esa razón, ahora estoy dispuesto a darte todas las bendiciones que desees. Yo pertenezco al mundo de los semidioses celestiales, que no mueren como los seres humanos. Por ello, y aunque tú estás destinado a morir, tu audiencia conmigo no será en vano. VERSO 22. ®r… Nārada Muni continuó: Tras dirigirle esas palabras, el Señor Brahmā, el ser original del universo, cuyo poder es inmenso, salpicó el cuerpo de Hiraṇyakaśipu, completamente devorado por las hormigas e insectos, con el agua espiritual, trascendental e infalible, de su kamaṇḍalu. De ese modo reanimó a Hiraṇyakaśipu. VERSO 23. En cuanto fue salpicado con el agua del cántaro del Señor Brahmā, Hiraṇyakaśipu se levantó con un cuerpo completo, cuyos miembros eran tan fuertes que podían resistir el golpe de un rayo. Con gran fuerza física y un lustre corporal semejante al oro fundido, salió del hormiguero convertido en un hombre en plena juventud, igual que un fuego que sale de la leña. VERSO 24. Al ver al Señor Brahmā en el cielo ante él, sobre su avión en forma de cisne, Hiraṇyakaśipu se sintió sumamente complacido. Inmediatamente ofreció reverencias postrándose en el suelo y comenzó a expresar su gratitud a Brahmā. VERSO 25. Entonces, cuando se levantó del suelo y vio al Señor Brahmā ante él, el jefe de los daityas no cabía en sí de júbilo. Con lágrimas en los ojos y todo el cuerpo temblando, se dispuso a orar en actitud humilde, con las manos juntas y la voz entrecortada, para satisfacer al Señor Brahmā. VERSOS 26 y 27. Ofrezco respetuosas reverencias al señor supremo del universo. Al final de cada día de su vida, por la influencia del tiempo, el universo queda completamente cubierto de una densa oscuridad; al siguiente día, ese refulgente señor, con su propio esplendor, vuelve de nuevo a manifestar, mantener y destruir toda la manifestación cósmica por medio de la energía material, que se sirve de las tres modalidades de la naturaleza material. Él, el Señor Brahmā, es el refugio de esas modalidades de la naturaleza (sattva-guŠa, rajo-guŠa y tamo-guŠa). VERSO 28. Ofrezco reverencias a la personalidad original de este universo, el Señor Brahmā, que posee conocimiento y puede aplicar su mente y su experimentada inteligencia en crear la manifestación cósmica. Él, con sus actividades, hace visible todo lo que existe en el universo. Él es, por lo tanto, la causa de todas las manifestaciones. VERSO 29. Tu Señoría, como origen de la vida de este mundo material, eres el amo y controlador de todas las entidades vivientes, tanto móviles como estáticas, y eres quien inspira en ellas la conciencia. Tú mantienes la mente y los sentidos de acción y de adquisición de conocimiento; por lo tanto, eres el gran controlador de todos los elementos materiales y de sus cualidades, y el controlador de todos los deseos. VERSO 30. Mi querido señor, tú, en tu forma de los Vedas personificados, y por medio del conocimiento que se refiere a las actividades de todos los brāhmaṇas dedicados a la celebración de yajña, difundes las ceremonias rituales védicas que comprenden los siete tipos de sacrificios encabezados por el agniṣṭoma. En verdad, tú inspiras a esos brāhmaṇas a celebrar los rituales que se mencionan en los tres Vedas. Tú eres el Alma Suprema, la Superalma de todas las entidades vivientes, y por lo tanto no tienes ni principio ni fin, eres omnisciente y estás más allá de los límites del tiempo y el espacio. VERSO 31. ¡Oh, mi señor!, Tu Señoría está eternamente despierto, viendo todo lo que ocurre. En tu forma de tiempo eterno, y con tus distintas partes —momentos, segundos, minutos y horas—, tú reduces la duración de la vida de todas las entidades vivientes. Aun así, eres inmutable y permaneces en un sólo lugar; eres la Superalma, testigo y Señor Supremo, el controlador omnipresente e innaciente, causa de la vida de todas las entidades vivientes. VERSO 32. Sea mejor o peor, móvil o inmóvil, nada hay que esté separado de ti. El conocimiento que se deriva de Escrituras védicas como los Upaniṣads, y de todas las ramas secundarias del conocimiento védico original, forma tu cuerpo externo. Eres HiraŠyagarbha, el receptáculo del universo; pero, a pesar de tu posición de controlador supremo, eres trascendental al mundo material, que está hecho de las tres modalidades de la naturaleza material. VERSO 33. ¡Oh, mi señor!, tú, que te encuentras en estado inmutable en tu propia morada, expandes tu forma universal dentro de la manifestación cósmica, y de ese modo pareces disfrutar del mundo material. Tú eres Brahman, la Superalma, el más antiguo, la Personalidad de Dios. VERSO 34. Ofrezco respetuosas reverencias al Supremo, que en Su forma ilimitada y no manifiesta ha hecho aparecer la manifestación cósmica, la forma de la totalidad del universo. Él posee las energías externa e interna, y la energía mixta denominada potencia marginal, que está constituida por todas las entidades vivientes. VERSO 35. ¡Oh, mi señor!, ¡oh, tú, el mejor de quienes otorgan bendiciones!, si tienes la bondad de concederme la bendición que deseo, te pido que ninguna de las entidades vivientes que tú has creado pueda matarme. VERSO 36. Concédeme que no muera ni dentro ni fuera de ninguna casa, ni de día ni de noche, ni en el suelo ni en el cielo. Concédeme que ningún ser que tú no hayas creado pueda matarme; que ningún arma, ningún ser humano y ningún animal me cause la muerte. VERSOS 37 y 38. Concédeme que no me mate ningún ser viviente ni no viviente. Concédeme además, que no me mate ningún semidiós, ningún demonio, ni ninguna gran serpiente de los planetas inferiores. Tú no tienes rival, porque nadie puede matarte en el campo de batalla. Por eso, concédeme la bendición de que tampoco yo tenga rival. Dame el dominio exclusivo sobre todas las entidades vivientes y deidades regentes, y dame toda la gloria propia de esa posición. Dame, además, todos los poderes místicos que se obtienen por realizar largas austeridades y practicar yoga, ya que no pueden perderse en ningún momento. CAPÍTULO 4. HIRAṆYAKAŚIPU ATERRORIZA AL UNIVERSO. VERSO 1 Nārada Muni continuó: El Señor Brahmā estaba muy satisfecho con las difíciles austeridades a que Hiraṇyakaśipu se había sometido. Por eso no dudó en concederle las bendiciones que había solicitado, y que muy pocas veces pueden lograrse. VERSO 2. El Señor Brahmā dijo: ¡Oh, Hiraṇyakaśipu!, a la mayoría de los hombres les es muy difícil alcanzar esas bendiciones que has pedido. Por lo general, nunca se ofrecen a nadie; pero, a pesar de todo, ¡oh, hijo mío!, voy a concedértelas. VERSO 3. El Señor Brahmā, cuyas bendiciones son infalibles, partió entonces, mientras recibía la adoración del más grande de los demonios, Hiraṇyakaśipu, y las alabanzas de los grandes sabios y personas santas. VERSO 4. El demonio Hiraṇyakaśipu, después de recibir las bendiciones del Señor Brahmā y haber adquirido un brillante cuerpo dorado, continuaba recordando la muerte de su hermano, y debido a ello, seguía albergando sentimientos hostiles contra el Señor Viṣṇu. VERSOS 5, 6 y 7. Hiraṇyakaśipu conquistó todo el universo. En verdad, aquel gran demonio conquistó todos los planetas de los tres mundos, superior, medio e inferior. Conquistó a los seres humanos, a los gandharvas y garuḍas, a las grandes serpientes, a los siddhas, cāraŠas y vidyādharas, a los grandes santos, a Yamarāja, a los manus, a los yakṣas, a los rākṣasas, a las piśācas y sus amos, y a los amos de los fantasmas y bh™tas. Derrotó a todos los gobernantes de los demás planetas habitados por entidades vivientes y los sometió a su dominio. Con la conquista de las moradas de todos ellos, usurpó también su poder y su influencia. VERSO 8. Hiraṇyakaśipu, que gozaba de plena opulencia, trasladó su residencia al cielo, donde se encuentra el famoso jardín Nandana, en el que disfrutan los semidioses. De hecho, fijó su residencia en el opulentísimo palacio de Indra, el rey del cielo. Ese palacio lo había construido personalmente Viśvakarmā, el semidiós arquitecto, y era tan hermoso que se diría que en él vivía la diosa de la fortuna del universo entero. VERSOS 9. 10, 11 y 12. En el palacio del Señor Indra, las escaleras estaban hechas de coral, y el suelo, adornado con esmeraldas de incalculable valor; las paredes eran de cristal, y las columnas, de piedra vaid™rya. Había doseles maravillosos, decorados con un gusto exquisito; los asientos estaban tachonados de rubíes, y las sedas de las camas, tan blancas como la espuma, llevaban bordados de perlas. Las damas del palacio, bendecidas con dientes hermosos y con los rostros más bellos y maravillosos, se paseaban por el palacio acompañadas del melodioso tintineo de sus campanitas tobilleras, y se paraban a contemplar su propia belleza reflejada en las gemas. Los oprimidos semidioses, sin embargo, tenían que postrarse y ofrecer reverencias a los pies de Hiraṇyakaśipu, quien les reprendía con gran severidad sin el menor motivo. De este modo, Hiraṇyakaśipu vivía en el palacio y gobernaba a todos con gran rigor. VERSO 13. ¡Oh, mi querido rey!, Hiraṇyakaśipu estaba siempre borracho de licores y vinos de olor fuerte; sus ojos cobrizos, bajo los efectos de la embriaguez, estaban siempre dando vueltas. Sin embargo, había realizado con gran poder las grandes austeridades del yoga místico, y por ello, a pesar de que era abominable, todos, con excepción de los tres semidioses principales —el Señor Brahmā, el Señor ®iva y el Señor Viṣṇu—, le adoraban personalmente y le ofrecían toda clase de obsequios en sus propias manos a fin de complacerle. VERSO 14. ¡Oh, Mahārāja Yudhiṣṭhira, descendiente de Pāṇḍu!, desde el trono del rey Indra, Hiraṇyakaśipu dominó con su poder personal a los habitantes de todos los demás planetas. Los dos gandharvas Viśvāvasu y Tumburu, yo mismo y los vidyādharas, las apsarās y los sabios, le ofrecíamos oraciones una y otra vez para glorificarle. VERSO 15. Hiraṇyakaśipu era adorado con sacrificios y grandes regalos que le ofrecían los seguidores estrictos de los principios de varŠa y āśrama; pero él, en lugar de ofrecer parte de las oblaciones a los semidioses, se quedaba con todo. VERSO 16. Como por temor de Hiraṇyakaśipu, el planeta Tierra, que está formado por siete islas, daba granos alimenticios sin ser arado. Era como las vacas surabhis del mundo espiritual o las kāma-dughā del reino celestial. La Tierra proporcionaba cereales más que suficientes, las vacas daban leche en abundancia, y el espacio exterior se adornaba con fenómenos de maravillosa belleza. VERSO 17. Con el fluir de sus olas, los océanos del universo y los ríos que desembocan en ellos —que son como sus esposas— daban a Hiraṇyakaśipu diversos tipos de gemas y piedras preciosas. Esos océanos son: el océano de agua salada, el océano de jugo de caña, el océano de vino, el de mantequilla clarificada, el de leche, el de yogur y el océano de agua dulce. VERSO 18. Los valles que separan las montañas eran los parques de recreo de Hiraṇyakaśipu; por su influencia, todos los árboles y plantas producían frutas y flores abundantes en todas las estaciones. Hiraṇyakaśipu dirigía personalmente las funciones de verter agua, secar y quemar, prescindiendo de los tres semidioses encargados de esas funciones en el universo, Indra, Vāyu y Agni. VERSO 19. A pesar de haber obtenido el poder de dominar en todas direcciones, y a pesar de disfrutar hasta el límite de los más deseables placeres de los sentidos, Hiraṇyakaśipu estaba insatisfecho, porque en lugar de controlar sus sentidos, seguía siendo su sirviente. VERSO 20. De ese modo, Hiraṇyakaśipu pasó mucho tiempo muy orgulloso de sus opulencias y violando las leyes y regulaciones que se mencionan en los śāstras autoritativos. De este modo fue víctima de una maldición de los cuatro Kumāras, que eran grandes brāhmaṇas. VERSO 21. Con sus severos castigos, Hiraṇyakaśipu llevó a todos los habitantes del universo a una situación de extremado sufrimiento, de la que ni siquiera estaban libres los gobernantes de los distintos planetas. Perturbados y llenos de miedo, sin poder hallar ningún otro refugio, finalmente se entregaron a la Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu. VERSOS 22 y 23. Ofrezcamos respetuosas reverencias en dirección a donde Se encuentra la Suprema Personalidad de Dios; allí es donde van las almas purificadas que están en la orden de vida de renuncia, las grandes personas santas, y de allí, una vez que han ido, nunca regresan». Sin dormir, controlando sus mentes por completo, y viviendo únicamente de su aliento, las deidades regentes de los planetas comenzaron a adorar a Hṛṣīkeśa meditando de ese modo. VERSO 24. Entonces apareció ante ellos una vibración sonora trascendental, que procedía de una persona invisible para los ojos materiales. La voz era tan grave como el sonido de las nubes; era también muy alentadora, pues alejaba todo sentimiento de temor. VERSOS 25 y 26. La voz del Señor emitió la siguiente vibración: ¡Oh, vosotros, los mejores entre las personas sabias!, ¡no temáis! Os deseo toda buena fortuna. Volveos Mis devotos, escuchando y cantando acerca de Mí y ofreciéndome oraciones, pues el propósito de esas actividades es bendecir a todas las entidades vivientes. Conozco bien las actividades de Hiraṇyakaśipu; podéis tener la seguridad de que su fin está muy cercano. Por favor, tened paciencia y esperad hasta que llegue su momento. VERSO 27. Cuando alguien siente envidia de los semidioses, que representan a la Suprema Personalidad de Dios, o de los Vedas, que dan conocimiento completo, o de las vacas, brāhmaṇas, vaiṣṇavas y principios religiosos, o, en última instancia, de Mí, que soy la Suprema Personalidad de Dios, no pasará mucho tiempo antes de que él y su civilización sean destruidos. VERSO 28. Cuando Hiraṇyakaśipu moleste al gran devoto Prahlāda, su propio hijo, que es sobrio y pacífico y no tiene enemigos, Yo, a pesar de las bendiciones de Brahmā, le mataré sin esperar un instante. VERSO 29. El gran santo Nārada Muni continuó: Cuando la Suprema Personalidad de Dios, el maestro espiritual de todos los seres, hubo tranquilizado de este modo a todos los semidioses que viven en los planetas celestiales, éstos Le ofrecieron respetuosas reverencias y regresaron a sus respectivas moradas, con la confianza de que el demonio Hiraṇyakaśipu estaba ya prácticamente muerto. VERSO 30. Hiraṇyakaśipu tenía cuatro hijos maravillosos, poseedores de grandes cualidades; de entre ellos sobresalía Prahlāda. En verdad, Prahlāda poseía todas las cualidades trascendentales, pues era un devoto puro de la Personalidad de Dios. VERSOS 31 y 32. [En este verso se describen las cualidades de Mahārāja Prahlāda, el hijo de Hiraṇyakaśipu]. Gozaba de la amplia cultura de un brāhmaŠa cualificado, tenía muy buen carácter, y estaba decidido a comprender la Verdad Absoluta. Su dominio de la mente y los sentidos era perfecto. Como la Superalma, era bondadoso con todas las entidades vivientes y el mejor amigo de todos. Con las personas dignas de respeto, se comportaba como un humilde sirviente; para los pobres, era como un padre; a sus iguales, les mostraba el afecto de un hermano comprensivo; sus profesores, maestros espirituales y hermanos espirituales mayores eran para él como la Suprema Personalidad de Dios. A pesar de su buena educación, riquezas, belleza, aristocracia, etc., estaba completamente libre del orgullo falso. VERSO 33. Prahlāda Mahārāja, a pesar de haber nacido en una familia de asuras, no era un asura, sino un gran devoto del Señor Viṣṇu. A diferencia de los demás asuras, nunca envidiaba a los vaiṣṇavas. No se agitaba cuando estaba en peligro, y no tenía ningún interés directo ni indirecto en las actividades fruitivas que se explican en los Vedas. En verdad, como consideraba inútil todo lo material, estaba completamente libre de deseos materiales. Siempre tenía los sentidos y el aire vital bajo control; dotado de una inteligencia y una determinación firmes, había subyugado todos los deseos de disfrute. VERSO 34. ¡Oh, rey!, aún hoy los santos eruditos y los vaiṣṇavas continúan glorificando las buenas cualidades de Prahlāda Mahārāja. En la Suprema Personalidad de Dios siempre pueden encontrarse todas las buenas cualidades; todas ellas están también, eternamente, en Su devoto Prahlāda Mahārāja. VERSO 35. En toda asamblea en que se hable acerca de santos y devotos, ¡oh, rey Yudhiṣṭhira!, incluso los enemigos de los demonios, es decir, los semidioses, y tú con mucha más razón, citáis a Prahlāda Mahārāja como ejemplo de gran devoto. VERSO 36. ¿Quién podría enumerar las incontables cualidades trascendentales de Prahlāda Mahārāja? Su fe en Vāsudeva, el Señor Kṛṣṇa [el hijo de Vasudeva], era inquebrantable; su devoción por Él estaba completamente libre de otras intenciones. Debido al servicio devocional que había realizado anteriormente, sentía un apego natural por el Señor Kṛṣṇa. Sus buenas cualidades, aunque no se pueden enumerar, son la prueba de que era una gran alma [mahātmā]. VERSO 37. Prahlāda Mahārāja no mostró interés por los juegos infantiles ni en su más tierna infancia. De hecho, los rechazó por completo y permanecía silencioso y ajeno, pues estaba absorto por entero en el estado de conciencia de Kṛṣṇa. En su mente siempre estaba el influjo consciente de Kṛṣṇa, de modo que no alcanzaba a entender cómo podía seguir adelante el mundo, inmerso en actividades de complacencia de los sentidos. VERSO 38. Prahlāda Mahārāja siempre estaba absorto en pensar en Kṛṣṇa; estaba siempre entre los brazos del Señor, de manera que sus necesidades físicas, como sentarse, caminar, comer, acostarse, beber y hablar, se realizaban por sí solas, sin que él fuera consciente de cómo. VERSO 39. Debido a su avance en conciencia de Kṛṣṇa, a veces lloraba, a veces reía, a veces daba muestras de júbilo, y a veces cantaba en voz alta. VERSO 40. A veces, al ver a la Suprema Personalidad de Dios, Prahlāda Mahārāja, lleno de ansiedad, Le llamaba a grandes voces. A veces, lleno de júbilo, perdía toda su timidez y se ponía a bailar en éxtasis, y a veces, completamente absorto en pensar en Kṛṣṇa, se sentía uno con el Señor e imitaba Sus pasatiempos. VERSO 41. A veces, al sentir el tacto de las manos de loto del Señor, Prahlāda se llenaba de júbilo espiritual y guardaba silencio, con los cabellos erizados, mientras de sus ojos semicerrados fluían lágrimas de amor por el Señor. VERSO 42. Gracias a su relación con devotos puros y perfectos que no tenían el menor contacto con nada material, Prahlāda Mahārāja se dedicó constantemente a servir los pies de loto del Señor. Al ver su aspecto físico cuando estaba absorto en perfecto éxtasis, las personas más pobres en comprensión espiritual se purificaban. En otras palabras, Prahlāda Mahārāja les confería bienaventuranza trascendental. VERSO 43. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, el demonio Hiraṇyakaśipu torturó a este devoto excelso y afortunado, Prahlāda, a pesar de que era su propio hijo. VERSO 44. Mahārāja Yudhiṣṭhira dijo: ¡Oh, joya de santidad entre los semidioses!, ¡oh, tú, el mejor de los líderes espirituales!, ¿cómo pudo Hiraṇyakaśipu molestar de ese modo a Prahlāda Mahārāja, el santo puro y excelso, a pesar de que era su propio hijo? Deseo que me lo expliques. VERSO 45. Los padres siempre sienten cariño por sus hijos. Cuando éstos son desobedientes, les riñen, pero no porque sean enemigos suyos, sino para instruirles, por el bien del niño. ¿Cómo pudo Hiraṇyakaśipu, el padre de Prahlāda Mahārāja, castigar a un hijo tan noble? Eso es lo que estoy ansioso por saber. VERSO 46. Mahārāja Yudhiṣṭhira siguió preguntando: ¿Cómo es posible que un padre haya sido tan violento con un hijo excelso, que era obediente, tenía buen comportamiento y era respetuoso hacia él? ¡Oh, brāhmaŠa!, ¡oh, maestro!, jamás he escuchado nada tan contradictorio: que un padre cariñoso castigue a su noble hijo con intención de matarle. Por favor, disipa mis dudas con respecto a esto. CAPÍTULO 5. PRAHLšDA MAHšRšJA, EL SANTO HIJO DE HIRAṆYAKAŚIPU. VERSO 1. El gran santo Nārada Muni dijo: Los demonios, bajo la guía de Hiraṇyakaśipu, aceptaron a ®ukrācārya como sacerdote para sus ceremonias rituales. Ṣaṇḍa y Amarka, los dos hijos de ®ukrācārya, vivían cerca del palacio de Hiraṇyakaśipu. VERSO 2. Prahlāda Mahārāja ya había sido educado en la vida devocional, pero, cuando su padre le envió a recibir educación de los dos hijos de ®ukrācārya, éstos le aceptaron en su escuela con los demás hijos de los asuras. VERSO 3. Ciertamente, Prahlāda escuchó y repitió los temas de política y economía que sus maestros le enseñaron, pero comprendía que la filosofía política implicaba considerar amigos a unos y enemigos a otros, y a él eso no le gustaba. VERSO 4. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, cierto día el rey de los demonios, Hiraṇyakaśipu, sentó a su hijo Prahlāda en su regazo, y con mucho cariño le preguntó: Mi querido hijo, por favor, de todo lo que has estudiado con tus maestros, ¿qué te pareció lo más importante? VERSO 5. Prahlāda Mahārāja contestó: ¡Oh, rey de los demonios, el mejor de los asuras!, según he podido aprender de mi maestro espiritual, toda persona que haya aceptado un cuerpo material y una vida familiar temporal está, sin duda alguna, agobiada por la ansiedad, pues ha caído en un pozo oculto en el que no hay agua, sino sólo sufrimiento. Es necesario abandonar esa posición e ir al bosque [vana]. Seré más claro: hay que ir a Vṛndāvana, donde exclusivamente predomina el cultivo de conciencia de Kṛṣṇa, y, allí, refugiarse en la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 6. Nārada Muni continuó: Cuando Prahlāda Mahārāja habló de la senda de la autorrealización por medio del servicio devocional, mostrando que estaba de parte de los enemigos de su padre, éste, Hiraṇyakaśipu, el rey de los demonios, escuchó sus palabras y dijo riendo: «Así arruinan la inteligencia de los niños las palabras del enemigo». VERSO 7. Hiraṇyakaśipu indicó a sus asistentes: Mis queridos demonios, brindad plena protección a este niño en el guru-kula en que estudia, de manera que, ningún vaiṣṇava pueda ir allí disfrazado e influenciar la inteligencia del muchacho más de lo que ya está. VERSO 8. Cuando los sirvientes de Hiraṇyakaśipu llevaron al pequeño Prahlāda de vuelta al guru-kula [el lugar en que los brāhmaṇas educan a los niños], Ṣaṇḍa y Amarka, los sacerdotes de los demonios, le tranquilizaron. Con voz dulce y palabras cariñosas, le hicieron las siguientes preguntas. VERSO 9. Querido hijo Prahlāda, te deseamos paz y buena fortuna. No nos mientas, por favor; dinos solamente la verdad. Estos niños que ves no son como tú; ellos no van explicando ideas desencaminadas. ¿Cómo has aprendido esas enseñanzas? ¿Cómo se ha arruinado de ese modo tu inteligencia? VERSO 10. ¡Oh, tú, el mejor de tu familia!, ¿Cómo se ha contaminado tu inteligencia?; ¿se debe a ti mismo o han sido los enemigos? Somos tus maestros y estamos muy deseosos de saberlo. Por favor, dinos la verdad. VERSO 11. Prahlāda Mahārāja contestó: Ofrezco respetuosas reverencias a la Suprema Personalidad de Dios, cuya energía externa, confundiendo la inteligencia de los hombres, ha creado las distinciones entre «mi amigo» y «mi enemigo». En verdad, es ahora cuando puedo comprobarlo, aunque antes ya lo había oído de fuentes autorizadas. VERSO 12. Cuando la Suprema Personalidad de Dios está complacido con el servicio devocional de la entidad viviente, ésta se convierte en un paṇḍita y no hace distinciones entre enemigos, amigos y su propia persona. Es inteligente, y piensa: «Cada uno de nosotros es un sirviente eterno de Dios; por lo tanto, no somos distintos los unos de los otros». VERSO 13. Las personas que siempre están haciendo diferencias entre «enemigos» y «amigos», son incapaces de reconocer a la Superalma que está en su corazón. Pero, aparte de ellas, incluso personalidades excelsas de la talla del Señor Brahmā, que están plenamente versadas en las Escrituras védicas, a veces se confunden con respecto a los principios del servicio devocional. Ciertamente, la misma Suprema Personalidad de Dios que ha creado esta situación, me ha dado a mí también la inteligencia para ponerme de parte de vuestro supuesto enemigo. VERSO 14. ¡Oh, brāhmaṇas [maestros]!, del mismo modo que un hierro atraído por un imán se mueve por sí solo hacia el imán, mi conciencia, que ha cambiado por Su voluntad, es atraída por el Señor Viṣṇu, que lleva un disco en la mano. De manera que no tengo independencia. VERSO 15. El gran santo Nārada Muni continuó: La gran alma Prahlāda Mahārāja, tras decir estas palabras a Ṣaṇḍa y Amarka, los hijos seminales de ®ukrācārya, que eran sus maestros, guardó silencio. Aquellos supuestos brāhmaṇas estaban muy enfadados con él; eran sirvientes de Hiraṇyakaśipu, y se sentían muy dolidos. Entonces, para reñir a Prahlāda Mahārāja, dijeron lo siguiente. VERSO 16. ¡Oh, por favor, traedme una vara! Este Prahlāda está arruinando nuestro buen nombre y nuestra reputación. Debido a su mala inteligencia, es la escoria de la dinastía de los demonios. Ahora necesita que se le aplique el último de los cuatro métodos de la diplomacia política. VERSO 17. Este canalla de Prahlāda ha aparecido como un espino en un bosque de sándalos. Para cortar el sándalo se necesita un hacha, y la madera de espino es muy buena para hacer el mango de esa hacha. Para talar el bosque de sándalo de la familia de los demonios, el hacha es el Señor Viṣṇu, y este Prahlāda es el mango del hacha. VERSO 18. Ṣaṇḍa y Amarka, los maestros de Prahlāda Mahārāja, lanzaron a su discípulo una serie de reprimendas y amenazas, para después instruirle en las sendas de la religión, el crecimiento económico y la complacencia de los sentidos. Ésa fue la educación que le dieron. VERSO 19. Pasado algún tiempo, los maestros Ṣaṇḍa y Amarka pensaron que la formación diplomática de Prahlāda Mahārāja en cuanto a pacificar a los líderes políticos, ganárselos con cargos bien remunerados, gobernarles tras fomentar disensiones y castigarles en caso de desobediencia, era suficiente. Así, un día, después de que su madre le bañase y le vistiese con sus mejores ropas y adornos, le llevaron ante su padre, Hiraṇyakaśipu. VERSO 20. Hiraṇyakaśipu, al ver que su hijo se postraba a sus pies y le ofrecía reverencias, comenzó a derramar bendiciones sobre el niño y, con cariño paternal, le estrechó entre sus brazos. Es natural que un padre se sienta feliz de abrazar a su hijo, e Hiraṇyakaśipu también sintió entonces una gran alegría. VERSO 21. Nārada Muni continuó: Mi querido rey Yudhiṣṭhira, Hiraṇyakaśipu sentó a Prahlāda Mahārāja en su regazo y comenzó a oler la cabeza del niño; de sus ojos brotaban lágrimas de cariño que humedecían la sonriente cara de su hijo mientras le decía las siguientes palabras. VERSO 22. Hiraṇyakaśipu dijo: Mi querido Prahlāda, ¡oh, tú que gozas de larga vida!, en todo este tiempo has aprendido muchas cosas de tus maestros. Ahora, por favor, repíteme lo que te haya parecido mejor de todo lo que te han enseñado. VERSOS 23 y 24. Prahlāda Mahārāja dijo: Hay nueve procesos que se consideran servicio devocional puro: escuchar y glorificar el santo nombre, la forma, las cualidades, los utensilios y los pasatiempos trascendentales del Señor Viṣṇu, recordarlos, servir los pies de loto del Señor, ofrecerle adoración respetuosa con dieciséis tipos de artículos, ofrecerle oraciones, ser Su sirviente, considerarle el mejor amigo, y entregárselo todo (o, en otras palabras, servirle con el cuerpo, la mente y las palabras). A quien haya dedicado su vida al servicio de Kṛṣṇa mediante estos nueve métodos, se le debe considerar la persona más sabia, pues ha adquirido conocimiento completo. VERSO 25. Cuando escuchó de labios de su hijo Prahlāda aquellas palabras de servicio devocional, Hiraṇyakaśipu no podía contener la ira. Con los labios temblorosos, dirigió a Ṣaṇḍa, el hijo de su guru, ®ukrācārya, las siguientes palabras. VERSO 26. ¡Oh, más que inepto!, ¡abominable hijo de brāhmaŠa!, has desobedecido mi orden y te has refugiado en el bando de mis enemigos. ¡Le has estado enseñando servicio devocional a este pobre niño! ¿Qué estupidez es ésta? VERSO 27. En los pecadores, con el paso del tiempo, aparecen diversas enfermedades; del mismo modo, en este mundo hay falsos amigos que se ocultan tras disfraces engañosos, pero, debido a la falsedad de su conducta, llega un momento en que su animosidad también sale a la luz. VERSO 28. El hijo de ®ukrācārya, el maestro espiritual de Hiraṇyakaśipu, dijo: ¡Oh, enemigo del rey Indra!, ¡oh, rey!, ni yo ni nadie hemos enseñado a tu hijo Prahlāda lo que acaba de decir. Su actitud espontánea de servicio devocional se ha manifestado en él de modo natural. Así pues, te ruego que dejes a un lado tu ira y no nos acuses injustamente. No es bueno que insultes así a un brāhmaŠa. VERSO 29. ®r… Nārada Muni continuó: Al recibir esta respuesta del maestro, Hiraṇyakaśipu se dirigió de nuevo a Prahlāda y le dijo: ¡Oh, desvergonzado, el más caído de la familia!, ¿de dónde te viene esa educación, si no te la han dado tus maestros? VERSO 30. Prahlāda Mahārāja contestó: Las personas demasiado adictas al materialismo, como no pueden controlar sus sentidos, avanzan hacia una vida infernal y mastican repetidas veces lo que ya antes ha sido masticado. Su atracción por Kṛṣṇa nunca despierta, ni con los consejos de otros, ni con sus propios esfuerzos, ni con una combinación de ambos. VERSO 31. Las personas que están fuertemente atrapadas en la conciencia de disfrutar de la vida material, y que por esa razón han aceptado como líder o guru a otro ciego que también está apegado a los objetos externos de los sentidos, no pueden comprender que el objetivo de la vida es ir de regreso al hogar, de vuelta a Dios, y ocuparse en el servicio del Señor Viṣṇu. Como ciegos guiados por otro ciego, que se salen del camino y caen a una zanja, los hombres apegados a la materia se dejan guiar por otros hombres con sus mismos apegos, y quedan atados con las cuerdas del trabajo fruitivo, que están hechas de hilos muy resistentes, y siguen una y otra vez en la vida materialista, sufriendo de las tres miserias. VERSO 32. Aquellos que están muy inclinados a la vida materialista no pueden apegarse a los pies de loto del Señor, a quien se glorifica por Sus extraordinarias actividades, si no reciben sobre sus cuerpos el polvo de los pies de loto de un vaiṣṇava completamente libre de contaminación material. Sólo quien se vuelva consciente de Kṛṣṇa y se refugie en los pies de loto del Señor podrá liberarse de la contaminación material. VERSO 33. Después de decir estas palabras, Prahlāda Mahārāja guardó silencio; entonces, ciego de ira, Hiraṇyakaśipu empujó a Prahlāda fuera de su regazo y le tiró al suelo. VERSO 34. Indignado y furioso, con los ojos rojos como el cobre fundido, Hiraṇyakaśipu ordenó a sus sirvientes: ¡Oh, demonios, llevaos a este niño fuera de mi vista! Merece la muerte. ¡Matadle inmediatamente! VERSO 35. Este niño, Prahlāda, es el asesino de mi hermano, pues ha abandonado a su familia para ocuparse como humilde sirviente en el servicio devocional del enemigo, el Señor Viṣṇu. VERSO 36. Prahlāda sólo tiene cinco años, pero a pesar de su tierna edad, ya ha abandonado el cariño de sus padres. Por lo tanto, no merece ninguna confianza. En verdad, me resulta muy difícil creer que vaya a comportarse bien con Viṣṇu. VERSO 37. Las hierbas medicinales crecen en el bosque y no pertenecen a la misma categoría que los hombres; sin embargo, si son beneficiosas, las guardamos con mucho cuidado. Del mismo modo, si alguien no pertenece a nuestra familia, pero está de nuestra parte, se le debe proteger como a un hijo. Por el contrario, si un miembro del cuerpo está gangrenado, hay que amputarlo para que el resto del cuerpo pueda vivir feliz. Y si nuestro propio hijo nos es hostil, debe ser rechazado, aunque haya nacido de nuestro propio cuerpo. VERSO 38. Del mismo modo que los sentidos fuera de control son los enemigos de los yog…s dedicados al progreso en la vida espiritual, este Prahlāda, que parece amigo, es un enemigo, pues yo no lo puedo controlar. Por lo tanto, no importa si es comiendo, durmiendo o estando sentado: este enemigo debe ser matado sea como sea. VERSOS 39 y 40. Los demonios [rākṣasas], los sirvientes de Hiraṇyakaśipu, se dispusieron entonces a herir con sus tridentes el tierno cuerpecito de Prahlāda Mahārāja. Eran demonios de rostros espantosos, colmillos afilados y barbas y cabellos rojizos como el cobre; tenían un aspecto terrorífico. Con un estruendo ensordecedor, gritando «¡Hazle pedazos!, ¡atraviésalo!», atacaron a Prahlāda Mahārāja, que, sentado en silencio, meditaba en la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 41. Cuando una persona no ha acumulado actividades piadosas, aunque realice alguna buena acción, ésta no le dará resultado. Así, las armas de los demonios no producían efectos tangibles en Prahlāda Mahārāja, pues Prahlāda era un devoto que estaba libre de la influencia perturbadora de las condiciones materiales, completamente absorto en servir a la Suprema Personalidad de Dios y en meditar en Él, que es inmutable, que no se puede percibir con los sentidos materiales y que es el alma del universo entero. VERSO 42. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, cuando los demonios fracasaron en todos sus intentos de matar a Prahlāda Mahārāja, Hiraṇyakaśipu, el rey de los demonios, lleno de miedo, trató de pensar en otras formas de matarle. VERSOS 43 y 44. Hiraṇyakaśipu no logró matar a su hijo, a pesar de que lo arrojó bajo las patas de grandes elefantes y en medio de enormes y terribles serpientes, empleó hechizos destructivos y conjuros mágicos, lo tiró del pico de una montaña, trató de envenenarlo y de matarlo de hambre, lo expuso al frío más intenso, al viento, al fuego y al agua, y quiso aplastarlo lanzándole grandes rocas. Cuando vio que no había manera de lastimar a Prahlāda, que estaba completamente libre de pecado, y se encontró sin saber qué hacer, Hiraṇyakaśipu se llenó de ansiedad. VERSO 45. Hiraṇyakaśipu pensó: He insultado a este niño, Prahlāda, con las peores palabras, y he puesto todos los medios a mi alcance para matarle, pero, a pesar de todos mis esfuerzos, no he podido acabar con él. Está protegido por los poderes que posee, y mis traiciones y actos abominables no le afectan lo más mínimo. VERSO 46. Aunque está muy cerca de mí y no es más que un chiquillo, no siente el menor temor. Es como el rabo de un perro, que no se puede enderezar, pues nunca olvida mi mala conducta ni la relación que le une a su amo, el Señor Viṣṇu. VERSO 47. Veo que la fuerza de este niño no tiene límite, ya que ninguno de mis castigos le ha asustado. Parece inmortal. Por lo tanto, yo, que soy su enemigo, he de morir. Aunque tal vez no tenga porque ser así. VERSO 48. Absorto en estos pensamientos, triste y sin brillo corporal, el rey de los daityas permanecía cabizbajo y en silencio. Los dos hijos de ®ukrācārya, Ṣaṇḍa y Amarka, le hablaron entonces en secreto. VERSO 49. ¡Oh, señor!, sabemos que, con un simple movimiento de tus cejas, todos los dirigentes de los planetas tiemblan de miedo. Tú has conquistado los tres mundos sin ayuda de nadie. Por lo tanto, no vemos ningún motivo para que estés apesadumbrado y lleno de ansiedad. En cuanto a Prahlāda, no es más que un niño; no puede ser causa de ansiedad. Al fin y al cabo, sus cualidades, buenas o malas, no tienen el menor valor. VERSO 50. Mientras no regresa nuestro maestro espiritual, ®ukrācārya, puedes tenerle preso con las cuerdas de VaruŠa, para evitar que, con el miedo, salga huyendo. En todo caso, una vez haya crecido, después de asimilar nuestras enseñanzas y de servir a nuestro maestro espiritual, su inteligencia cambiará. Así pues, no tienes que preocuparte. VERSO 51. Después de escuchar estos consejos de Ṣaṇḍa y Amarka, los hijos de su maestro espiritual, Hiraṇyakaśipu aceptó su propuesta y les pidió que educasen a Prahlāda en los deberes que deben seguir las familias de los reyes. VERSO 52. A continuación, Ṣaṇḍa y Amarka dieron a Prahlāda Mahārāja, que era muy sumiso y humilde, una formación sistemática e ininterrumpida en lo referente a la religión mundana, el crecimiento económico y la complacencia de los sentidos. VERSO 53. Los maestros, Ṣaṇḍa y Amarka, enseñaron a Prahlāda Mahārāja los tres tipos de progreso material, es decir, la religión, el crecimiento económico y la complacencia de los sentidos. Prahlāda, sin embargo, estaba por encima de esas enseñanzas. Como se basaban en la dualidad de los asuntos mundanos, que nos complican en un modo de vida materialista caracterizado por el nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades, a él no le interesaban. VERSO 54. Cuando los maestros se iban a casa para atender sus asuntos familiares, los compañeros de Prahlāda Mahārāja que tenían su misma edad le llamaban para aprovechar las horas de recreo jugando. VERSO 55. Prahlāda Mahārāja, que verdaderamente era el erudito supremo, se dirigía entonces a sus compañeros de clase con un lenguaje muy dulce. Con una sonrisa y dando muestras de una gran bondad, les hablaba de la inutilidad del modo de vida materialista, instruyéndoles de la siguiente manera. VERSOS 56 y 57. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, todos los niños eran muy cariñosos y respetuosos con Prahlāda Mahārāja; debido a su tierna edad, todavía no estaban demasiado contaminados por las enseñanzas y actividades de sus profesores, que mantenían un insensato apego por la dualidad y la comodidad del cuerpo. Así, los niños rodeaban a Prahlāda Mahārāja, abandonando sus juegos, y se sentaban a escucharle. Tenían el corazón y los ojos fijos en él, y le miraban con fervor. Prahlāda Mahārāja, aunque había nacido en una familia de demonios, era un devoto excelso, y deseaba su bienestar; de modo que comenzó a instruirles acerca de la inutilidad de la vida materialista. CAPÍTULO 6. PRAHLšDA INSTRUYE A SUS COMPAÑEROS DEMONIOS. VERSO 1. Prahlāda Mahārāja dijo: La persona que sea lo bastante inteligente debe emplear el cuerpo de forma humana desde el mismo principio de la vida, o, en otras palabras, desde la más tierna infancia, para practicar las actividades del servicio devocional, abandonando todas las demás ocupaciones. El cuerpo humano es muy difícil de obtener; aunque es temporal, como otros cuerpos, es sumamente importante, pues en la vida humana se puede practicar servicio devocional. De un poco de servicio devocional sincero podemos obtener la perfección completa. VERSO 2. La forma de vida humana trae consigo la oportunidad de regresar al hogar, de vuelta a Dios. Por lo tanto, todas las entidades vivientes, y en especial las que se encuentran en la forma humana de vida, deben ocuparse en el servicio devocional a los pies de loto del Señor Viṣṇu. Ese servicio devocional es natural, pues el Señor Viṣṇu, la Suprema Personalidad de Dios, es el ser más querido, el señor del alma, y el bienqueriente de todos los seres vivos. VERSO 3. Prahlāda Mahārāja continuó: Mis queridos amigos nacidos en familias demoníacas, la sensación de felicidad que se percibe por el contacto de los objetos de los sentidos con el cuerpo depende de las actividades fruitivas pasadas y se puede obtener en cualquier forma de vida. Esa felicidad viene por sí sola y sin esfuerzo alguno por nuestra parte al igual que ocurre con el sufrimiento. VERSO 4. No hay que empeñarse en el logro de la complacencia de los sentidos o la felicidad material mediante el crecimiento económico, pues ese esfuerzo no es más que una pérdida de tiempo y energía que no trae ningún beneficio sustancial. Pero si dirigimos nuestros esfuerzos al cultivo de conciencia de Kṛṣṇa, no hay la menor duda de que podremos alcanzar el plano espiritual de la autorrealización. De los esfuerzos por la prosperidad económica, nunca se obtiene semejante beneficio. VERSO 5. Por lo tanto, la persona que se encuentra en la existencia material [bhavam āśritaḥ] y es competente para distinguir lo que está bien y lo que está mal debe esforzarse por alcanzar el objetivo supremo de la vida mientras el cuerpo esté fuerte y vigoroso, antes de que el paso de los años haga menguar sus facultades. VERSO 6. La vida del ser humano dura un máximo de cien años; pero el que no puede controlar los sentidos pierde por completo la mitad de esos años, pues, cubierto por la ignorancia, pasa doce horas durmiendo cada noche. De este modo, solamente vive cincuenta años. VERSO 7. Los primeros diez años de la vida se van en la confusión de la edad infantil. Otros diez años se van en los juegos y diversiones de la adolescencia; de ese modo perdemos veinte años. Del mismo modo, en la vejez, cuando somos inválidos incapacitados hasta para las actividades materiales, perdemos inútilmente otros veinte años. VERSO 8. Aquel que no puede dominar su mente y sus sentidos se apega cada vez más a la vida familiar, debido a unos insaciables deseos de disfrute y a una profunda ilusión. Su vida es como la de un loco, y de ese modo desperdicia también el resto de sus años, pues ni siquiera entonces puede ocuparse en servicio devocional. VERSO 9. ¿Cómo va a poder liberarse una persona que está demasiado apegada a la vida familiar porque no puede controlar sus sentidos? Los lazos del afecto por su familia [esposa, hijos y demás familiares] le tienen fuertemente sujeto. VERSO 10. El dinero es algo tan querido, que nos parece más dulce que la miel. ¿Quién puede entonces abandonar el deseo de atesorar dinero, especialmente en la vida familiar? Los ladrones, los sirvientes profesionales [soldados] y los mercaderes llegan incluso a arriesgar sus propias vidas por conseguir algún dinero. VERSOS 11, 12 y 13. ¿Cómo va a poder abandonar la compañía de los suyos una persona que está llena de cariño por su familia, y que siempre lleva sus imágenes en lo más profundo del corazón? La esposa, especialmente, siempre es muy bondadosa y comprensiva, y siempre complace a su marido en la intimidad. ¿Quién podría abandonar la compañía de esa esposa querida y cariñosa? Cuando los niños pequeños comienzan a hablar, su cariñoso padre disfruta escuchando sus primeras palabras y recuerda constantemente su dulce lenguaje. ¿Cómo podría abandonar su compañía? Los ancianos padres y los hijos también le son muy queridos. Un padre siente un cariño especial por su hija, y cuando ella se ha ido a vivir con su propio marido, no puede apartar su recuerdo de la mente. ¿Quién podría abandonar esa compañía? Además, en la casa hay muchos muebles, objetos decorativos, animales y sirvientes. ¿Quién podría abandonar esas comodidades? El casado apegado es como un gusano de seda, que queda prisionero dentro del capullo que él mismo ha tejido, y no puede salir. Por la satisfacción de dos sentidos importantes —los genitales y la lengua—, queda atado a las circunstancias materiales. ¿Cómo va a poder escapar? VERSO 14. La persona demasiado apegada no puede entender que está desperdiciando su valiosa vida en el esfuerzo de mantener a su familia. Ni tampoco logra entender que su vida humana, cuyo objetivo es la comprensión de la Verdad Absoluta, se está arruinando imperceptiblemente. Sin embargo, pone muchísima atención en evitar que se administre mal ni un sólo céntimo. Así, la persona apegada a la existencia material siempre está sufriendo a causa de las tres miserias; en ella, sin embargo, no se despierta el sentimiento de aversión por la existencia material. VERSO 15. Aquel que está demasiado apegado a su deber de mantener a la familia y es incapaz de controlar los sentidos, está absorto hasta lo más profundo del corazón en cómo ganar dinero. Sabe que si se apodera de las riquezas de otros será castigado por las leyes del gobierno, y que después de morir sufrirá el castigo de Yamarāja; pero, aun así, continúa engañando a los demás para conseguir dinero. VERSO 16. ¡Oh, amigos míos, hijos de demonios!, en este mundo material, hasta aquellos que aparentemente son cultos y educados tienen la propensión a pensar: «Esto es mío, y eso es para otros». De ese modo, están siempre pendientes de satisfacer las necesidades de sus familias, conforme a un concepto familiar tan limitado como el de los perros y los gatos, que no tienen educación. Son incapaces de asumir el conocimiento espiritual; por el contrario, siempre están confundidos bajo la influencia de la ignorancia. VERSOS 17 y 18. Mis queridos amigos, ¡oh, hijos de los demonios!, ciertamente no ha habido jamás nadie, en ninguna época y en ningún país, que, sin conocer a la Suprema Personalidad de Dios, haya podido liberarse del cautiverio material. Al contrario, los que carecen de conocimiento acerca del Señor se ven atados por las leyes materiales. Son adictos a la complacencia de los sentidos, y su único objetivo son las mujeres. En verdad, no son más que juguetes en las manos de mujeres atractivas. Víctimas de ese concepto de la vida, se rodean de hijos, nietos y bisnietos, y de ese modo se encadenan al cautiverio material. Los muy adictos a este concepto de la vida reciben el nombre de demonios. Por eso, vosotros, aunque seáis hijos de demonios, debéis manteneros aparte de esas personas, y aceptar el refugio de la Suprema Personalidad de Dios, NārāyaŠa, el origen de todos los semidioses, pues la meta final que alcanzan los devotos de NārāyaŠa es la liberación del cautiverio de la existencia material. VERSO 19. Mis querido hijos de demonios, la Suprema Personalidad de Dios, NārāyaŠa, es la Superalma original, el padre de todas las entidades vivientes. Por lo tanto, ningún obstáculo puede impedirnos complacerle o adorarle en cualquier circunstancia, sin importar si somos niños o ancianos. La relación entre las entidades vivientes y la Suprema Personalidad de Dios es una realidad permanente; por lo tanto, no es difícil complacer al Señor. VERSOS 20, 21, 22 y 23. La Suprema Personalidad de Dios, el controlador supremo, infalible e infatigable, está presente en las diversas formas de vida, desde los seres vivos inertes [sthāvara], como las plantas, hasta Brahmā, el principal de los seres creados. Él está también en la diversidad de las creaciones materiales y en los elementos materiales, la energía material total y las modalidades de la naturaleza material [sattva-guŠa, rajo-guŠa y tamo-guŠa], así como en la naturaleza material no manifestada y en el ego falso. Él, aunque es uno, está en todas partes, y es también la Superalma trascendental, la causa de todas las causas y el observador que Se encuentra en lo más profundo del corazón de todas las entidades vivientes. Para definirle, se dice que es la Superalma que todo lo penetra, y también todo lo penetrado, pero en realidad no se Le puede definir. Él es inmutable e indiviso. A Él se Le percibe, sencillamente, como supremo sac-cid-ānanda [eternidad, conocimiento y bienaventuranza]. Debido a que está cubierto por el velo de la energía externa, a los ateos les parece inexistente. VERSO 24. Así pues, mis queridos y jóvenes amigos nacidos de demonios, actuad, por favor, de manera que el Señor Supremo, que está por encima de las concepciones del conocimiento material, Se sienta satisfecho. Abandonad vuestra naturaleza demoníaca y actuad libres de odio y dualidad. Mostraos misericordiosos con todas las entidades vivientes iluminándolas en el servicio devocional, y sed, de ese modo, sus bienquerientes. VERSO 25. Nada hay que no puedan obtener los devotos que han satisfecho a la Suprema Personalidad de Dios, que es la causa de todas las causas, la fuente original de todo. El Señor es el receptáculo de ilimitadas cualidades espirituales. Los objetivos de la religión, el crecimiento económico, la complacencia de los sentidos y la liberación pueden obtenerse de modo natural bajo la influencia de las modalidades de la naturaleza. Así pues, ¿qué sentido pueden tener esos principios para los devotos, que son trascendentales a las modalidades de la naturaleza material? Los devotos siempre glorificamos los pies de loto del Señor, y por lo tanto no vemos la necesidad de pedir nada en relación con los principios de dharma, artha, kāma y mokṣa. VERSO 26. La religión, el crecimiento económico y la complacencia de los sentidos se definen en los Vedas como tres vías hacia la salvación, tri-varga. En esas tres categorías se incluyen la educación y la autorrealización, las ceremonias rituales ejecutadas conforme a los mandatos védicos, la lógica, la ciencia de la ley y el orden, y los distintos medios para ganarse el sustento. Ésos son los temas externos que se estudian en los Vedas, y por ello los considero materiales. Sin embargo, considero trascendental la entrega a los pies de loto del Señor Viṣṇu. VERSO 27. NārāyaŠa, la Suprema Personalidad de Dios, el bienqueriente y amigo de todos los seres vivientes, en el pasado explicó este conocimiento trascendental al gran sabio Nārada. Sin la misericordia de una persona santa como Nārada, ese conocimiento confidencial es sumamente difícil de comprender; pero todo el que se refugia en la sucesión discipular de Nārada puede comprenderlo. VERSO 28. Prahlāda Mahārāja continuó: Yo recibí este conocimiento del gran santo Nārada Muni, que está siempre ocupado en servicio devocional. Este conocimiento, denominado bhāgavata-dharma, es completamente científico. Se basa en la lógica y la filosofía, y está libre de todo rastro de contaminación material. VERSOS 29 y 30. Los hijos de los demonios contestaron: Querido Prahlāda, tú, como nosotros, no conoces a ningún profesor o maestro espiritual aparte de Ṣaṇḍa y Amarka, los hijos de ®ukrācārya. Al fin y al cabo, somos niños, y ellos son nuestros controladores. Tú, además, nunca sales del palacio, y es muy difícil que puedas relacionarte con una gran personalidad. Querido amigo, por favor, ¿serías tan amable de explicarnos cuándo has tenido oportunidad de escuchar a Nārada? Por favor, resuelve nuestras dudas al respecto. CAPÍTULO 7. LO QUE PRAHLšDA APRENDIÓ EN EL VIENTRE DE SU MADRE. VERSO 1. Nārada Muni dijo: Prahlāda Mahārāja, a pesar de haber nacido en una familia de asuras, era el más grande de los devotos. Ante la pregunta de sus compañeros de clase, los hijos de los asuras, recordó las palabras que yo le había dirigido y contestó a sus amigos de la siguiente manera. VERSO 2. Prahlāda Mahārāja dijo: Cuando nuestro padre, Hiraṇyakaśipu, se retiró a la montaña Mandarācala para someterse a rigurosas austeridades, los semidioses, capitaneados por el rey Indra, aprovecharon su ausencia para emprender una poderosa ofensiva y someter a todos los demonios. VERSO 3. «¡Oh!, como una serpiente devorada por las diminutas hormigas, el temible Hiraṇyakaśipu, que siempre hizo sufrir a todo tipo de personas, ha sido derrotado ahora por las reacciones de sus propias actividades pecaminosas». Diciendo esto, los semidioses, conducidos por el rey Indra, se dispusieron a luchar contra los demonios. VERSOS 4 y 5. Cuando los grandes líderes de los demonios, que iban cayendo uno tras otro, vieron el arrojo sin precedentes que mostraban los semidioses en la lucha, salieron huyendo en todas direcciones. Para salvar sus vidas, huyeron a toda prisa, dejando atrás hogares, esposas, hijos, animales y bienes domésticos; sin preocuparse de nada de ello, los demonios simplemente salieron huyendo. VERSO 6. Los victoriosos semidioses saquearon el palacio de Hiraṇyakaśipu, el rey de los demonios, y destruyeron todo lo que había en él. Entonces, Indra, el rey del cielo, hizo prisionera a mi madre, la reina. VERSO 7. Cuando se la llevaban, la reina gritaba asustada, como un pájaro kurar… en las garras de un buitre. El gran sabio Nārada, libre entonces de otras ocupaciones, apareció en el lugar, y la vio en aquella condición. VERSO 8. Nārada Muni dijo: ¡Oh, Indra, rey de los semidioses!, esa mujer está libre de pecado. No debes llevártela arrastrándola de ese modo despiadado. ¡Oh, persona afortunada!, esa casta mujer es la esposa de otro. Debes soltarla inmediatamente. VERSO 9. El rey Indra dijo: Esta mujer es la esposa de Hiraṇyakaśipu, y en su vientre lleva la semilla de ese gran demonio. Por eso, es mejor que permanezca bajo nuestra custodia hasta que dé a luz; después la dejaremos libre. VERSO 10. Nārada Muni contestó: El niño que esa mujer lleva en el vientre es inocente y está libre de pecado. De hecho, es un gran devoto, un poderoso sirviente de la Suprema Personalidad de Dios. Por lo tanto, no podrás matarle. VERSO 11. Al escuchar a Nārada Muni, el rey Indra, por respeto a las palabras del gran santo, dejó inmediatamente libre a mi madre; debido a que yo era un devoto del Señor, todos los semidioses, en señal de respeto, caminaron alrededor de ella, antes de regresar a su reino celestial. VERSO 12. Prahlāda Mahārāja continuó: El gran santo Nārada Muni llevó a mi madre a su āśrama y le garantizó plena protección, diciendo: «Querida hija, por favor, quédate en mi āśrama hasta la llegada de tu esposo». VERSO 13. Aceptando las instrucciones de Devarṣi Nārada, mi madre permaneció bajo su custodia, libre de todo tipo de temores, mientras mi padre, el rey de los daityas, seguía llevando a cabo sus rigurosas austeridades. VERSO 14. Mi madre, que estaba embarazada, deseaba la seguridad de su embrión; también deseaba dar a luz después del regreso de su esposo, de modo que se quedó en el āśrama de Nārada Muni, a quien ofreció servicio con gran devoción. VERSO 15. Nārada Muni nos impartió sus enseñanzas, tanto a mí, que estaba dentro del vientre, como a mi madre, que se ocupaba en su servicio. Él es, por naturaleza, muy bondadoso con las almas caídas, y desde su posición trascendental, nos dio instrucciones acerca de la religión y el conocimiento trascendental. Esas instrucciones estaban libres de toda contaminación material. VERSO 16. Mi madre, debido al mucho tiempo transcurrido desde entonces, y debido también a la poca inteligencia propia de las mujeres, ha olvidado todas esas instrucciones; yo, sin embargo, recibí la bendición del gran sabio Nārada, de manera que no he podido olvidarlas. VERSO 17. Prahlāda Mahārāja continuó: Mis queridos amigos, si tenéis fe en mis palabras, también vosotros podréis comprender el conocimiento trascendental, como yo, aunque seáis niños pequeños. Del mismo modo, también las mujeres pueden comprender el conocimiento trascendental y saber qué es espíritu y qué es materia. VERSO 18. Como los frutos y las flores de un árbol, que con el paso del tiempo experimentan seis cambios —nacimiento, existencia, crecimiento, transformación, decaimiento y muerte—, el cuerpo material, que el alma espiritual obtiene según distintas circunstancias, también pasa por esos mismos cambios. Esos cambios, sin embargo, no existen para el alma espiritual. VERSOS 19 y 20. El término «ātmā» se refiere tanto al Señor Supremo como a las entidades vivientes. Ambos son espirituales y están libres del nacimiento y la muerte, libres del deterioro y de la contaminación material. Son seres individuales, son los conocedores del cuerpo externo, y son el fundamento o refugio de todo. No están sujetos a los cambios materiales, son autoluminosos, son la causa de todas las causas, y son omnipresentes. No tienen nada que ver con el cuerpo material, y, por lo tanto, jamás están cubiertos. Con esas cualidades trascendentales, la persona verdaderamente erudita debe abandonar el concepto ilusorio de la vida, en el cual se piensa: «Yo soy el cuerpo material, y todo lo relacionado con este cuerpo es mío». VERSO 21. Un geólogo experto puede comprender qué minerales tienen oro, y, mediante distintos procesos, extraerlo de esos minerales. Del mismo modo, la persona avanzada espiritualmente puede entender la existencia de la partícula espiritual dentro del cuerpo; así, mediante el cultivo de conocimiento espiritual, puede alcanzar la perfección en la vida espiritual. Sin embargo, del mismo modo que alguien sin experiencia no sabe determinar dónde hay oro, el necio que no ha cultivado conocimiento espiritual no puede entender la existencia del alma espiritual dentro del cuerpo. VERSO 22. El Señor tiene ocho energías materiales separadas; en ellas, así como en las tres modalidades de la naturaleza material y en las dieciséis transformaciones [los once sentidos y los cinco elementos materiales densos, como la tierra y el agua], se encuentra, como observador, el alma espiritual, que es una. Por esa razón, todos los grandes ācāryas han llegado a la conclusión de que el alma individual está condicionada por esos elementos materiales. VERSO 23. Toda alma individual tiene dos tipos de cuerpos, uno denso, hecho de cinco elementos densos, y uno sutil, hecho de tres elementos sutiles. Sin embargo, dentro de esos cuerpos se encuentra el alma espiritual. Esa alma debe encontrarse mediante el análisis, diciendo: «Esto no es. Esto no es». De ese modo se debe separar el espíritu de la materia. VERSO 24. Las personas reflexivas y experimentadas deben buscar el alma espiritual con la mente purificada mediante un estudio analítico basado, por un lado, en la relación del alma con todas las cosas sometidas a los procesos de creación, mantenimiento y destrucción, y por otro, en su diferencia con respecto a esas cosas. VERSO 25. La inteligencia se puede percibir en tres estados de actividad: vigilia, sueño y sueño profundo. A la persona que percibe esos tres estados se La debe considerar el amo original, el controlador, la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 26. Del mismo modo que podemos comprender la presencia del aire por los aromas que trae consigo, mediante esas tres divisiones de la inteligencia, y bajo la guía de la Suprema Personalidad de Dios, también podemos percibir al alma viviente. Sin embargo, esas divisiones no son el alma; están formadas por las tres modalidades y nacen de las actividades. VERSO 27. A causa de la inteligencia contaminada, nos vemos expuestos a las modalidades de la naturaleza, condicionados de ese modo por la existencia material. Como un estado de sueño en el que padecemos falsos sufrimientos, la existencia material, que se debe a la ignorancia, debe considerarse indeseable y temporal. VERSO 28. Por lo tanto, queridos amigos, ¡oh, hijos de los demonios!, vuestro deber es emprender el proceso de conciencia de Kṛṣṇa; esa práctica puede quemar la semilla de las actividades fruitivas creadas artificialmente por las modalidades de la naturaleza material, así como detener el flujo de la inteligencia, que va de la vigilia al sueño y al sueño profundo. En otras palabras, cuando alguien emprende esa senda de conciencia de Kṛṣṇa, su ignorancia se disipa de inmediato. VERSO 29. De los distintos procesos que se recomiendan para deshacer el enredo de la vida material, se debe considerar absolutamente perfecto aquel que la Suprema Personalidad de Dios explica y acepta personalmente. Ese proceso consiste en la realización de los deberes que despiertan nuestro amor por el Señor Supremo. VERSOS 30 y 31. Debemos aceptar un maestro espiritual genuino y ofrecerle servicio con gran fe y devoción. Debemos ofrecer al maestro espiritual todas nuestras posesiones, y, en compañía de devotos y personas santas, adorar al Señor, escuchar con fe acerca de Sus glorias, glorificar Sus cualidades y actividades trascendentales, meditar siempre en Sus pies de loto y adorar Su Deidad siguiendo estrictamente las instrucciones del śāstra y del guru. VERSO 32. Siempre debemos recordar que la Suprema Personalidad de Dios, en Su representación localizada, Paramātmā, está dentro del corazón de todas las entidades vivientes. En consecuencia, debemos ofrecer respeto a todas las entidades vivientes conforme a sus respectivas posiciones o manifestaciones. VERSO 33. Mediante esas actividades [mencionadas en los versos anteriores], podemos anular la influencia de los enemigos, es decir, de la lujuria, la ira, la codicia, la ilusión, la locura y la envidia; desde esa posición, podemos ofrecer servicio al Señor. De ese modo, es seguro que alcanzaremos el plano del servicio amoroso a la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 34. La persona situada en el plano del servicio devocional domina, ciertamente, sus sentidos; es, por lo tanto, una persona liberada. Cuando esa persona liberada, el devoto puro, escucha acerca de las cualidades y actividades trascendentales de las encarnaciones del Señor en Sus diversos pasatiempos, los vellos del cuerpo se le erizan, sus ojos derraman lágrimas, y la voz, debido a la visión espiritual, se le ahoga. A veces baila sin poder contenerse, a veces canta en voz muy alta, y a veces llora. De ese modo expresa su júbilo trascendental. VERSO 35. A veces el devoto parece poseído por un fantasma, y ríe y canta en voz muy alta las cualidades del Señor. A veces se sienta a meditar, y ofrece sus respetos a todas las entidades vivientes, considerándolas devotos del Señor. Con una respiración agitada y profunda, se despreocupa de la etiqueta social y canta en voz alta, como un loco: «¡Hare Kṛṣṇa, Hare Kṛṣṇa!; ¡oh, mi Señor!, ¡oh, amo del universo!». VERSO 36. El devoto se libera entonces de toda la contaminación material, debido a que piensa constantemente en los pasatiempos del Señor, y debido a que su mente y su cuerpo se han transformado, adquiriendo cualidades espirituales. Por su intenso servicio devocional, la ignorancia, la conciencia material y todo tipo de deseos materiales han quedado completamente reducidos a cenizas. Es en esa etapa cuando se puede alcanzar el refugio de los pies de loto del Señor. VERSO 37. El verdadero problema de la vida es el ciclo de nacimientos y muertes, que es como una rueda que da vueltas hacia arriba y hacia abajo, girando sin cesar. Esa rueda, sin embargo, se detiene por completo cuando nos ponemos en contacto con la Suprema Personalidad de Dios. En otras palabras, la bienaventuranza trascendental que se experimenta cuando nos ocupamos constantemente en servicio devocional nos libera por completo de la existencia material. Esto lo saben todos los hombres de conocimiento. Por lo tanto, queridos amigos, ¡oh, hijos de los asuras!, comenzad enseguida a meditar en la Superalma que está en el corazón de todos, y adoradle. VERSO 38. ¡Oh, amigos míos, hijos de los asuras!, la Suprema Personalidad de Dios, en Su aspecto como Superalma, está siempre presente en lo más hondo del corazón de todas las entidades vivientes. En verdad, Él es el bienqueriente y amigo de todas las entidades vivientes, y adorarle no supone ninguna dificultad. ¿Cuál es entonces la razón de que la gente no se ocupe en Su servicio devocional? ¿Por qué son tan adictos a la innecesaria producción de objetos artificiales para complacer los sentidos? VERSO 39. Las riquezas, una hermosa esposa y las amistades femeninas, los hijos e hijas, la casa, los animales domésticos, como las vacas, los elefantes y los caballos, los ahorros, la prosperidad económica, la complacencia de los sentidos, y, en verdad, la misma vida, en la que podemos disfrutar de todas esas opulencias materiales, son cosas temporales e inestables. La oportunidad que representa la vida humana es temporal. ¿Qué beneficio pueden dar todas esas opulencias al hombre sensato que ha comprendido que es eterno? VERSO 40. Las Escrituras védicas nos enseñan que, mediante la celebración de grandes sacrificios, podemos elevarnos a los planetas celestiales. Sin embargo, aunque la vida allí es miles de veces más agradable que la vida en la Tierra, esos planetas no son puros [nirmalam], no están libres de la contaminación de la existencia material. Son también temporales y, por lo tanto, no son el objetivo de la vida. Sin embargo, nunca se ha visto ni se ha oído que la Suprema Personalidad de Dios manifieste imperfecciones. Por consiguiente, para vuestro propio beneficio e iluminación espiritual, debéis adorar al Señor con gran devoción, como se explica en las Escrituras reveladas. VERSO 41. La persona materialista, considerando que tiene una inteligencia muy avanzada, trata siempre de lograr la prosperidad económica. Pero, como se explica en los Vedas, las actividades materiales sólo le traen continuos desengaños, en esta vida y en la próxima. Los resultados que obtiene son, inevitablemente, lo opuesto de lo que deseaba. VERSO 42. En el mundo material, todo materialista desea la felicidad y la disminución del sufrimiento, y actúa en consecuencia. Pero en realidad, sólo somos felices mientras no nos esforzamos por serlo; el sufrimiento comienza tan pronto como tratamos de obtener felicidad. VERSO 43. La entidad viviente desea la comodidad del cuerpo, y, con ese fin, elabora muchos planes; pero, en realidad, el cuerpo es propiedad de otros. El cuerpo perecedero abraza a la entidad viviente y luego la abandona. VERSO 44. El cuerpo está finalmente destinado a convertirse en excrementos o tierra; así pues, ¿de qué vale todo lo relacionado con él?; ¿qué valor tienen las esposas, las casas, las riquezas, los hijos, los familiares, sirvientes, reinos, ahorros, animales y ministros? Todo ello también es temporal. ¿Qué más se puede decir sobre esto? VERSO 45. Mientras el cuerpo existe, sentimos un gran cariño por todas esas cosas, pero, tan pronto como el cuerpo se destruye, todo lo relacionado con él se termina también. Por lo tanto, ninguna de esas cosas tiene en realidad nada que ver con nosotros, aunque debido a la ignorancia nos parecen valiosas. Comparadas con el océano de la felicidad eterna, son de lo más insignificante. ¿Qué valor tienen para el ser vivo eterno esas insignificantes relaciones? VERSO 46. Mis queridos amigos, ¡oh, hijos de los asuras!, la entidad viviente recibe distintos tipos de cuerpos conforme a las actividades fruitivas realizadas en el pasado. De ese modo, sufre en todas las situaciones por las que pasa el cuerpo, desde el momento en que es introducida en el vientre de una nueva madre. Por favor, pensadlo con determinación, y decidme, ¿qué interés puede tener la entidad viviente en las actividades fruitivas, cuyo resultado son penalidades y miserias? VERSO 47. La entidad viviente, que debe su cuerpo actual a las actividades realizadas en el pasado, puede terminar con los resultados de sus acciones en esta vida, pero eso no significa que se haya liberado del cautiverio en cuerpos materiales. Con las acciones que realiza en un determinado tipo de cuerpo, la entidad viviente crea otro cuerpo. Así, debido a su crasa ignorancia, transmigra de cuerpo en cuerpo en el ciclo de nacimientos y muertes. VERSO 48. Los cuatro principios del avance en la vida espiritual —dharma, artha, kāma y mokṣa— dependen de la voluntad de la Suprema Personalidad de Dios. Por eso, queridos amigos, seguid los pasos de los devotos. Libres de deseos, depended por completo de la voluntad del Señor Supremo, que es la Superalma, y adoradle mediante el servicio devocional. VERSO 49. La Suprema Personalidad de Dios, Hari, es el alma y la Superalma de todas las entidades vivientes. Toda entidad viviente es una manifestación de Su energía en lo que se refiere tanto al alma viviente como al cuerpo material. Por esa razón, el Señor es el ser más querido y el controlador supremo. VERSO 50. Si un semidiós, un demonio, un ser humano, un yakṣa, un gandharva, o, en general, cualquier ser del universo, ofrece servicio a los pies de loto de Mukunda, el que puede dar la liberación, se situará realmente en la condición más auspiciosa de la vida, la misma que hemos alcanzado nosotros [los mahājanas, encabezados por Prahlāda Mahārāja]. VERSOS 51 y 52. Mis queridos amigos, ¡oh, hijos de los demonios!, en lo referente a complacer a la Suprema Personalidad de Dios, de nada sirve que seáis brāhmaṇas perfectos, semidioses o grandes santos, ni que dominéis a la perfección las normas de comportamiento, o que poseáis una vasta erudición. Ninguna de esas cualidades puede complacer al Señor; tampoco se Le satisface con obras de caridad, austeridades, sacrificios, limpieza o votos. El Señor sólo Se complace con quien Le muestra una devoción firme y pura. Sin servicio devocional sincero, todo lo demás es una pantomima. VERSO 53. Mis queridos amigos, ¡oh, hijos de los demonios!, practicad servicio devocional para satisfacer a la Suprema Personalidad de Dios, que está en todas partes como Superalma de todas las entidades vivientes, y hacedlo con la misma actitud favorable y la misma consideración con que cuidáis de vuestra propia persona. VERSO 54. ¡Oh, amigos míos!, ¡oh, hijos de demonios!, por el simple hecho de seguir los principios del bhakti-yoga, incluso vosotros (los yakṣas y rākṣasas), las personas poco inteligentes (las mujeres, los śūdras y los pastores de vacas), las aves, los animales inferiores, las entidades vivientes pecaminosas, junto con todos los demás seres, podéis volver a vuestra vida original, la vida espiritual eterna, y existir por siempre. VERSO 55. El único objetivo de la vida en el mundo material es ofrecer servicio a los pies de loto de Govinda, la causa de todas las causas, y verle en todas partes. Éste es el único objetivo supremo de la vida humana, como se explica en todas las Escrituras reveladas. CAPÍTULO 8. EL SEÑOR NṚSIḾHADEVA MATA AL REY DE LOS DEMONIOS. VERSO 1. Nārada Muni continuó: Todos los hijos de los demonios apreciaron las instrucciones trascendentales de Prahlāda Mahārāja y las tomaron muy en serio, rechazando las instrucciones materialistas de sus maestros, Ṣaṇḍa y Amarka. VERSO 2. Ṣaṇḍa y Amarka, los hijos de ®ukrācārya, se dieron cuenta de que, con la compañía de Prahlāda Mahārāja, todos sus alumnos, los hijos de los demonios, se estaban volviendo conscientes de Kṛṣṇa. Muy asustados, fueron a ver al rey de los demonios y le expusieron claramente la situación. VERSOS 3 y 4. Al enterarse de lo que estaba ocurriendo, Hiraṇyakaśipu se puso tan terriblemente furioso que todo el cuerpo le temblaba. Entonces tomó la decisión de matar a su hijo Prahlāda. Hiraṇyakaśipu era muy cruel por naturaleza, y, sintiéndose insultado, siseaba como una serpiente que ha sido pisada por alguien. Su hijo Prahlāda, pacífico, manso, amable, con los sentidos perfectamente controlados, permanecía ante él con las manos juntas. Por su edad y por su comportamiento, Prahlāda no merecía ningún castigo, pero Hiraṇyakaśipu, clavando en él sus malvados ojos, le riñó con ásperas palabras. VERSO 5. Hiraṇyakaśipu dijo: ¡Oh, desvergonzado!, eres el menos inteligente, el más bajo de los hombres, la destrucción de la familia, un necio obstinado que has pasado por alto la autoridad que tengo sobre ti. Hoy te voy a enviar con Yamarāja. VERSO 6. Prahlāda, hijo sinvergüenza, sabes que cuando yo me enfado tiemblan todos los planetas de los tres mundos con sus respectivos gobernantes, pero tú pareces no tenerme miedo y pasas por alto mi autoridad sobre ti. ¿Quién ha dado ese poder a un insolente sinvergüenza como tú? VERSO 7. Prahlāda Mahārāja dijo: Mi querido rey, como me lo preguntas, te diré que mi fuerza tiene la misma fuente que la tuya. En verdad, todos los tipos de fuerza vienen de una misma fuente original. Él no sólo es tu fuerza o la mía, sino la fuerza única de todos, y sin Él nadie puede tener ninguna fuerza. Todos los seres, móviles o inmóviles, superiores o inferiores, hasta el Señor Brahmā, están bajo el control de la fuerza de la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 8. La Suprema Personalidad de Dios, que es el controlador supremo y el factor tiempo, es el poder de los sentidos, de la mente y del cuerpo, así como la fuerza vital de los sentidos. Su influencia es ilimitada. Él es la mejor de todas las entidades vivientes, el controlador de las tres modalidades de la naturaleza material. Con Su propio poder, crea la manifestación cósmica, la mantiene y también la destruye. VERSO 9. Prahlāda Mahārāja continuó: Mi querido padre, por favor, abandona tu mentalidad demoníaca. Deja de hacer diferencias entre amigos y enemigos en tu corazón; ten una mente ecuánime con todos. En este mundo, el único enemigo es la mente cuando está desviada y fuera de control. Cuando vemos a todos los seres en un plano de igualdad, llegamos al nivel de adorar al Señor perfectamente. VERSO 10. En el pasado hubo muchos necios como tú, que no vencieron a los seis enemigos que roban la riqueza del cuerpo. Esos necios estaban muy orgullosos, pensando: «Hoy he vencido a todos los enemigos en las diez direcciones». Pero aquel que logra la victoria sobre los seis enemigos y se muestra ecuánime con todas las entidades vivientes no tiene enemigos. Los enemigos no son más que imaginaciones de las personas influenciadas por la ignorancia. VERSO 11. Hiraṇyakaśipu contestó: Tú, sinvergüenza, estás tratando de minimizar mi valor, como si fueses mejor que yo en control de los sentidos. Te crees muy inteligente. Por eso, puedo entender que deseas morir en mis manos, pues esa clase de necedades sólo las dice alguien que está a punto de morir. VERSO 12. ¡Oh, desafortunado Prahlāda!, siempre estás hablando de un ser supremo que no soy yo, un ser supremo que está por encima de todo, que es el controlador de todos y está en todas partes. Pero, ¿dónde está? Si está en todas partes, ¿por qué no está presente ante mí, en esta columna? VERSO 13. Estás diciendo tantas tonterías que te voy a cortar la cabeza. Ya veremos si viene a protegerte tu adorable Dios. Me gustaría verlo. VERSO 14. Ciego de ira, Hiraṇyakaśipu, cuya fuerza física era enorme, riñó a su hijo, el excelso devoto Prahlāda, con gran aspereza. Sin dejar de maldecirle, tomó su espada, se levantó del trono real, y, con muchísima rabia, golpeó la columna con el puño. VERSO 15. Entonces de la columna salió un sonido aterrador que parecía querer romper la cubierta del universo. ¡Oh, mi querido Yudhiṣṭhira!, aquel sonido llegó incluso a las moradas del Señor Brahmā y otros semidioses, quienes, al escucharlo, pensaron: «¡Oh, nuestros planetas van a ser destruidos!». VERSO 16. Mientras mostraba su extraordinario poder, Hiraṇyakaśipu, que deseaba matar a su hijo, escuchó aquel sonido atronador y maravilloso, que nunca antes se había escuchado. Al oírlo, los demás líderes de los demonios se asustaron. Ninguno de ellos supo determinar de dónde procedía. VERSO 17. Para probar que la afirmación de Su sirviente Prahlāda Mahārāja tenía fundamento, o, en otras palabras, para probar que el Señor Supremo está en todas partes, incluso dentro de la columna de una sala de asambleas, la Suprema Personalidad de Dios, Hari, manifestó una forma maravillosa, nunca vista hasta entonces. No era ni un hombre ni un león. Con aquella maravillosa forma, el Señor apareció en la sala de asambleas. VERSO 18. Mientras Hiraṇyakaśipu miraba a su alrededor en busca de la fuente del sonido, aquella maravillosa forma del Señor, de la que no sabría decirse si era hombre o león, emergió de la columna. Lleno de asombro, Hiraṇyakaśipu se preguntaba: «¿Qué criatura es ésta, mitad hombre y mitad león?». VERSOS 19, 20, 21 y 22. Hiraṇyakaśipu estudió la forma del Señor, tratando de averiguar quién era aquella forma de Nṛsiḿhadeva que estaba ante él. La forma del Señor, con Sus ojos llenos de ira, parecidos al oro fundido, inspiraba un enorme terror; una brillante melena agrandaba las dimensiones de Su terrible rostro; Sus colmillos eran mortíferos, y Su lengua, afilada como una hoja de afeitar, se movía como una espada en duelo. Tenía las orejas tiesas e inmóviles; Sus fosas nasales y la gran hendidura de Su boca parecían cuevas de una montaña. Sus fauces se abrían de un modo espantoso, y con Su cuerpo tocaba el cielo. Tenía el cuello corto y ancho, el pecho amplio, la cintura delgada, y el pelo del cuerpo tan blanco como los rayos de la Luna. Sus brazos, que parecían los flancos de un ejército, cubrían todas las direcciones mientras mataba a los demonios, bandidos y ateos con la caracola, el disco, la maza, la flor de loto y Sus demás armas habituales. VERSO 23. Hiraṇyakaśipu murmuró para sí: «El Señor Viṣṇu, que posee grandes poderes místicos, ha tramado este plan para matarme, pero ¿de qué Le va a servir?, ¿quién puede luchar contra mí?». Pensando de este modo, Hiraṇyakaśipu tomó su maza y atacó al Señor como un elefante. VERSO 24. Como un pequeño insecto que cae irremediablemente en un fuego y desaparece de la vista, Hiraṇyakaśipu atacó al Señor y desapareció envuelto en la plenitud de Su refulgencia. Esto no es en absoluto sorprendente, pues el Señor está siempre situado en el plano de la bondad pura. En el pasado, durante la creación, Él entró en las tinieblas del universo y lo iluminó con Su refulgencia espiritual. VERSO 25. Entonces, el gran demonio Hiraṇyakaśipu, tremendamente furioso, atacó con rapidez a Nṛsiḿhadeva con su maza y comenzó a golpearle. Pero el Señor Nṛsiḿhadeva capturó al gran demonio, junto con su maza, del mismo modo que Garuḍa atraparía a una gran serpiente. VERSO 26. ¡Oh, Yudhiṣṭhira!, ¡oh, gran hijo de Bharata!, cuando el Señor Nṛsiḿhadeva dio a Hiraṇyakaśipu una oportunidad de soltarse de Su mano, del mismo modo que Garuḍa a veces juega con una serpiente y deja que se escurra de su pico, a los semidioses, que habían perdido sus moradas y se escondían tras las nubes por temor al demonio, no les gustó nada; ciertamente, se sintieron perturbados. VERSO 27. Cuando se vio libre de las manos de Nṛsiḿhadeva, Hiraṇyakaśipu pensó, equivocadamente, que el Señor estaba asustado de su poder. Por eso, después de tomarse un pequeño respiro, tomó su espada y su escudo y atacó de nuevo al Señor con gran fuerza. VERSO 28. Con una carcajada estridente y ruidosa, la Suprema Personalidad de Dios, NārāyaŠa, que es increíblemente fuerte y poderoso, atrapó a Hiraṇyakaśipu, que se cubría con la espada y el escudo sin dejar el menor resquicio. Hiraṇyakaśipu, con los ojos cerrados por el temor que le producía la risa de Nṛsiḿhadeva, se movía por el cielo y por la tierra con la rapidez de un halcón. VERSO 29. Del mismo modo que una serpiente atrapa un ratón o Garuḍa una serpiente muy venenosa, el Señor Nṛsiḿhadeva atrapó a Hiraṇyakaśipu, a quien ni siquiera el rayo de Indra podía herir. Mientras Hiraṇyakaśipu agitaba sus miembros en todas direcciones, muy afligido por verse atrapado, el Señor Nṛsiḿhadeva puso al demonio en Su regazo, sujetándole sobre los muslos, y, en el umbral de la sala de asambleas, el Señor, con gran facilidad, lo deshizo en pedazos con las uñas de la mano. VERSO 30. La boca y la melena del Señor Nṛsiḿhadeva estaban salpicadas de gotas de sangre, y era imposible mirar directamente Sus fieros ojos llenos de ira. Lamiéndose la boca y adornado con un collar de intestinos sacados del abdomen de Hiraṇyakaśipu, la Suprema Personalidad de Dios, Nṛsiḿhadeva, parecía un león que acabara de matar un elefante. VERSO 31. La Suprema Personalidad de Dios, que tenía muchísimos brazos, primero arrancó el corazón a Hiraṇyakaśipu, y después arrojó el cuerpo a un lado y se volvió contra los soldados del demonio, que habían venido a miles para luchar contra Él; aquellos fieles seguidores de Hiraṇyakaśipu venían con las armas levantadas, pero el Señor Nṛsiḿhadeva les mató a todos simplemente con la punta de las uñas. VERSO 32. El pelo de la cabeza de Nṛsiḿhadeva sacudía las nubes y las dispersaba por todas partes; Sus ojos deslumbrantes despojaban a los astros del cielo de su refulgencia, y Su respiración agitaba los mares y océanos. Al escuchar Sus rugidos, todos los elefantes del mundo comenzaron a bramar de miedo. VERSO 33. Lanzados por el pelo de la cabeza de Nṛsiḿhadeva, muchos aviones salían despedidos hacia el espacio exterior y los sistemas planetarios superiores. Con la presión de los pies de loto del Señor, la Tierra parecía salirse de su posición; Su fuerza insoportable provocó el levantamiento de todas las colinas y montañas. Con Su refulgencia corporal, el Señor hizo disminuir la luz natural, tanto en el cielo como en todas direcciones. VERSO 34. Pleno de refulgencia y con un semblante terrorífico, el Señor Nṛsiˆha, muy furioso y sin hallar rivales que hicieran frente a Su poder y opulencia, Se sentó en la sala de asambleas ocupando el excelente trono del rey. Debido al temor y los sentimientos de obediencia, nadie osó adelantarse para servir al Señor directamente. VERSO 35. Hiraṇyakaśipu había sido como una fiebre de meningitis en la cabeza de los tres mundos. Por eso, cuando las esposas de los semidioses, en los planetas celestiales, vieron que el gran demonio había muerto a manos de la Suprema Personalidad de Dios, sus rostros florecieron de alegría. Desde el cielo, las esposas de los semidioses derramaron sin cesar lluvias de flores sobre el Señor Nṛsiḿhadeva. VERSO 36. En aquel momento, los semidioses, que deseaban ver las actividades del Señor Supremo, NārāyaŠa, llenaron el cielo con sus aviones; comenzaron a tocar tambores y timbales, y, al oírles, las mujeres angelicales se pusieron a danzar, mientras los principales gandharvas cantaban con gran dulzura. VERSOS 37, 38 y 39. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, los semidioses, encabezados por el Señor Brahmā, el rey Indra y el Señor ®iva, se acercaron entonces al Señor. Entre ellos había grandes personas santas; también estaban los habitantes de Pitṛloka, Siddhaloka, Vidyādhara-loka y el planeta de las serpientes. Venían también los manus, así como los dirigentes de muchos otros planetas, junto con las danzarinas angelicales, los gandharvas, los cāraŠas, los yakṣas, los habitantes de Kinnaraloka, los vetālas, los habitantes de Kimpuruṣa-loka y los sirvientes personales de Viṣṇu, encabezados por Sunanda y Kumuda. Todos se acercaron al Señor, que resplandecía con una intensa luz, y con las manos juntas a la altura de la cabeza, ofrecieron uno a uno reverencias y oraciones. VERSO 40. El Señor Brahmā oró: Mi Señor, Tú eres ilimitado y posees potencias infinitas. Nadie puede calcular o medir Tu poder y Tu maravillosa influencia, pues Tus acciones nunca están contaminadas por la energía material. Tú, por medio de las cualidades materiales, creas el universo, y, con la misma facilidad, lo mantienes y de nuevo lo aniquilas; sin embargo, permaneces igual, sin desgastarte. Por eso Te ofrezco respetuosas reverencias. VERSO 41. El Señor ®iva dijo: El momento para manifestar Tu ira es al final del milenio. ¡Oh, mi Señor, que por naturaleza eres afectuoso con Tu devoto!, ahora que ha muerto ese insignificante demonio, Hiraṇyakaśipu, protege, por favor, a su hijo Prahlāda Mahārāja, que está junto a Ti con la actitud de un devoto completamente entregado. VERSO 42. El rey Indra dijo: ¡Oh, Señor Supremo!, Tú eres nuestro libertador y protector. Tú has recuperado las partes que nos correspondían de las ofrendas de sacrificio, que el demonio nos había arrebatado y que, en realidad, son Tuyas. El demoníaco rey Hiraṇyakaśipu causaba gran terror, y debido a ello se había apoderado por completo de nuestros corazones, que son Tu morada permanente. Ahora, gracias a Tu presencia, la melancolía y la oscuridad han desaparecido de nuestros corazones. ¡Oh, Señor!, a aquellos que se ocupan en Tu servicio, que es más excelso que la liberación, las opulencias materiales les resultan insignificantes. A esas personas ni siquiera les interesa la liberación, y, mucho menos, los beneficios de kāma, artha y dharma. VERSO 43. Todas las personas santas allí presentes ofrecieron sus oraciones de la siguiente manera: ¡Oh, Señor!, ¡oh, sustentador supremo de quienes se refugian en Tus pies de loto!, ¡oh, Personalidad de Dios original!, los procesos de austeridad y penitencias, en los que Tú nos educaste en el pasado, son el poder espiritual de Tu propio ser. Tú, por medio de la austeridad, creas el mundo material, que yace dentro de Ti en estado latente. Las actividades de este demonio habían acabado casi por completo con esa austeridad, pero ahora, gracias a Tú aparición personal en la forma de Nṛsiḿhadeva, destinada a brindarnos protección, y gracias a que has matado a ese demonio, has vuelto a aprobar el sistema de austeridades. VERSO 44. Los habitantes de Pitṛloka oraron: Ofrecemos respetuosas reverencias al Señor Nṛsiḿhadeva, el sustentador de los principios religiosos del universo. Él ha matado a Hiraṇyakaśipu, el demonio que disfrutó por la fuerza de las ofrendas de las ceremonias śrāddha que nuestros hijos y nietos celebraban en los aniversarios de nuestra muerte, y que bebió el agua con semillas de sésamo ofrecida en lugares sagrados de peregrinaje. Al matar a ese demonio, ¡oh, Señor!, Tú has devuelto todas esas propiedades robadas arrancándoselas del abdomen, que atravesaste con Tus uñas. Por eso deseamos ofrecerte respetuosas reverencias. VERSO 45. Los habitantes de Siddhaloka oraron: ¡Oh, Señor Nṛsiḿhadeva!, nosotros pertenecemos a Siddhaloka, y por ello gozamos de una natural perfección en los ocho tipos de poder místico. Sin embargo, Hiraṇyakaśipu fue tan deshonesto que, imponiéndonos su propio poder y austeridad, nos arrebató nuestros poderes. De ese modo, vivía envanecido de su fuerza mística. Ahora, ese canalla ha encontrado la muerte en Tus uñas; por ello Te ofrecemos respetuosas reverencias. VERSO 46. Los habitantes de Vidyādhara-loka oraron: Hemos adquirido el poder de aparecer y desaparecer de diversas maneras y conforme a distintas formas de meditación, pero ese necio de Hiraṇyakaśipu, envanecido por la superioridad de su fuerza física y su capacidad de conquistar a los demás, hizo desaparecer nuestro poder. Ahora la Suprema Personalidad de Dios ha matado a ese demonio como si de un animal se tratase. Ofrecemos eternamente respetuosas reverencias a esa forma suprema del Señor, Nṛsiḿhadeva, que ha descendido a manifestar Sus pasatiempos. VERSO 47. Los habitantes de Nāgaloka dijeron: El muy pecaminoso Hiraṇyakaśipu robó todas las joyas de nuestras capuchas, y se llevó a nuestras hermosas esposas. Como su pecho ha sido atravesado por Tus uñas, Tú eres fuente de gran placer para nuestras esposas. Juntos Te ofrecemos respetuosas reverencias. VERSO 48. Los manus ofrecieron las siguientes oraciones: ¡Oh, Señor!, nosotros, los manus, cumpliendo Tus órdenes, somos los legisladores de la sociedad humana; sin embargo, debido a la supremacía temporal de ese gran demonio, Hiraṇyakaśipu, nuestras leyes para mantener el varŠāśrama-dharma habían sido abolidas. ¡Oh, Señor!, ahora que has matado a ese gran demonio, hemos vuelto a la normalidad. Somos Tus sirvientes eternos; ten la bondad de ordenarnos lo que deseas que hagamos. VERSO 49. Los prajāpatis ofrecieron las siguientes oraciones: ¡Oh, Señor Supremo, Señor incluso de Brahmā y ®iva!, nosotros, los prajāpatis, fuimos creados por Ti para cumplir Tus órdenes, pero Hiraṇyakaśipu nos prohibió seguir generando buenos descendientes. Ahora el demonio yace muerto ante nosotros, pues Tú le has atravesado el pecho. Por ello Te ofrecemos respetuosas reverencias; Tu encarnación en esta forma de bondad pura tiene por objeto el bien del universo entero. VERSO 50. Los habitantes de Gandharvaloka oraron: Señoría, nosotros siempre nos ocupamos en Tu servicio, danzando y cantando en representaciones dramáticas, pero ese Hiraṇyakaśipu, con la influencia de su fuerza física y su valor, nos sometió a su dominio. Ahora, Tu Señoría lo ha rebajado a esa miserable condición. ¿Qué beneficio podía obtener ese presuntuoso como resultado de sus actividades? VERSO 51. Los habitantes del planeta CāraŠa dijeron: ¡Oh, Señor!, ahora nos sentimos aliviados, pues Tú has destruido al demonio Hiraṇyakaśipu, que fue siempre una espina en el corazón de los hombres honestos; por ello nos refugiamos eternamente en Tus pies de loto, que conceden al alma condicionada la liberación de la contaminación materialista. VERSO 52. Los habitantes de Yakṣaloka oraron: ¡Oh, controlador de los veinticuatro elementos!, los servicios que nosotros realizamos para Ti son siempre de Tu agrado, y por ello se nos considera los mejores sirvientes de Tu Señoría; sin embargo, por orden de Hiraṇyakaśipu, el hijo de Diti, hemos tenido que hacer de porteadores de palanquín. ¡Oh, Señor con la forma de Nṛsiḿhadeva!, sabes que ese demonio causó grandes problemas a todo el mundo, pero ahora le has matado, y su cuerpo se está amalgamando con los cinco elementos materiales. VERSO 53. Los habitantes de Kimpuruṣa-loka dijeron: Somos entidades vivientes insignificantes, y Tú eres la Suprema Personalidad de Dios, el controlador supremo. Así pues, ¿cómo podemos ofrecerte oraciones adecuadas? Este demonio fue condenado por los devotos, que estaban hartos de él, y entonces Tú le mataste. VERSO 54. Los habitantes de Vaitālika-loka dijeron: Querido Señor, nosotros cantábamos Tus glorias inmaculadas en grandes asambleas y sacrificios, de modo que estábamos acostumbrados a recibir el respeto de todos. Sin embargo, ese demonio usurpó nuestra posición. Ahora nos has hecho muy afortunados, pues, del mismo modo que se cura una enfermedad crónica, has matado a ese gran demonio. VERSO 55. Los kinnaras dijeron: ¡Oh, supremo controlador!, nosotros somos sirvientes eternos de Tu Señoría, pero, en lugar de ofrecerte servicio a Ti, estábamos ocupados en servir a ese demonio, constantemente y sin remuneración. Ahora Tú has matado a ese pecador. Por eso, ¡oh, Señor Nṛsiḿhadeva!, amo y señor nuestro, Te ofrecemos respetuosas reverencias. Por favor, continúa siendo nuestro amo. VERSO 56. Los sirvientes del Señor Viṣṇu en VaikuŠ˜ha ofrecieron esta oración: ¡Oh, Señor, que eres nuestro refugio supremo!, hoy hemos visto Tu maravillosa forma de Nṛsiḿhadeva, que trae buena fortuna al mundo entero. ¡Oh, Señor!, sabemos que Hiraṇyakaśipu era el mismo Jaya que se ocupaba en Tu servicio pero que, por la maldición de los brāhmaṇas, recibió un cuerpo de demonio. Entendemos que, al matarle, Le has otorgado Tu misericordia especial. CAPÍTULO 9. PRAHLšDA APACIGUA AL SEÑOR NṚSIḾHADEVA CON ORACIONES. VERSO 1. El gran santo Nārada Muni continuó: Los semidioses, encabezados por el Señor Brahmā, el Señor ®iva y otros grandes semidioses, no se atrevían a acercarse al Señor, que en ese momento estaba tremendamente furioso. VERSO 2. Todos los semidioses allí presentes pidieron a Lakṣmījī, la diosa de la fortuna, que se adelantara para apaciguar al Señor, pues a ellos se lo impedía el temor. Pero ni siquiera ella se atrevió a hacerlo, pues nunca había visto una forma del Señor tan maravillosa y extraordinaria. VERSO 3. A continuación, el Señor Brahmā pidió a Prahlāda Mahārāja, que estaba de pie muy cerca de él: Mi querido hijo, el Señor Nṛsiḿhadeva está tremendamente enfadado con tu demoníaco padre. Por favor, ve y apacigua al Señor. VERSO 4. Nārada Muni continuó: ¡Oh, rey!, el glorioso devoto Prahlāda Mahārāja, aunque no era más que un niño, asintió a las palabras del Señor Brahmā. Avanzó lentamente hacia el Señor Nṛsiḿhadeva y se postró ante Él, ofreciéndole sus respetuosas reverencias con las manos juntas. VERSO 5. Cuando el Señor Nṛsiḿhadeva vio al pequeño Prahlāda Mahārāja postrado ante Sus pies de loto, sintió un gran éxtasis, lleno de afecto por Su devoto. Levantando a Prahlāda, el Señor puso Su mano de loto sobre la cabeza del niño, pues la mano del Señor siempre está pronta a liberar del temor a Sus devotos. VERSO 6. Por el contacto de la mano del Señor Nṛsiḿhadeva sobre su cabeza, Prahlāda Mahārāja se liberó por completo de todas las contaminaciones y deseos materiales, como si se hubiera limpiado con gran esmero. Debido a ello, alcanzó de inmediato la posición trascendental, y en su cuerpo se manifestaron todos los signos del éxtasis. Su corazón se llenó de amor, y sus ojos derramaban lágrimas; entonces pudo capturar por completo los pies de loto del Señor en lo más profundo de su corazón. VERSO 7. Prahlāda Mahārāja fijó la mente y la mirada en el Señor Nṛsiḿhadeva, con atención perfecta y en completo trance. Con la mente firmemente establecida y la voz temblorosa, comenzó a ofrecer oraciones llenas de amor. VERSO 8. Prahlāda Mahārāja oró: ¿Qué posibilidad tengo yo, que he nacido en una familia de asuras, de ofrecer oraciones adecuadas para satisfacer a la Suprema Personalidad de Dios? Ni siquiera los torrentes de palabras maravillosas que hasta ahora han pronunciado las personas santas y los semidioses, encabezados por el Señor Brahmā, han logrado satisfacerle; todas esas personas gozan de grandes cualidades, por influencia de la modalidad de la bondad. ¿Qué se puede decir de mí? Yo no estoy cualificado en absoluto. VERSO 9. Prahlāda Mahārāja continuó: Puede que poseamos riquezas, una familia aristocrática, belleza, austeridad, educación, habilidad sensorial, brillo, influencia, fuerza física, presteza, inteligencia y poder místico de yoga, pero creo que ni siquiera con todas esas cualidades podemos satisfacer a la Suprema Personalidad de Dios. Sin embargo, con servicio devocional sí Le podemos satisfacer. Así lo hizo Gajendra, y el Señor quedó satisfecho con Él. VERSO 10. Un brāhmaŠa puede estar dotado de las doce cualidades brahmínicas [que se explican en el libro titulado Sanat-sujāta], pero, si no es devoto y siente aversión por los pies de loto del Señor, ciertamente es inferior al devoto que, aunque nacido en una familia de comedores de perros, lo ha consagrado todo, es decir, la mente, las palabras, las actividades, las riquezas y la vida, al Señor Supremo. Ese devoto es mejor que el brāhmaŠa, porque puede purificar a toda su familia, mientras que el supuesto brāhmaŠa, absorto en el falso prestigio de su posición, no puede purificarse ni a sí mismo. VERSO 11. El Señor Supremo, la Suprema Personalidad de Dios, siempre está plenamente satisfecho en Sí mismo. Por eso, cuando se Le ofrece algo, esa ofrenda, por la misericordia del Señor, es para beneficio del devoto, pues el Señor no necesita del servicio de nadie. Para dar un ejemplo, si una cara está adornada, el reflejo de la cara en un espejo también lo estará. VERSO 12. Por esa razón, yo, a pesar de haber nacido en una familia demoníaca, puedo sin duda poner todo mi empeño en ofrecer oraciones al Señor, en la medida en que mi inteligencia me lo permita. Todo aquel a quien la ignorancia haya forzado a entrar en el mundo material puede purificarse de la vida material si ofrece oraciones al Señor y escucha cantar Sus glorias. VERSO 13. ¡Oh, mi Señor!, todos los semidioses, comenzando por el Señor Brahmā, son sirvientes sinceros de Tu Señoría, que estás situado en una posición trascendental. Por lo tanto, no son como nosotros [Prahlāda y su padre, el demonio Hiraṇyakaśipu]. Tu advenimiento en esta terrible forma es un pasatiempo que realizas para Tu propio placer. Tu encarnación siempre tiene como objetivo la protección y el progreso del universo. VERSO 14. Mi Señor Nṛsiḿhadeva, por favor, calma Tu ira ahora que mi padre, el gran demonio Hiraṇyakaśipu, ha sido matado. Incluso las personas santas se complacen cuando se mata una serpiente o un escorpión; por eso, la muerte de ese demonio ha sido una gran satisfacción para los tres mundos. Ahora están seguros de que podrán ser felices, y siempre recordarán Tu auspiciosa encarnación para liberarse del temor. VERSO 15. Mi Señor, Tú nunca eres vencido por nadie; verdaderamente, no siento temor del feroz aspecto de Tu lengua y de Tu boca, ni de Tus ojos, que brillan como el Sol, ni de Tu fruncido entrecejo. No siento miedo de Tus colmillos, afilados y puntiagudos, ni de Tu collar de intestinos, ni de Tu melena empapada en sangre, ni de Tus orejas, altas y puntiagudas. Tampoco temo Tu estruendoso rugido, que hace huir a los elefantes a lugares remotos, ni Tus uñas, destinadas a matar a Tus enemigos. VERSO 16. ¡Oh, Señor de poder insuperable, que tan bueno eres con las almas caídas!, como resultado de mis actividades, he tenido que vivir entre demonios, de modo que la condición de mi vida en el mundo material me llena de temor. ¿Cuándo llegará el momento en que me llames al refugio de Tus pies de loto, que son el objetivo supremo de la liberación de la vida condicionada? VERSO 17. ¡Oh, Señor Supremo!, ¡oh, Tú, que eres grande!, debido al contacto y la separación de circunstancias agradables y desagradables, nos vemos en una posición muy desdichada en planetas celestiales o infernales, como si ardiésemos en el fuego de la lamentación. Muchos son los remedios que pueden liberarnos de esa vida miserable, pero, en el mundo material, todos los remedios son más miserables que las miserias mismas. Por eso, creo que el único remedio es ocuparse en Tu servicio. Por favor, instrúyeme acerca de ese servicio. VERSO 18. ¡Oh, mi Señor Nṛsiḿhadeva!, si me ocupo en Tu servicio amoroso trascendental en compañía de devotos que sean almas liberadas [haˆsas], quedaré completamente libre de la contaminación debida al contacto con las tres modalidades de la naturaleza material, y podré cantar las glorias de Tu Señoría, por quien siento tanto afecto. Cantaré Tus glorias, siguiendo estrictamente los pasos del Señor Brahmā y su sucesión discipular. De ese modo, sin lugar a dudas, podré cruzar el océano de la nesciencia. VERSO 19. ¡Oh, Supremo Señor Nṛsiḿhadeva!, debido al concepto corporal de la vida, las almas corporificadas que Tú abandonas a su propia suerte no pueden hacer nada por mejorar. Todas sus soluciones, aunque temporalmente beneficiosas, en realidad son transitorias. Los padres, por ejemplo, no pueden proteger a su hijo, el médico y su medicina no pueden aliviar al paciente que sufre, y un barco en medio del océano no puede salvar al que se ahoga. VERSO 20. Mi querido Señor, en el mundo material, todos estamos sometidos a las modalidades de la naturaleza material, bajo la influencia de la bondad, la pasión y la ignorancia. Todos, desde la personalidad más eminente, el Señor Brahmā, hasta la diminuta hormiga, actuamos bajo la influencia de esas modalidades. Por lo tanto, en el mundo material todos estamos bajo la influencia de Tu energía. Tanto la causa que nos hace actuar, como el lugar y el momento de la acción, el objeto que nos lleva a actuar, el objetivo que hemos considerado supremo en la vida, y el proceso para alcanzar ese objetivo, no son más que manifestaciones de Tu energía. En verdad, la energía y la fuente de energía son idénticos; por lo tanto, todo ello son manifestaciones de Tu persona. VERSO 21. ¡Oh, Señor!, ¡oh, supremo eterno!, con la expansión de Tu porción plenaria, y por intermedio de Tu energía externa, agitada por el tiempo, has creado los cuerpos sutiles de las entidades vivientes. De ese modo, la mente atrapa a la entidad viviente en una ilimitada diversidad de deseos que debe satisfacer conforme a las indicaciones védicas de karma-kāŠḍa [actividad fruitiva] y con los dieciséis elementos. ¿Quién puede liberarse de ese enredo a excepción de aquel que se ha refugiado en Tus pies de loto? VERSO 22. Mi querido Señor, que eres grande y supremo, Tú has creado este mundo material compuesto de dieciséis elementos, pero eres trascendental a sus cualidades materiales. En otras palabras, esas cualidades materiales están completamente bajo Tu control, y Tú nunca caes bajo su influencia. Por eso, el factor tiempo es una representación de Tu persona. Mi Señor, ¡oh, Supremo!, nadie puede conquistarte. Sin embargo, en lo que a mí respecta, estoy siendo aplastado por la rueda del tiempo; por ello, me entrego completamente a Ti. Ahora, por favor, acógeme al amparo de Tus pies de loto. VERSO 23. Mi querido Señor, la gente, por lo general, desea elevarse a los sistemas planetarios superiores para gozar de una larga vida de opulencias y disfrute; yo, sin embargo, ya he visto todo eso en las actividades de mi padre. Cuando estaba iracundo y soltaba sus sarcásticas carcajadas, los semidioses quedaban derrotados con sólo ver los movimientos de sus cejas. Sin embargo, Tú has vencido a mi padre en un momento, a pesar de todo su poder. VERSO 24. Mi querido Señor, ahora poseo una experiencia completa acerca de la opulencia mundana, el poder místico, la longevidad y otros placeres materiales de que disfrutan todas las entidades vivientes, desde el Señor Brahmā hasta la hormiga. Todo eso lo destruyes Tú en Tu poderosa forma del tiempo. Por lo tanto, y gracias a mi experiencia, no deseo poseer nada de eso. Mi querido Señor, Te pido que me pongas en contacto con Tu devoto puro y me permitas servirle como un sirviente sincero. VERSO 25. En el mundo material, toda entidad viviente aspira a una cierta felicidad, que es como un espejismo en el desierto. ¿Dónde hay agua en el desierto?, o, en otras palabras, ¿dónde hay felicidad en el mundo material? En cuanto al cuerpo, ¿de qué sirve? No es más que una fuente de enfermedades. Los supuestos filósofos, científicos y políticos lo saben muy bien, pero, aun así, aspiran a una felicidad temporal. La felicidad es muy difícil de obtener, pero como no pueden controlar sus sentidos, corren tras esa supuesta felicidad del mundo material y nunca llegan a la conclusión correcta. VERSO 26. ¡Oh, mi Señor!, ¡oh, Supremo!, ¿cuál es mi posición, si he nacido en una familia en la que imperan las infernales cualidades materiales de la pasión y la ignorancia? ¿Y qué puede decirse de Tu misericordia sin causa, que jamás le fue ofrecida ni siquiera al Señor Brahmā, al Señor ®iva o a Lakṣmī, la diosa de la fortuna? Tú nunca pusiste Tu mano de loto sobre sus cabezas, pero la has puesto sobre la mía. VERSO 27. A diferencia de las entidades vivientes comunes, mi Señor, Tú no distingues entre amigos y enemigos, entre favorables y desfavorables, pues en Ti no existen los conceptos de superior e inferior. Aun así, Tú ofreces Tus bendiciones conforme al nivel del servicio que se Te ofrece, del mismo modo que un árbol de deseos ofrece sus frutos conforme a los deseos de la persona, y no distingue entre superiores e inferiores. VERSO 28. Mi querido Señor, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios!, por haberme relacionado con los deseos materiales, que se sucedían uno tras otro, poco a poco me fui hundiendo en un pozo oculto lleno de serpientes, siguiendo los pasos de la gente. Sin embargo, Tu sirviente Nārada Muni tuvo la bondad de aceptarme como discípulo y me enseñó la manera de alcanzar esta posición trascendental. Mi primer deber, por lo tanto, es servirle. ¿Cómo podría yo abandonar su servicio? VERSO 29. Mi Señor, ¡oh, reserva ilimitada de cualidades trascendentales!, Tú has matado a mi padre, Hiraṇyakaśipu, y me has salvado de su espada. Él, lleno de ira, dijo: «Si existe algún controlador supremo aparte de mí, que venga a salvarte, porque ahora mismo voy a cortarte la cabeza». Por eso, pienso que Tú, tanto al salvarme a mí como al matarle a él, has actuado sólo para demostrar la verdad de las palabras de Tu devoto. No hay ninguna otra razón. VERSO 30. Mi querido Señor, Tú Te manifiestas como la totalidad de la manifestación cósmica, pues existías antes de la creación, existes después de la aniquilación y eres el sustentador desde el principio hasta el fin. Todo ello lo lleva a cabo Tu energía externa mediante las acciones y reacciones de las tres modalidades de la naturaleza material. Por lo tanto, todo lo que existe, tanto externa como internamente, eres solamente Tú. VERSO 31. Mi querido Señor, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios!, Tú eres la causa de toda la creación cósmica, y la manifestación cósmica es un efecto de Tu energía. En realidad, aunque el cosmos eres simplemente Tú, Tú Te mantienes aparte de él. El concepto de «mío» y «tuyo» es ciertamente un tipo de ilusión [māyā], ya que todo es una emanación de Ti, y, por lo tanto, no es diferente de Ti. En verdad, la manifestación cósmica no es diferente de Ti, y Tú eres también la causa de la aniquilación. Esa relación entre Tu Señoría y el cosmos se ilustra con el ejemplo de la semilla y el árbol, o la causa sutil y la manifestación densa. VERSO 32. ¡Oh, mi Señor!, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios!, después de la aniquilación, la energía creativa se repliega en Ti, que pareces dormir con los ojos semicerrados. Pero, en realidad, Tú no duermes como un ser humano corriente, pues siempre estás en un estado trascendental, más allá de la creación del mundo material, y siempre sientes bienaventuranza trascendental. Así, en Tu forma de Kāraṇodakaśāyī Viṣṇu, permaneces en Tu posición trascendental, sin contacto con los objetos materiales. Aunque pareces dormir, ese sueño es distinto del sueño producto de la ignorancia. VERSO 33. Esta manifestación cósmica, el mundo material, es también Tu cuerpo. El conjunto de esta masa de materia es agitado por Tu poderosa energía kāla-śakti, y de ese modo se manifiestan las tres modalidades de la naturaleza material. Tú despiertas en el lecho de Śeṣa, Ananta, y de Tu ombligo se genera una pequeña semilla trascendental. De esa semilla se manifiesta la flor de loto del gigantesco universo, del mismo modo que un árbol de los banianos crece a partir de una pequeña semilla. VERSO 34. De esa gran flor de loto se generó Brahmā, pero Brahmā, ciertamente, no podía ver nada más que ese loto. Por eso, pensando que Tú estabas fuera, el Señor Brahmā se sumergió en el agua, y durante cien años trató de encontrar el origen del loto. Sin embargo, no pudo hallar rastro alguno de Ti, pues, cuando una semilla fructifica, la semilla original deja de ser visible. VERSO 35. El Señor Brahmā, que es famoso por ser ātma-yoni, ya que nació sin madre, estaba completamente maravillado. Fue así como se refugió en la flor de loto y se sometió a rigurosas austeridades durante muchos cientos de años; cuando estuvo purificado, pudo ver a la causa de todas las causas, la Suprema Personalidad de Dios, que Se difundía por su propio cuerpo y sus sentidos, del mismo modo que el aroma, que se puede percibir en la tierra a pesar de que es muy sutil. VERSO 36. El Señor Brahmā pudo ver entonces que Tú posees miles y miles de caras, pies, cabezas, manos, muslos, narices, oídos y ojos. Tú estabas muy bien vestido, adornado y engalanado con toda clase de alhajas y armas. Al verte en la forma del Señor Viṣṇu, con Tus características y Tu forma trascendentales, con Tus piernas que se extendían desde los planetas inferiores, el Señor Brahmā se llenó de bienaventuranza trascendental. VERSO 37. Mi querido Señor, cuando apareciste en Tu forma con cabeza de caballo, Hayagr…va, mataste a dos demonios llamados Madhu y Kai˜abha, que estaban completamente dominados por las modalidades de la pasión y la ignorancia. Entonces entregaste el conocimiento védico al Señor Brahmā. Por esa razón, todos los grandes santos admiten que Tus formas son trascendentales, sin el menor rastro de cualidades materiales. VERSO 38. De ese modo, mi Señor, Tú apareces en diversas encarnaciones, con la forma de un ser humano, un animal, un gran santo, un semidiós, un pez o una tortuga, manteniendo con ello toda la creación en distintos sistemas planetarios y acabando con los principios demoníacos. Tú, ¡oh, mi Señor!, proteges los principios de la religión propios de cada era. Sin embargo, en la era de Kali Tú no proclamas ser la Suprema Personalidad de Dios, y por ello se Te conoce con el nombre de Triyuga, el Señor que adviene en tres yugas. VERSO 39. Mi querido Señor de los planetas VaikuŠ˜has, en los que no existe la ansiedad, mi mente, demasiado pecaminosa y rebosante de deseos de disfrute, a veces se encuentra falsamente feliz, y, otras veces, falsamente afligida. Mi mente está llena de lamentación y temor, siempre en busca de más y más dinero. De ese modo, ahora está muy contaminada y nunca se satisface con los temas que tratan de Ti. Por ello soy muy caído y mísero. Viviendo en semejante condición, ¿qué puedo decir de Tus actividades? VERSO 40. Mi querido Señor, ¡oh, infalible!, mi posición es como la de una persona con muchas esposas, todas empeñadas en atraerle a su propia manera. Por ejemplo, la lengua siente atracción por los platos sabrosos, los genitales por la relación sexual con mujeres atractivas, y el sentido del tacto por el contacto con cosas suaves. El estómago quiere comer más, aunque esté lleno, y el oído nunca trata de escuchar acerca de Ti, sino que suele sentirse atraído por las canciones de moda. Por su parte, el sentido del olfato se deja llevar en otra dirección, los inquietos ojos sienten atracción por las escenas de complacencia sensorial, y los sentidos activos también se ven atraídos por otros objetos. Así pues, me encuentro en una situación verdaderamente embarazosa. VERSO 41. Mi querido Señor, Tú Te encuentras siempre en una posición trascendental a la otra orilla del río de la muerte, pero nosotros, debido a las reacciones de nuestras propias actividades, estamos sufriendo en esta orilla. En verdad, hemos caído en este río, donde sufrimos reiteradamente los tormentos del nacimiento y la muerte y comemos cosas horribles. Ahora, por favor, vuelve Tus ojos hacia nosotros — no sólo hacia mí, sino hacia todas las personas que sufren— y, por Tu compasión y Tu misericordia sin causa, libéranos y mantennos. VERSO 42. ¡Oh, mi Señor!, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios, maestro espiritual original del mundo entero!, para Ti, que diriges los asuntos del universo, liberar a las almas caídas que se ocupan en Tu servicio devocional no supone la menor dificultad. Tú eres el amigo de la sufriente humanidad, y las grandes personalidades tienen el deber de mostrarse misericordiosas con los necios. Por eso creo que vas a mostrar Tu misericordia sin causa a las personas como nosotros, que nos ocupamos en Tu servicio. VERSO 43. ¡Oh, joya entre las grandes personalidades!, no siento el menor temor de la existencia material, pues allí donde me encuentre estoy completamente absorto en pensar en Tus glorias y actividades. Mi única preocupación son los necios y sinvergüenzas que elaboran complicados planes para alcanzar la felicidad material y mantener a sus familias, sociedades y países. Me preocupan porque siento amor por ellos. VERSO 44. Mi querido Señor Nṛsiḿhadeva, veo que, ciertamente, hay muchas personas santas, pero su único interés es su propia salvación. Sin preocuparse de las grandes ciudades y pueblos, se retiran a los Himalayas o al bosque y hacen votos de silencio [mauna-vrata] para meditar. No tienen interés en salvar a los demás. Yo, por mi parte, no deseo liberarme solo, dejando aquí a todos estos pobres necios y sinvergüenzas. Sé que sin conciencia de Kṛṣṇa, sin refugiarse en Tus pies de loto, no se puede ser feliz. Por esto deseo llevarles de nuevo al refugio de Tus pies de loto. VERSO 45. La vida sexual se compara al acto de frotarse las manos para aliviar un picor. Los gṛhamedhis, los falsos gṛhasthas carentes de conocimiento espiritual, creen que ese picor es el grado más alto de felicidad posible, aunque en realidad no es más que una fuente de aflicción. Los KṛpaŠas, los necios que son lo opuesto de los brāhmaṇas, se entregan una y otra vez al disfrute de los sentidos sin alcanzar la satisfacción. Sin embargo, los que son dh…ras, los que son sobrios y pueden tolerar ese picor, no están sujetos a los sufrimientos de los necios y sinvergüenzas. VERSO 46. ¡Oh, Suprema Personalidad de Dios!, en la senda de la liberación hay diez métodos prescritos: permanecer en silencio, sin hablar con nadie, observar votos, acumular toda clase de conocimientos védicos, someterse a austeridades, estudiar los Vedas y otros textos védicos, cumplir los deberes del varŠāśrama-dharma, explicar los śāstras, permanecer en un lugar solitario, cantar mantras en silencio, y absorberse en trance. Para aquellos que no han dominado sus sentidos, estos métodos de liberación generalmente no pasan de ser una práctica profesional y una forma de ganarse el sustento. A esas personas, debido a su orgullo falso, puede que esos procedimientos no las conduzcan al éxito. VERSO 47. Mediante el conocimiento védico autorizado se puede ver que las formas de causa y efecto presentes en la manifestación cósmica pertenecen a la Suprema Personalidad de Dios, pues la manifestación cósmica es Su energía. Tanto la causa como el efecto son simplemente energías del Señor. Por lo tanto, ¡oh, mi Señor!, del mismo modo que un sabio considera la causa y el efecto y puede detectar la presencia del fuego en la madera, aquellos que se ocupan en el servicio devocional entienden que Tú eres a la vez la causa y el efecto. VERSO 48. ¡Oh, Señor Supremo!, Tú eres en verdad el aire, la tierra, el fuego, el cielo y el agua. Tú eres los objetos de la percepción de los sentidos, los aires vitales, los cinco sentidos, la mente, la conciencia y el ego falso. En verdad, Tú lo eres todo, lo denso y lo sutil. Los elementos materiales y todo lo que pueda expresarse, sea con palabras o con la mente, no son otra cosa que Tú. VERSO 49. Ni las tres modalidades de la naturaleza material [sattva-guŠa, rajo-guŠa y tamo- guŠa], ni sus respectivas deidades regentes, ni los cinco elementos densos, ni la mente, ni los semidioses ni los seres humanos pueden entender a Tu Señoría, pues todos ellos están sujetos al nacimiento y a la aniquilación. Teniendo esto en cuenta, las personas espiritualmente avanzadas se dedican al servicio devocional. Esos sabios casi ni se molestan en estudiar los Vedas. En cambio, se ocupan en servicio devocional práctico. VERSO 50. Por lo tanto, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios, que eres la mejor de las personas dignas de nuestras oraciones!, Te ofrezco mis respetuosas reverencias, pues sin ofrecerte seis clases de servicio devocional, por medio de oraciones, dedicándote todos los resultados de las actividades, adorándote, trabajando para Ti, recordando siempre Tus pies de loto y escuchando Tus glorias, ¿quién puede obtener el destino de los paramahaˆsas? VERSO 51. El gran santo Nārada dijo: Con estas oraciones, ofrecidas desde el plano trascendental, el devoto Prahlāda Mahārāja apaciguó al Señor Nṛsiḿhadeva. El Señor calmó Su ira, y, mostrándose muy bondadoso con Prahlāda, que estaba postrado y Le ofrecía reverencias, habló de la siguiente manera. VERSO 52. La Suprema Personalidad de Dios dijo: Mi querido Prahlāda, eres muy noble, la joya de la familia de los asuras, y te deseo toda buena fortuna. Estoy muy complacido contigo. Cumplir los deseos de todos los seres vivos es Mi pasatiempo; por lo tanto puedes pedirme la bendición que desees. VERSO 53. Mi querido Prahlāda, que vivas una larga vida. Quien no Me haya complacido, no podrá percibirme ni comprenderme, pero el que Me haya visto o complacido no tendrá que lamentarse nunca más por su propia satisfacción. VERSO 54. Mi querido Prahlāda, eres muy afortunado. Por favor, déjame decirte que las personas que son muy sabias y elevadas cultivan las melosidades más diversas para tratar de complacerme, pues Yo soy la única persona que puede satisfacer los deseos de todos. VERSO 55. Nārada Muni dijo: Prahlāda Mahārāja era la joya de la familia de los asuras, que siempre aspiran a la felicidad material. Sin embargo, a pesar de que la Suprema Personalidad de Dios le tentó ofreciéndole toda clase de bendiciones de felicidad material, Prahlāda, debido a la pureza de su conciencia de Kṛṣṇa, o quiso aceptar ningún beneficio material de complacencia de los sentidos. CAPÍTULO 10. PRAHLšDA, EL MÁS EXCELSO DE LOS DEVOTOS. VERSO 1. El santo Nārada Muni continuó: Prahlāda Mahārāja sólo era un niño, pero, al escuchar las bendiciones que el Señor Nṛsiḿhadeva le ofrecía, las consideró obstáculos en la senda del servicio devocional. Entonces, sonriendo con dulzura, dijo lo siguiente. VERSO 2. Prahlāda Mahārāja dijo: Mi querido Señor, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios!, he nacido en una familia atea, y por naturaleza estoy apegado al disfrute material. Así pues, por favor, Te ruego que no me tientes con esas ilusiones. Siento mucho temor del condicionamiento material, y deseo liberarme de la vida materialista. Ésa es la razón por la que me he refugiado en Tus pies de loto. VERSO 3. ¡Oh, mi adorable Señor!, la semilla de los deseos de disfrute, que es la causa originaria de la existencia material, está en lo más hondo del corazón de todos. Por esa razón, Tú me has traído al mundo material para manifestar las características de un devoto puro. VERSO 4. Por lo demás, ¡oh, mi Señor!, ¡oh, instructor supremo del mundo entero!, Tú eres tan bondadoso con Tu devoto que no podrías inducirle a hacer nada que no fuese beneficioso para él. Por otra parte, el que desea beneficios materiales a cambio de su servicio devocional no puede ser Tu devoto puro. En verdad, no es mejor que un comerciante que quiere ganar algo a cambio de su servicio. VERSO 5. El sirviente que desea beneficios materiales de su amo no es, ciertamente, un sirviente cualificado, un devoto puro. Del mismo modo, el amo que concede bendiciones a su sirviente con el deseo de mantener su prestigiosa posición de amo, tampoco es un amo puro. VERSO 6. ¡Oh, mi Señor!, yo Te ofrezco servicio sin motivaciones, y Tú eres mi amo eterno. No hay necesidad de que seamos otra cosa que amo y sirviente. Tú eres mi amo por naturaleza, y yo, por naturaleza, soy Tu sirviente. No tenemos otra relación. VERSO 7. ¡Oh, mi Señor, que eres el mejor entre los que pueden dar bendiciones!, si Tu Señoría, a pesar de todo, quieres concederme una bendición, entonces Te pido que en lo más profundo de mi corazón no haya deseos materiales. VERSO 8. ¡Oh, mi Señor!, los deseos de disfrute, que nos acosan desde el mismo momento de nacer, arruinan las funciones de los sentidos, la mente, la vida, el cuerpo, la religión, la paciencia, la inteligencia, el pudor, la opulencia, la fuerza, la memoria y la veracidad. VERSO 9. ¡Oh, mi Señor!, el ser humano que puede abandonar todos los deseos materiales de la mente es apto para poseer unas riquezas y opulencias como las Tuyas. VERSO 10. ¡Oh, mi Señor, pleno en seis opulencias!, ¡oh, Persona Suprema!, ¡oh, Alma Suprema, que acabas con todas las miserias!, ¡oh, Persona Suprema, que has adoptado una maravillosa forma de hombre y león!, yo Te ofrezco mis respetuosas reverencias. VERSO 11. La Suprema Personalidad de Dios dijo: Mi querido Prahlāda, un devoto como tú nunca desea ningún tipo de opulencias materiales, ni en esta vida ni en la siguiente. Aun así, te ordeno que disfrutes de las opulencias de los demonios en el mundo material y que seas su rey hasta el final del período de Manu. VERSO 12. No importa que estés en el mundo material. Debes escuchar siempre, continuamente, las instrucciones y mensajes que Yo doy, y estar siempre absorto en pensar en Mí, pues Yo soy la Superalma y estoy en lo más profundo del corazón de todos. Por lo tanto, abandona las actividades fruitivas y adórame. VERSO 13. Mi querido Prahlāda, mientras permanezcas en el mundo material, vivirás feliz hasta agotar todas las reacciones de tus actividades piadosas, y neutralizarás las actividades impías con obras piadosas. Debido a la poderosa influencia del factor tiempo, abandonarás el cuerpo, pero las glorias de tus actividades se cantarán en los sistemas planetarios superiores; completamente libre de toda forma de cautiverio, irás de regreso al hogar, de vuelta a Dios. VERSO 14. Aquel que siempre recuerde tus actividades y también las Mías, y recite las oraciones que has ofrecido, a su debido tiempo se liberará de las reacciones de las actividades materiales. VERSOS 15, 16 y 17. Prahlāda Mahārāja dijo: ¡Oh, Señor Supremo!, como Tú eres muy misericordioso con las almas caídas, Te pediré una sola bendición. Sé que mi padre, en el momento de morir, ya había sido purificado por Tu mirada; él, sin embargo, ignoraba la belleza de Tu poder y supremacía, de modo que estaba innecesariamente irritado contigo, pensando que habías asesinado a su hermano. De ese modo, blasfemó directamente contra Tu Señoría, el maestro espiritual de todos los seres vivos, y cometió gravísimas actividades pecaminosas contra mí, que soy Tu devoto. Deseo que se le perdonen esas actividades pecaminosas. VERSO 18. La Suprema Personalidad de Dios dijo: Mi querido Prahlāda, el más puro, ¡oh, gran persona santa!, tu padre se ha purificado, junto con veintiún antepasados de tu familia. Debido a tu nacimiento en la familia, toda la dinastía se ha purificado. VERSO 19. Allí donde haya devotos pacíficos y equilibrados, que saben comportarse y están adornados con todas las buenas cualidades, ese lugar y las dinastías que en él viven se purifican, por mezquinos que puedan ser. VERSO 20. Mi querido Prahlāda, rey de los daityas, Mi devoto está apegado a ofrecerme servicio devocional, de modo que no distingue entre entidades vivientes superiores e inferiores. Nunca siente envidia de nadie, en ningún aspecto. VERSO 21. Aquellos que sigan tu ejemplo, de modo natural se volverán Mis devotos puros. Tú eres el mejor ejemplo de devoto, y todos deben seguir tus pasos. VERSO 22. Mi querido niño, tu padre ya se ha purificado, gracias al contacto con Mi cuerpo en el momento de morir. No obstante, todo hijo tiene el deber de celebrar la ceremonia ritual śrāddha tras la muerte de su padre, de manera que éste pueda elevarse a un sistema planetario en el que llegue a ser un buen devoto y un buen ciudadano. VERSO 23. Después de celebrar esas ceremonias rituales, hazte cargo del reino de tu padre. Siéntate en el trono y no permitas que las actividades materialistas te distraigan. Por favor, mantén tu mente siempre fija en Mí. Sin pasar por alto los mandamientos de los Vedas, debes aceptar como cuestión formal el cumplimiento de los deberes que te corresponden. VERSO 24. ®r… Nārada Muni continuó: Así, cumpliendo la orden de la Suprema Personalidad de Dios, Prahlāda Mahārāja celebró las ceremonias rituales por su padre. Después, ¡oh, rey Yudhiṣṭhira!, ascendió al trono del reino de Hiraṇyakaśipu, conforme a las indicaciones de los brāhmaṇas. VERSO 25. Al ver que el Señor estaba complacido, el Señor Brahmā, rodeado de los demás semidioses, estaba radiante. Entonces ofreció oraciones al Señor con palabras trascendentales. VERSO 26. El Señor Brahmā dijo: ¡Oh, Señor Supremo de todos los señores, propietario del universo entero!, ¡oh, persona original [ādi-puruṣa], que derramas bendiciones sobre todas las entidades vivientes!, debido a nuestra buena fortuna, ahora has matado a ese demonio pecador, fuente de trastornos para todo el universo. VERSO 27. Yo concedí a ese demonio, Hiraṇyakaśipu, la bendición de que no sería matado por ningún ser vivo de mi creación. Con esa garantía y con la fuerza que obtuvo de sus austeridades y del poder místico, se volvió demasiado orgulloso y desobedeció todos los mandamientos védicos. VERSO 28. Es una gran fortuna que Prahlāda Mahārāja, el hijo de Hiraṇyakaśipu, se haya liberado de la muerte, pues, a pesar de ser un niño, es un devoto excelso. Ahora se encuentra por completo bajo la protección de Tus pies de loto. VERSO 29. Mi querido Señor, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios!, Tú eres el alma suprema. Si alguien medita en Tu cuerpo trascendental, Tú naturalmente le protegerás de toda fuente de temor, incluso del peligro inminente de la muerte. VERSO 30. La Personalidad de Dios contestó: Mi querido Señor Brahmā, ¡oh, gran señor nacido de la flor de loto!, los demonios son feroces y envidiosos por naturaleza, y darles bendiciones es tan peligroso como alimentar con leche a una serpiente. Nunca vuelvas a dar esa clase de bendiciones a un demonio. VERSO 31. Nārada Muni continuó: ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, la Suprema Personalidad de Dios, a quien los seres humanos comunes no pueden ver, dio estas instrucciones al Señor Brahmā, y, tras recibir su adoración, desapareció del lugar. VERSO 32. Después, Prahlāda Mahārāja adoró y ofreció oraciones a todos los semidioses, como Brahmā, ®iva y los prajāpatis, todos los cuales son partes del Señor. VERSO 33. A continuación, asistido por ®ukrācārya y otros grandes santos, el Señor Brahmā, el que se sienta en la flor de loto, coronó a Prahlāda como rey de todos los demonios y gigantes del universo. VERSO 34. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, después de ser debidamente adorados por Prahlāda Mahārāja, los semidioses, al frente de los cuales estaba el Señor Brahmā, ofrecieron a Prahlāda sus mayores bendiciones y partieron hacia sus respectivas moradas. VERSO 35. De este modo fueron matados los dos sirvientes del Señor Viṣṇu que nacieron como Hiraṇyākṣa e Hiraṇyakaśipu, los hijos de Diti. Bajo la influencia de la ilusión, habían pensado que el Señor Supremo, que Se encuentra en el corazón de todos, era su enemigo. VERSO 36. Debido a la maldición de los brāhmaṇas, esos mismos sirvientes del Señor nacieron después como KumbhakarŠa y RāvaŠa, el de las diez cabezas. El Señor Rāmacandra, con Su extraordinario poder, mató a esos dos rākṣasas. VERSO 37. Ambos, KumbhakarŠa y RāvaŠa, cayeron al suelo atravesados por las flechas del Señor Rāmacandra y abandonaron el cuerpo completamente absortos en pensar en el Señor, como les había sucedido en su vida anterior, cuando eran Hiraṇyākṣa e Hiraṇyakaśipu. VERSO 38. Cuando volvieron a nacer en la sociedad humana, esta vez como Śiśupāla y Dantavakra, mantenían la misma actitud hostil contra el Señor. Fueron ellos quienes se fundieron en el cuerpo del Señor en tu presencia. VERSO 39 Además de Śiśupāla y Dantavakra, muchísimos reyes que actuaron como enemigos de Kṛṣṇa alcanzaron la salvación en el momento de la muerte. Por estar pensando en el Señor, recibieron cuerpos espirituales con la misma forma que el cuerpo del Señor, del mismo modo que los gusanos cazados por un zángano negro obtienen un cuerpo del mismo tipo que el zángano. VERSO 40. Mediante el servicio devocional, los devotos puros que piensan sin cesar en la Suprema Personalidad de Dios reciben un cuerpo semejante al Suyo. Eso se denomina sār™pya-mukti. Śiśupāla, Dantavakra y los demás reyes pensaban en Kṛṣṇa considerándole su enemigo, pero, aun así, alcanzaron el mismo resultado. VERSO 41. Así pues, te he respondido a todo lo que me preguntaste acerca de que Śiśupāla y otros alcanzaran la salvación a pesar de ser enemigos del Señor. VERSO 42. En esta narración acerca de Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, te he hablado también de varias expansiones o encarnaciones del Señor, así como de la muerte de los dos demonios Hiraṇyākṣa e Hiraṇyakaśipu. VERSOS 43 y 44. Esta narración describe las gloriosas cualidades del gran devoto Prahlāda Mahārāja, la firmeza de su servicio devocional, su conocimiento perfecto y su completo desapego de la contaminación material. También describe a la Suprema Personalidad de Dios como causa de la creación, el mantenimiento y la aniquilación. Prahlāda Mahārāja, en sus oraciones, ha descrito las cualidades trascendentales del Señor; también ha señalado que las moradas de los semidioses y los demonios, por mucha opulencia material de que gocen, quedan destruidas con una simple indicación del Señor. VERSO 45. Los principios de la religión que nos permiten entender realmente a la Suprema Personalidad de Dios reciben el nombre de bhāgavata-dharma. Por lo tanto, en esta narración, cuyo tema son esos principios, se describe adecuadamente la verdadera realidad trascendental. VERSO 46. Aquel que escuche y repita esta narración acerca de la omnipotencia de la Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu, tiene ciertamente asegurada la liberación del cautiverio material. VERSO 47. Prahlāda Mahārāja era el mejor de los devotos excelsos. Todo el que escuche con gran atención este relato acerca de las actividades de Prahlāda Mahārāja, la muerte de Hiraṇyakaśipu y las actividades de la Suprema Personalidad de Dios, Nṛsiḿhadeva, tiene asegurado el mundo espiritual, donde no existe la ansiedad. VERSO 48. Nārada Muni continuó: Mi querido Mahārāja Yudhiṣṭhira, todos vosotros (los Pāṇḍavas) sois extraordinariamente afortunados, pues la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, vive en vuestro palacio con el aspecto de un ser humano corriente. Las grandes personas santas lo saben muy bien, y por ello visitan constantemente vuestra casa. VERSO 49. El Brahman impersonal es Kṛṣṇa mismo, ya que Kṛṣṇa es la fuente del Brahman impersonal. Él es el origen de la bienaventuranza trascendental que buscan las grandes personas santas; y, sin embargo, Él, la Persona Suprema, es vuestro más querido amigo y constante bienqueriente, y está estrechamente emparentado con vosotros como hijo de vuestro tío materno. En verdad, Él es siempre vuestro cuerpo y alma. Aunque es digno de adoración, actúa como sirviente vuestro y, a veces, como vuestro maestro espiritual. VERSO 50. Personas excelsas de la talla del Señor ®iva y el Señor Brahmā no pudieron explicar adecuadamente la verdad acerca de la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa. Que el Señor, a quien adoran como protector de los devotos los grandes sabios que observan votos de silencio, meditación, servicio devocional y renuncia, se complazca con nosotros. VERSO 51. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, la historia cuenta que, en tiempos muy remotos, un demonio llamado Maya Dānava, que era muy experto en el conocimiento técnico, rebajó la fama del Señor ®iva. En aquella situación, el Señor ®iva fue salvado por Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 52. Mahārāja Yudhiṣṭhira dijo: ¿Por qué razón arruinó la reputación del Señor ®iva el demonio Maya Dānava? ¿Cómo salvó el Señor Kṛṣṇa al Señor ®iva? ¿Cómo le devolvió su reputación? Por favor, explícame esos episodios. VERSO 53. Nārada Muni dijo: Los semidioses, que por la gracia del Señor Kṛṣṇa siempre son poderosos, en cierta ocasión lucharon con los asuras y les derrotaron; los asuras entonces se refugiaron en Maya Dānava, el más grande de los demonios. VERSOS 54 y 55. Maya Dānava, el gran líder de los demonios, construyó tres residencias invisibles y se las entregó a los demonios. Esas moradas eran como aviones de oro, plata y hierro; en su interior todo era extraordinario. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, con esas tres moradas, los generales de los demonios eran invisibles a los semidioses. Aprovechando la oportunidad, los demonios, recordando su antigua enemistad, emprendieron la conquista de los tres mundos, es decir, los sistemas planetarios superior, medio e inferior. VERSO 56. Cuando los demonios comenzaron a destruir los sistemas planetarios superiores, los gobernantes de esos planetas acudieron al Señor ®iva, entregándose a él por completo, y dijeron: Querido señor, nosotros, los semidioses que vivimos en los tres mundos, estamos a punto de ser derrotados. Somos tus seguidores. Por favor, sálvanos. VERSO 57. El muy capacitado y poderoso Señor ®iva les tranquilizó diciendo: «No temáis». Entonces dispuso las flechas en su arco y las disparó hacia las tres residencias de los demonios. VERSO 58. Las flechas del Señor ®iva, que parecían rayos de fuego emanados del globo solar, cubrieron las tres residencias aéreas hasta hacerlas desaparecer de la vista. VERSO 59. Atacados por las doradas flechas del Señor ®iva, los demoníacos habitantes de aquellas tres moradas perdieron la vida y cayeron. Entonces, el gran místico Maya Dānava sumergió a los demonios en un pozo de néctar que había creado. VERSO 60. Al entrar en contacto con el néctar, los cuerpos muertos de los demonios se volvieron invulnerables a los rayos. Dotados de gran fuerza, se levantaron como relámpagos penetrando las nubes. VERSO 61. Al ver al Señor ®iva muy afligido y desanimado, la Suprema Personalidad de Dios, el Señor Viṣṇu, pensó en la manera de poner fin a las molestias que Maya Dānava estaba causando. VERSO 62. Entonces, el Señor Brahmā se transformó en ternero y el Señor Viṣṇu en vaca, y al mediodía entraron en las residencias aéreas y se bebieron todo el néctar del pozo. VERSO 63. Los demonios podían ver el ternero y la vaca, pero, debido a la ilusión creada por la energía de la Suprema Personalidad de Dios, no acertaban a detenerles. El gran místico Maya Dānava era consciente de que el ternero y la vaca se estaban bebiendo el néctar, y comprendió que ése era el invisible poder de la providencia. Entonces habló a los demonios, que se lamentaban llenos de pesar. VERSO 64. Maya Dānava dijo: Lo que el Señor Supremo nos ha destinado, a nosotros mismos, a los demás, y a todos conjuntamente, no hay ninguna persona en ningún lugar que pueda impedirlo, ni entre los semidioses, ni entre los demonios, ni entre los seres humanos ni en cualquier otra especie. VERSOS 65 y 66. Nārada Muni continuó: Después de esto, el Señor Kṛṣṇa Se valió de Su propia potencia personal, hecha de religión, conocimiento, renunciación, opulencia, austeridad, educación y actividades, para equipar al Señor ®iva con todo lo necesario: una cuadriga, un auriga, una bandera, caballos, elefantes, un arco, un escudo y flechas. Una vez perfectamente armado, el Señor ®iva tomó el arco y las flechas y se sentó en la cuadriga dispuesto a luchar contra los demonios. VERSO 67. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, el muy poderoso Señor ®iva armó el arco con las flechas, y, al mediodía, prendió fuego a las tres residencias de los demonios y las destruyó. VERSO 68. Desde sus aviones, en el cielo, los habitantes de los sistemas planetarios superiores hicieron resonar timbales. Los semidioses, santos, pitās, siddhas y otras grandes personalidades derramaron lluvias de flores sobre la cabeza del Señor ®iva, deseándole toda victoria, y las apsarās comenzaron a cantar y bailar con gran alegría. VERSO 69. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, desde entonces el Señor ®iva recibe el nombre de Tripurari, «el destructor de las tres moradas de los demonios», pues las redujo a cenizas. Tras recibir la adoración de los semidioses, encabezados por el Señor Brahmā, el Señor ®iva regresó a su propia morada. VERSO 70. El Señor, ®r… Kṛṣṇa, aunque apareció con forma humana, manifestó Su propia potencia en muchos pasatiempos extraordinarios y maravillosos. ¿Qué puedo decir yo de Sus actividades que no hayan dicho ya las grandes personas santas? Esas actividades, si se escuchan de labios de la fuente correcta, pueden purificar a todo el mundo. CAPÍTULO 11. LA SOCIEDAD PERFECTA: CUATRO CLASES SOCIALES. VERSO 1. ®ukadeva Gosvāmī continuó: Después de escuchar acerca de las actividades y la personalidad de Prahlāda Mahārāja, que las grandes personalidades, como el Señor Brahmā y el Señor ®iva, adoran y comentan, Yudhiṣṭhira Mahārāja, el rey más respetable de entre las personalidades excelsas, hizo otra pregunta al gran santo Nārada Muni, mostrando en su actitud el gran placer que sentía. VERSO 2. Mahārāja Yudhiṣṭhira dijo: Mi querido señor, deseo que me hables de los principios de la religión mediante los cuales se puede alcanzar el objetivo supremo de la vida, el servicio devocional. Deseo escuchar, en general, acerca de los deberes prescritos de la sociedad humana y acerca del sistema de varŠāśrama-dharma, que regula el progreso social y espiritual. VERSO 3. ¡Oh, el mejor de los brāhmaṇas!, tú eres, directamente, el hijo de Prajāpati [el Señor Brahmā]. Por tus austeridades y prácticas de yoga místico y trance, se te considera el mejor de todos los hijos del Señor Brahmā. VERSO 4. Nadie goza de mayor paz en su vida o es más misericordioso que tú; nadie sabe mejor que tú cómo practicar servicio devocional o cómo llegar a ser el mejor de los brāhmaṇas. Por consiguiente, tú conoces todos los principios confidenciales de la vida religiosa, y nadie los conoce mejor que tú. VERSO 5. ®r… Nārada Muni dijo: Antes de explicar los principios del sistema religioso eterno, que he escuchado de labios del Señor NārāyaŠa, ofrezco mis reverencias al Señor Kṛṣṇa, el protector de los principios religiosos de todas las entidades vivientes. VERSO 6. El Señor NārāyaŠa, junto con Su manifestación parcial, Nara, apareció en este mundo a través de la hija de Dakṣa Mahārāja llamada M™rti. Fue engendrado por Dharma Mahārāja para beneficio de todas las entidades vivientes. Todavía hoy continúa ocupado en grandes austeridades cerca del lugar que se conoce con el nombre de Badarikāśrama. VERSO 7. El Ser Supremo, la Personalidad de Dios, es la esencia de todo conocimiento védico, la raíz de todos los principios religiosos, y la memoria de las grandes autoridades. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, este principio religioso debe considerarse prueba concluyente. Partiendo de ese principio religioso, todo se satisface, mente, alma y cuerpo incluidos. VERSOS 8, 9, 10, 11 y 12. He aquí los principios generales que deben seguir todos los seres humanos: veracidad, misericordia, austeridad (observar ayuno determinados días del mes), bañarse dos veces al día, tolerancia, distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, control de la mente, control de los sentidos, no violencia, celibato, caridad, lectura de las Escrituras, simplicidad, satisfacción, ofrecer servicio a personas santas, abandono progresivo de todas las ocupaciones innecesarias, notar la futilidad de las actividades innecesarias de la sociedad humana, mantenerse grave y silencioso y evitar conversaciones inútiles, considerar si somos el cuerpo o el alma, repartir alimentos a todas las entidades vivientes por igual (a los hombres y a los animales), ver a todas las almas (y especialmente a las dotadas de forma humana) como partes del Señor Supremo, escuchar acerca de las actividades e instrucciones de la Suprema Personalidad de Dios (que es el refugio de las personas santas), glorificar esas actividades e instrucciones, recordarlas siempre, tratar de ofrecer servicio, ofrecer adoración, ofrecer reverencias, volverse un sirviente, llegar a ser amigo, y entregar todo nuestro ser. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, en la forma humana de vida deben adquirirse estas treinta cualidades. Por el simple hecho de adquirirlas, se puede complacer a la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 13. Aquellos que se han purificado por medio de la ceremonia garbhādāna y otros métodos reformatorios prescritos, que cuentan con la aprobación del Señor Brahmā y se llevan a cabo con mantras védicos y sin interrupción, son dvijas, nacidos por segunda vez. Esos brāhmaṇas, kṣatriyas y vaiśyas , purificados por sus tradiciones familiares y por su conducta, deben adorar al Señor, estudiar los Vedas y dar caridad. Conforme a este sistema, deben seguir los principios de los cuatro āśramas [brahmacarya, gṛhastha, vānaprastha y sannyāsa]. VERSO 14. El brāhmaŠa tiene seis deberes prescritos. Cinco de ellos puede realizarlos también el kṣatriya, quien, sin embargo, no debe recibir caridad. Al rey o kṣatriya no se le permite cobrar impuestos a los brāhmaṇas, pero puede ganarse el sustento percibiendo impuestos mínimos, derechos de aduana y multas del resto de sus súbditos. VERSO 15. La comunidad mercantil debe seguir siempre las directrices de los brāhmaṇas, y debe ocuparse en deberes prescritos como la agricultura, el comercio y la protección de las vacas. El único deber de los śūdras es aceptar un amo de una orden social superior y ocuparse en su servicio. VERSO 16. Como alternativa, el brāhmaŠa puede aceptar también los deberes prescritos del vaiśya, es decir, la agricultura, la protección de la vaca y el comercio. Además, puede mantenerse con lo que reciba sin mendigar, o bien puede mendigar cada día en los campos de arroz; también puede recoger el arroz que su propietario deja en el campo, o los granos desperdigados por las tiendas de los comerciantes de cereal. Se trata de otras cuatro formas de procurarse el sustento que los brāhmaṇas pueden poner en práctica. De esas cuatro formas, cada una de ellas es mejor que la anterior. VERSO 17. Las personas de órdenes inferiores no deben aceptar los deberes prescritos de las órdenes superiores, a no ser en situaciones de emergencia. Por supuesto, en esas ocasiones, todos menos los kṣatriyas pueden valerse de los medios de subsistencia de las demás órdenes. VERSOS 18, 19 y 20. En situaciones de emergencia, se pueden adoptar cualquiera de las profesiones denominadas ṛta, amṛta, mṛta, pramṛta y satyānṛta, pero en ningún momento se debe adoptar la profesión del perro. Uñchaśila, la profesión que consiste en recoger granos del campo, se denomina ṛta. Recoger granos sin mendigar es amṛta, mendigar cereales es mṛta, labrar la tierra, pramṛta, y el comercio, satyānṛta. Sin embargo, ocuparse en el servicio de personas de clase inferior se denomina śva- vṛtti, la profesión de los perros. Que los brāhmaṇas y kṣatriyas se ocupen en servir a los śūdras es algo particularmente bajo y abominable. Los brāhmaṇas deben estar perfectamente familiarizados con todo el conocimiento védico, y los kṣatriyas, con la adoración de semidioses. VERSO 21. Las características del brāhmaŠa son el control de la mente, el control de los sentidos, la austeridad y la penitencia, la limpieza, la satisfacción, la tolerancia, la simplicidad, el conocimiento, la misericordia, la veracidad y la entrega completa a la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 22. Ser poderoso en la batalla, invencible, paciente, desafiante y caritativo, dominar las necesidades del cuerpo, ser tolerante, estar apegado a la naturaleza brahmínica, estar siempre alegre y ser veraz: éstas son las características del kṣatriya. VERSO 23. Estar siempre consagrado a los semidioses, al maestro espiritual y al Señor Supremo, Viṣṇu; esforzarse por progresar en la senda de los principios religiosos, el crecimiento económico y la complacencia de los sentidos [dharma, artha y kāma]; creer en las palabras del maestro espiritual y en las Escrituras; y esforzarse siempre expertamente por ganar dinero: éstas son las características del vaiśya. VERSO 24. Ofrecer reverencias a las clases más elevadas de la sociedad [brāhmaṇas, kṣatriyas y vaiśyas], permanecer siempre muy limpio, estar libre de duplicidad, servir a su amo, celebrar sacrificios sin pronunciar mantras, no robar, decir siempre la verdad y brindar plena protección a las vacas y a los brāhmaṇas: éstas son las características del śūdra. VERSO 25. Ofrecer servicio al esposo y mostrarle siempre una actitud favorable, mostrar esa misma disposición con los familiares y amigos del esposo, y seguir los mismos votos que él: éstos son los cuatro principios que deben seguir las mujeres consideradas castas. VERSOS 26 y 27. La mujer casta debe ir bien vestida y adornada con alhajas de oro, para placer de su esposo. Siempre debe llevar ropas limpias y atractivas; debe barrer y limpiar la casa con agua y otros líquidos, a fin de que toda la casa esté siempre limpia y pura. Debe encargarse de conseguir todo lo necesario para el hogar, y mantener la casa perfumada con incienso y flores; debe estar siempre dispuesta a satisfacer los deseos de su esposo. Modesta, veraz, con los sentidos bajo control, dulce en su lenguaje, la mujer casta debe ocuparse en el servicio de su esposo con amor, conforme al momento y las circunstancias. VERSO 28. La mujer casta no debe ser codiciosa, sino que debe sentirse satisfecha en toda circunstancia. Debe ser muy experta en la administración del hogar, y conocer perfectamente los principios religiosos. En sus palabras, debe ser agradable y veraz; debe ser muy cuidadosa y mantenerse siempre limpia y pura. De este modo, la mujer casta debe ocuparse con afecto en el servicio de un marido que no se haya degradado. VERSO 29. La mujer que se ocupa en el servicio de su esposo, siguiendo estrictamente los pasos de la diosa de la fortuna, ciertamente regresará al hogar, de vuelta a Dios, con su esposo devoto, y vivirá muy feliz en los planetas VaikuŠ˜has. VERSO 30. Entre las clases mixtas denominadas sa‰kara, los que no son ladrones se llaman antevasāy… o caṇḍālas [comedores de perros], y tienen sus propias costumbres hereditarias. VERSO 31. Mi querido rey, el veredicto de los brāhmaṇas bien versados en el conocimiento védico es que, en cada era [yuga], la conducta de las diversas secciones de la sociedad es auspiciosa, tanto en esta vida como después de la muerte, siempre y cuando se comporten conforme a las modalidades de la naturaleza material que predominan en ellos. VERSO 32. Aquel que desempeña su profesión conforme a su posición bajo la influencia de las modalidades de la naturaleza, y poco a poco abandona esas actividades, alcanza el nivel de niṣkāma. VERSOS 33 y 34. Mi querido rey, cuando un campo de cultivo se siembra año tras año, su fertilidad disminuye, y las semillas sembradas en él se pierden. Unas gotas de gh… nunca apagarán un fuego, pero un gran chorro de gh… sí lo hará; del mismo modo, el exceso de complacencia de los deseos de disfrute apaga esos deseos por entero. VERSO 35. Si alguien, por sus características, es un brāhmaŠa, un kṣatriya, un vaiśya o un śūdra, debe aceptársele conforme a esas características que le definen según las anteriores descripciones, aunque haya nacido en otra clase social. CAPÍTULO 12. LA SOCIEDAD PERFECTA: CUATRO CLASES ESPIRITUALES. VERSO 1. Nārada Muni dijo: El estudiante debe aprender a controlar perfectamente los sentidos. Debe ser sumiso, y mostrar una actitud de firme amistad hacia el maestro espiritual. Con un gran voto, el brahmacār… debe vivir en el guru-kula, y pensar sólo en el beneficio del guru. VERSO 2. En los dos momentos de unión del día y la noche, es decir, por la mañana temprano y al atardecer, debe estar completamente absorto en pensar en el maestro espiritual, el fuego, el dios del Sol y el Señor Viṣṇu, y debe adorarles recitando el mantra gāyatr…. VERSO 3. Atendiendo a la llamada del maestro espiritual, el estudiante debe estudiar los mantras védicos con regularidad. Cada día, antes de comenzar y después de terminar sus estudios, el discípulo debe ofrecer respetuosas reverencias al maestro espiritual. VERSO 4. Llevando hierba kuśa pura en la mano, el brahmacār… debe vestirse normalmente con ropas de piel de ciervo y un cinturón de paja. Debe llevar los cabellos sin peinar, tener una vara y un cántaro de agua, y adornarse con un cordón sagrado, como se recomienda en los śāstras. VERSO 5. El brahmacārī debe salir mañana y tarde a pedir limosna, y debe ofrecer al maestro espiritual todo lo que reúna. Sólo debe comer si el maestro espiritual se lo ordena; de lo contrario, si el maestro espiritual no le dice nada, a veces tendrá que ayunar. VERSO 6. El brahmacārī debe ser amable y mostrar muy buen comportamiento; no debe comer o acumular más de lo necesario. Debe ser siempre activo y experto, y tener plena fe en las instrucciones del maestro espiritual y del śāstra. Con perfecto control de los sentidos, no debe relacionarse más de lo estrictamente necesario con mujeres o con hombres dominados por mujeres. VERSO 7. El brahmacārī, aquel que no ha aceptado el gṛhastha-āśrama [la vida familiar], debe evitar estrictamente las conversaciones con mujeres o acerca de mujeres, pues los sentidos son tan poderosos que pueden agitar incluso la mente de un sannyās…, un miembro de la orden de vida de renuncia. VERSO 8. Si la esposa del maestro espiritual es joven, el brahmacārī joven no debe permitir que le arregle el cabello, que le dé masaje con aceite en el cuerpo, o que le bañe con el cariño de una madre. VERSO 9. La mujer se compara al fuego, y el hombre, a un pote de mantequilla. Por lo tanto, el hombre debe evitar quedarse a solas en un lugar apartado hasta con su propia hija. Del mismo modo, también debe evitar la relación con otras mujeres. Con las mujeres hay que relacionarse única y exclusivamente por cuestiones importantes. VERSO 10. La entidad viviente, mientras no esté perfectamente autorrealizada, mientras no se independice del erróneo concepto que la lleva a identificarse con su cuerpo, que no es más que un reflejo del cuerpo y los sentidos originales, no podrá liberarse del concepto dual, que se sintetiza en la dualidad entre hombre y mujer. De ese modo, es muy probable que acabe cayendo, debido a que su inteligencia está confundida. VERSO 11. Todas las reglas y regulaciones se aplican por igual al casado y al sannyās…, el miembro de la orden de vida de renuncia. El gṛhastha, sin embargo, recibe del maestro espiritual el permiso para tener relaciones sexuales durante el período favorable a la procreación. VERSO 12. Los brahmacārīs y gṛhasthas que han hecho los votos de celibato antes descritos deben evitar las siguientes prácticas: aplicarse polvos o cosméticos en los ojos, darse masaje en la cabeza con aceites, darse masajes en el cuerpo con las manos, mirar a una mujer o pintar su imagen, comer carne, beber vino, adornarse con collares de flores, ungirse el cuerpo con bálsamos aromáticos, o adornarse con alhajas. Todo esto debe abandonarse. VERSOS 13 y 14. Conforme a las reglas y regulaciones antes indicadas, los nacidos por segunda vez, es decir, brāhmaṇas, kṣatriyas y vaiśyas, deben vivir en el guru-kula bajo la tutela del maestro espiritual. Allí, en función de sus facultades y capacidad, deben estudiar y aprender todas las Escrituras védicas, junto con sus suplementos y los Upaniṣads. Si le es posible, el estudiante o discípulo debe recompensar al maestro espiritual con la remuneración que éste le pida; después, siguiendo la orden del maestro, el discípulo debe dejar el guru-kula y entrar en uno de los otros āśramas, bien sea el gṛhastha-āśrama, el vānaprastha-āśrama o el sannyāsa-āśrama, según desee. VERSO 15. Hay que llegar a comprender que la Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu, ha entrado, y al mismo tiempo no ha entrado, en el fuego, en el maestro espiritual, en el propio ser y en todas las entidades vivientes, en toda circunstancia y en toda condición. Su posición, tanto interna como externamente, es la de controlador supremo de todo. VERSO 16. Mediante esta práctica, y desde cualquiera de los āśramas —brahmacarya, gṛhastha, vānaprastha o sannyāsa—, se debe percibir siempre la omnipresencia del Señor Supremo, pues de este modo se puede comprender la Verdad Absoluta. VERSO 17. ¡Oh, rey!, ahora voy a describirte las cualidades del vānaprastha, la persona que se ha retirado de la vida familiar. Quien siga estrictamente las reglas y regulaciones de la orden de vānaprastha podrá elevarse fácilmente al sistema planetario superior denominado Maharloka. VERSO 18. La persona en la orden de vida de vānaprastha no debe comer cereales sembrados en tierras de labor, e incluso, si han crecido en campos sin arar, no debe comerlos mientras no estén perfectamente maduros. No comerá tampoco cereales cocinados al fuego. De hecho, sólo debe comer fruta madurada al Sol. VERSO 19. El vānaprastha debe preparar pasteles de frutas y cereales silvestres para ofrecer en sacrificio. Cada vez que renueve su provisión de cereales, debe abandonar los que entonces tuviera almacenados. VERSO 20. El vānaprastha debe preparar una choza de paja o refugiarse en una cueva de la montaña, con el único fin de proteger el fuego sagrado; en cuanto a él, debe acostumbrarse a soportar la nieve, el viento, el fuego, la lluvia y los rayos del Sol. VERSO 21. El vānaprastha debe llevar los cabellos sin peinar, y dejarse crecer el vello, las uñas y el bigote. No debe asearse. Debe tener un cántaro de agua, una piel de ciervo y una vara, y vestirse con cortezas de árbol y ropas del color del fuego. VERSO 22. Con una actitud muy introspectiva, el vānaprastha debe permanecer en el bosque por un período de doce, ocho, cuatro, dos, o, como mínimo, un año. Debe comportarse de tal manera que no se vea perturbado o afectado por el exceso de austeridad. VERSO 23. Cuando las enfermedades o la vejez le impidan continuar con sus deberes prescritos para el progreso en el cultivo de conciencia espiritual o en el estudio de los Vedas, debe practicar el ayuno, sin tomar ningún alimento. VERSO 24. Debe situar debidamente el elemento fuego en su propio ser, y de este modo abandonar el apego por el cuerpo, que nos lleva a pensar que el cuerpo es nuestro o que nosotros somos el cuerpo. Paso a paso, debe fundir el cuerpo material en los cinco elementos [tierra, agua, fuego, aire y cielo]. VERSO 25. La persona sobria, autorrealizada, que tiene conocimiento perfecto, debe fundir las diversas partes del cuerpo con sus fuentes originales. Las aberturas del cuerpo se deben al cielo; el proceso respiratorio, al aire; el calor del cuerpo, al fuego; el semen, la sangre y el moco se deben al agua; y la causa de las sustancias sólidas, como la piel, los músculos y los huesos, es la tierra. De este modo, todos los componentes del cuerpo tienen su causa en los diversos elementos, en los que deben volver a fundirse. VERSOS 26, 27 y 28. Después, se debe ofrendar al fuego el objeto del habla, junto con el sentido del habla [la lengua]. La habilidad manual y las dos manos deben entregarse al semidiós Indra. La facultad locomotriz y las piernas deben entregarse al Señor Viṣṇu. El placer sensual, junto con los genitales, deben ofrecerse a Prajāpati. El recto, con la capacidad de evacuar, se debe ofrecer, en el lugar correspondiente, a Mṛtyu. El instrumento auditivo, junto con la vibración sonora, se debe ofrecer a las deidades regentes de las direcciones. El instrumento del tacto, junto con los objetos del sentido del tacto, debe entregarse a Vāyu. La forma, con la capacidad de ver, debe entregarse al Sol. La lengua, junto con el semidiós Varuṇa, debe ser ofrecida al agua, y la capacidad olfativa, junto con los dos semidioses Aśvinī-kumāras, debe ofrecerse a la tierra. VERSOS 29 y 30. La mente, junto con todos los deseos materiales, debe fundirse en el semidiós de la Luna. Todos los objetos de la inteligencia, con la inteligencia misma, deben situarse en el Señor Brahmā. El ego falso, que está sometido a la influencia de las modalidades materiales de la naturaleza y que nos induce a pensar: «Yo soy el cuerpo, y todo lo relacionado con el cuerpo es mío», debe fundirse, junto con las actividades materiales, en Rudra, la deidad regente del ego falso. La conciencia material, junto con el objetivo del pensamiento, debe fundirse en el ser viviente individual, y los semidioses, que actúan bajo las modalidades de la naturaleza material, deben fundirse, junto con el ser viviente desvirtuado, en el Ser Supremo. La tierra debe fundirse en el agua, el agua en el brillo del Sol, este brillo en el aire, el aire en el cielo, el cielo en el ego falso, el ego falso en la energía material total, la energía material total en los elementos no manifestados [la energía material en su aspecto pradhāna], y, por último, el aspecto componente de la manifestación material en la Superalma. VERSO 31. De este modo, cuando todas las identificaciones materiales se han fundido en sus respectivos elementos materiales, los seres vivos, que en última instancia son completamente espirituales, pues son cualitativamente uno con el Ser Supremo, deben poner fin a su existencia material, del mismo modo que las llamas se apagan cuando la leña en que arden se ha consumido. Cuando el cuerpo material se hace volver a los diversos elementos materiales, sólo permanece el ser espiritual. Ese ser espiritual es Brahman, y es cualitativamente uno con el Parabrahman. CAPÍTULO 13. EL COMPORTAMIENTO DE LA PERSONA PERFECTA. VERSO 1. ®r… Nārada Muni dijo: La persona capacitada para el cultivo de conocimiento espiritual, debe renunciar a todos los lazos materiales y, dando al cuerpo sólo lo imprescindible para la vida, debe viajar de un lugar a otro, sin pasar más de una noche en cada población. De ese modo, sin depender de las necesidades del cuerpo, el sannyās… debe viajar por todo el mundo. VERSO 2. La persona que ha entrado en la orden de vida de renuncia, debe renunciar incluso a la ropa de vestir. En caso de ir vestido, no debe llevar más que un taparrabos. El sannyās… sólo debe llevar una daṇḍa y un kamaṇḍalu, y, cuando no sea necesaria, debe prescindir incluso de la daṇḍa. VERSO 3. El sannyās…, completamente satisfecho en el ser, debe vivir pidiendo limosnas de puerta en puerta. No debe depender de ninguna persona ni lugar, debe ser siempre un amistoso bienqueriente de todos los seres vivos, y un devoto pacífico y puro de NārāyaŠa. De ese modo, debe viajar de un lugar a otro. VERSO 4. El sannyās… siempre debe tratar de ver que el Supremo está presente en todo, y también que todo, e incluso el universo mismo, reposa en el Supremo. VERSO 5. En los estados de conciencia e inconciencia, y en el estado intermedio entre ambos, debe tratar de comprender el ser y situarse perfectamente en él. De ese modo, debe experimentar que las etapas condicionada y liberada de la vida son simplemente ilusorias y sin auténtica realidad. Con esa elevada comprensión, debe ver solamente a la Verdad Absoluta presente en todo. VERSO 6. El cuerpo material tiene asegurada la destrucción, y la duración de la vida no se conoce; por lo tanto, no se deben alabar ni la muerte ni la vida. Lo que se debe hacer es observar el eterno factor tiempo, en el que la entidad viviente se manifiesta y desaparece. VERSO 7. La literatura que no es más que una inútil pérdida de tiempo —en otras palabras, la literatura que no trae beneficio espiritual— debe rechazarse. No se debe adoptar la profesión de maestro con miras a ganarse el sustento, ni hay que caer en debates interminables. Tampoco hay que refugiarse en ninguna causa ni en ningún partido. VERSO 8. Un sannyās… nunca debe atraer hacia sí muchos discípulos con el hechizo de los beneficios materiales, ni debe leer innecesariamente muchos libros, o ganarse el sustento dando conferencias. Nunca debe tratar de aumentar de forma innecesaria sus opulencias materiales. VERSO 9. Las personas pacíficas y equilibradas que han hecho un progreso tangible en el cultivo de conciencia espiritual no tienen necesidad de llevar los símbolos del sannyās…, como la tridaṇḍa y el kamaṇḍalu. Conforme a la necesidad, a veces aceptan esos símbolos, y a veces los rechazan. VERSO 10. La persona santa tratará de pasar desapercibida ante los ojos de la sociedad humana, pero su objetivo quedará manifiesto por su conducta. Ante la sociedad humana, debe presentarse como un niño inquieto, y, a pesar de ser el orador más grande y reflexivo, debe presentarse como un mudo. VERSO 11. Para presentar un ejemplo histórico de esto, los sabios eruditos recitan la conversación que en el pasado sostuvieron Prahlāda Mahārāja y una gran persona santa que se alimentaba del mismo modo que la serpiente pitón. VERSOS 12 y 13. Prahlāda Mahārāja, el más querido servidor de la Suprema Personalidad de Dios, en cierta ocasión salió a recorrer el universo con algunos de sus más íntimos compañeros a fin de estudiar la naturaleza de las personas santas. De ese modo llegó a orillas del Kāver…, en el valle de la montaña Sahya. Allí encontró a una gran persona santa que yacía en el suelo, cubierta de tierra y polvo, pero profundamente absorta en el nivel espiritual. VERSO 14. La gente no podía comprender si aquella persona santa era la misma persona que ellos habían conocido; no podían reconocerle, ni por sus actividades, ni por su aspecto físico, ni por sus palabras, ni por las características de su posición en el varŠāśrama. VERSO 15. El avanzado devoto Prahlāda Mahārāja adoró convenientemente a la persona santa que había adoptado el modo de vida de la serpiente pitón, y le ofreció reverencias. Después de adorar al santo y tocar sus pies de loto con su propia cabeza, Prahlāda Mahārāja, con una actitud muy sumisa, le hizo las siguientes preguntas a fin de saber acerca de él. VERSOS 16 y 17. Al ver que aquella persona santa estaba bastante gorda, Prahlāda Mahārāja dijo: Mi querido señor, tú no haces ningún esfuerzo para ganarte el sustento, pero tienes el cuerpo tan robusto como un disfrutador materialista. Yo sé que los que son muy ricos y no tienen nada que hacer engordan mucho, porque se dedican a comer y dormir y no trabajan. VERSO 18. ¡Oh, brāhmaŠa!, tú conoces perfectamente la realidad trascendental, de modo que ya no tienes que hacer nada, y por eso yaces acostado. También es evidente que no tienes dinero para complacer los sentidos. ¿Cómo, entonces, ha engordado tanto tu cuerpo? En estas circunstancias, y si no consideras mi pregunta impertinente, por favor, explícame como ha ocurrido esto. VERSO 19. Tu Señoría pareces una persona erudita, experta e inteligente en todo aspecto. Hablas muy bien, y dices cosas que resultan agradables al corazón. Ves que la gente está ocupada en actividades fruitivas, pero tú yaces aquí inactivo. VERSO 20. Nārada Muni continuó: Al escuchar las preguntas de Prahlāda Mahārāja, el rey de los daityas, la persona santa quedó cautivada por aquella lluvia de palabras nectáreas, y, con el rostro sonriente, satisfizo la curiosidad de Prahlāda. VERSO 21. El brāhmaŠa santo dijo: ¡Oh, el mejor de los asuras, Prahlāda Mahārāja, que eres reconocido por los hombres avanzados y civilizados!, tú eres consciente de las distintas etapas de la vida, debido a que tus ojos son trascendentales por naturaleza. Con ellos puedes ver el carácter de los hombres, y de ese modo conoces claramente los resultados de la aceptación y el rechazo de las cosas. VERSO 22. Como eres un devoto puro, en lo más hondo de tu corazón predomina NārāyaŠa, la Suprema Personalidad de Dios, que goza de plenitud en toda opulencia. Él siempre aleja la oscuridad de la ignorancia, como el Sol, que aparta la oscuridad del universo. VERSO 23. Mi querido rey, aunque tú lo sabes todo, me has planteado algunas preguntas, que trataré de responderte conforme a lo que he aprendido escuchando a las autoridades. No puedo guardar silencio acerca de esto, pues una personalidad como tú es el interlocutor ideal para quien desea la purificación del ser. VERSO 24. Víctima de insaciables deseos materiales, yo era arrastrado por las olas de las leyes de la naturaleza material; de ese modo, me dediqué a diversas actividades, luchando por la existencia en distintas formas de vida. VERSO 25. En el curso del proceso evolutivo, que tiene su causa en las actividades fruitivas debidas a la indeseable complacencia de los sentidos, he recibido esta forma humana de vida, que puede llevarme a los planetas celestiales, a la liberación, a las especies inferiores o a nacer de nuevo entre los seres humanos. VERSO 26. En la forma humana de vida, hombres y mujeres se unen para disfrutar del placer sensual del sexo, pero en la experiencia práctica hemos observado que ninguno de ellos es feliz. Por lo tanto, al ver que se obtiene el resultado contrario, he dejado de tomar parte en actividades materialistas. VERSO 27. La verdadera vida de las entidades vivientes es una vida de felicidad espiritual, que es la verdadera felicidad. Esa felicidad sólo puede obtenerse poniendo fin a todas las actividades materiales. El disfrute material de los sentidos no es más que una imaginación. Meditando acerca de esto, he abandonado todas las actividades materiales y permanezco aquí tendido. VERSO 28. De este modo, el alma condicionada que vive dentro del cuerpo olvida su verdadero interés, pues se identifica con el cuerpo. El cuerpo es material, y, por lo tanto, su tendencia natural es sentirse atraído por las diversidades del mundo material. Entonces, la entidad viviente sufre las miserias de la existencia material. VERSO 29. El ciervo, debido a la ignorancia, no puede ver el agua en un pozo cubierto de hierba, y corre a buscarla en otra dirección; del mismo modo, la entidad viviente, cubierta por el cuerpo material, no ve la felicidad que lleva dentro de sí, y corre tras la felicidad del mundo material. VERSO 30. La entidad viviente trata de obtener felicidad y de liberarse de las causas de aflicción; sin embargo, sus diversos cuerpos dependen por completo del control de la naturaleza material, y todos los planes que elabora en cuerpos sucesivos acaban por frustrarse. VERSO 31. Las actividades materiales siempre están acompañadas de tres tipos de miserias: adhyātmika, adhidaivika y ādhibhautika. Así pues, ¿de qué sirve el éxito que pueda obtenerse con esas actividades? Seguiremos sujetos al nacimiento, la muerte, la vejez, las enfermedades y las reacciones de las actividades fruitivas. VERSO 32. El brāhmaŠa continuó: En realidad, veo que el hombre rico, víctima de sus sentidos, está muy codicioso por atesorar riquezas; debido a ello sufre de insomnio, pues, a pesar de sus riquezas y opulencias, todo le produce temor. VERSO 33. Aquellos a quienes se considera materialmente poderosos y ricos están siempre llenos de ansiedades, debido a las leyes del gobierno, a los ladrones y bandidos, a los enemigos, a los miembros de su familia, a los animales, a las aves, a las personas que piden caridad, al inevitable factor tiempo, e, incluso, debido a ellos mismos. De este modo, siempre están llenos de temor. VERSO 34. Los seres humanos dotados de inteligencia deben abandonar la causa original de la lamentación, de la ilusión, del temor, de la ira, del apego, de la pobreza y del trabajo innecesario. La causa original de todo ello es el deseo de adquirir dinero y prestigio innecesarios. VERSO 35. La abeja y la serpiente pitón son dos excelentes maestros espirituales que con su ejemplo nos enseñan a permanecer satisfechos con poco, y a vivir en un lugar sin necesidad de moverse. VERSO 36. Del abejorro he aprendido a estar desapegado de atesorar dinero, pues, aunque es dulce como la miel, cualquiera puede matar a su propietario y quitárselo. VERSO 37. No me esfuerzo por conseguir nada, sino que me conformo con lo que viene por sí solo. Si no obtengo nada, sigo paciente y sin agitarme, como la serpiente pitón, y de ese modo permanezco tendido aquí durante muchos días. VERSO 38. A veces como muy poco, y, a veces, una gran cantidad. A veces son alimentos muy sabrosos, y a veces están desabridos. A veces se me ofrece prasāda con gran respeto, y otras veces se me da comida con desdén. A veces como durante el día, y otras veces por la noche. De este modo, como lo que puedo obtener sin dificultad. VERSO 39. Para cubrir mi cuerpo, uso lo que el destino pone a mi alcance, ya sea lana, seda, algodón, corteza de árbol o piel de ciervo, y permanezco completamente satisfecho y libre de agitación. VERSO 40. A veces me acuesto sobre la tierra desnuda, a veces sobre hojas, hierba o piedra, a veces sobre un montón de cenizas, y en ocasiones, por voluntad de otros, en un palacio, sobre una maravillosa cama con almohadas. VERSO 41. ¡Oh, mi señor!, a veces puedo bañarme con mucho esmero, ungir todo mi cuerpo con pasta de sándalo, adornarme con un collar de flores y vestirme con ropas finas y hermosas alhajas. Entonces viajo como un rey a lomos de un elefante, en una cuadriga, o en un caballo. Otras veces, sin embargo, viajo desnudo, como un poseído por fantasmas. VERSO 42. Personas distintas tienen distintas mentalidades. Por eso, no me corresponde ni alabarlas ni blasfemar de ellas. Únicamente les deseo el bien, con la esperanza de que estén dispuestas a lograr la unidad con la Superalma, la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa. VERSO 43. La especulación mental que distingue entre bueno y malo debe ser considerada una unidad; entonces debe imbuirse en la mente, que, a su vez, debe imbuirse en el ego falso. Acto seguido, el ego falso debe imbuirse en la energía material total. Éste es el proceso para combatir la diferenciación falsa. VERSO 44. La persona erudita e introspectiva debe darse cuenta de que la existencia material es ilusión. Esto sólo es posible mediante la autorrealización. La persona iluminada, que ha visto realmente la verdad, debe abandonar todas las actividades materiales, situándose en el plano de la iluminación espiritual. VERSO 45. Prahlāda Mahārāja, tú eres ciertamente un alma autorrealizada y un devoto del Señor Supremo. A ti no te preocupan ni la opinión pública ni las supuestas escrituras. Por esa razón, no he dudado en explicarte la historia de mi autorrealización. VERSO 46. Nārada Muni continuó: Prahlāda Mahārāja, el rey de los demonios, tras escuchar las enseñanzas del santo, comprendió los deberes prescritos de la persona perfecta [paramahaˆsa]. Después de ofrecer la debida adoración al santo y de obtener su permiso, partió hacia su hogar. CAPÍTULO 14. LA VIDA FAMILIAR IDEAL. VERSO 1. Mahārāja Yudhiṣṭhira preguntó a Nārada Muni: ¡Oh, mi señor!, ¡oh, gran sabio!, por favor, explícame también, conforme a las instrucciones de los Vedas, cómo podemos alcanzar fácilmente la liberación los que permanecemos en el hogar sin conocer el objetivo de la vida. VERSO 2. Nārada Muni respondió: Mi querido rey, aquellos que viven en sus hogares como jefes de familia deben realizar actividades para ganarse el sustento, y, en lugar de tratar de disfrutar de los resultados de su trabajo, deben ofrecérselos a Kṛṣṇa, Vāsudeva. Con la compañía de los grandes devotos del Señor, se puede entender perfectamente la manera de satisfacer a Vāsudeva en esta vida. VERSOS 3 y 4. El gṛhastha siempre debe estar en contacto con personas santas, y, con mucho respeto, escuchar el néctar de las actividades del Señor Supremo y Sus encarnaciones, según se describen en el ®r…mad-Bhāgavatam y otros Purāṇas. De ese modo, poco a poco, como el hombre que despierta de un sueño, debe ir desapegándose del afecto por la esposa y los hijos. VERSO 5. La persona verdaderamente erudita, al mismo tiempo que trabaja lo imprescindible para ganarse el sustento y mantener juntos el cuerpo y el alma, debe vivir en la sociedad humana sin apegarse a los asuntos familiares, aunque externamente parezca muy apegado. VERSO 6. En la sociedad humana, la persona inteligente debe organizar sus actividades de un modo muy simple. Si los amigos, los hijos, los padres, los hermanos o cualquier otra persona le hacen sugerencias, externamente debe mostrarse conforme, diciendo: «Sí, está bien», pero internamente debe estar decidido a no llevar una vida complicada que le impida alcanzar el objetivo de la vida. VERSO 7. Los productos naturales creados por la Suprema Personalidad de Dios deben emplearse para mantener los cuerpos y almas de todas las entidades vivientes. Los productos necesarios para la vida son de tres tipos: los que tienen su origen en el cielo [en la lluvia], los que lo tienen en la tierra [de las minas, mares o campos], y los que provienen de la atmósfera [lo que se obtiene repentina e inesperadamente]. VERSO 8. Es lícito asumir la propiedad de las riquezas necesarias para mantener juntos el cuerpo y el alma, pero quien aspire a mayores propiedades debe ser considerado un ladrón, y merece el castigo de las leyes de la naturaleza. VERSO 9. Los animales, como los ciervos, camellos, asnos, monos, ratones, serpientes, aves y moscas, deben ser tratados como hijos. ¡Qué poca diferencia hay, en realidad, entre los niños y estos animales inocentes! VERSO 10. El jefe de familia no es un brahmacārī, ni un sannyās…, ni un vānaprastha, pero tampoco él debe esforzarse arduamente por la religiosidad, el crecimiento económico o la complacencia de los sentidos. Incluso en la vida de familia, es necesario conformarse con mantener el cuerpo y el alma juntos con aquello que, según el lugar y el momento, y con un esfuerzo mínimo, se pueda obtener por la gracia del Señor. Nadie debe ocuparse en ugra-karma. VERSO 11. A los perros, las personas degradadas, y los intocables y caṇḍālas [comedores de perros], se les debe proporcionar todo lo necesario para vivir, y son los casados quienes deben hacerlo. En el hogar, ningún apego es más estrecho que el que nos une a la esposa; aun así, incluso a ella debe ocupársela en recibir a los huéspedes y visitantes en general. VERSO 12. El sentimiento de posesión por la esposa es tan fuerte que los hombres a veces se suicidan por ella, o matan a otros, y aun a sus propios familiares, a su maestro espiritual o a sus educadores. Por esa razón, quien puede abandonar ese apego por la esposa conquista a la Suprema Personalidad de Dios, que nunca es conquistado por nadie. VERSO 13. Mediante la debida reflexión, se debe abandonar la atracción por el cuerpo de la esposa, pues ese cuerpo acabará transformado en gusanos, excremento o cenizas. ¿Cuál es el valor de ese cuerpo insignificante? ¿Cuánto más grande es el Ser Supremo, que está en todas partes, como el cielo? VERSO 14. La persona inteligente debe satisfacerse con comer prasāda [alimento ofrecido al Señor], o con celebrar los cinco tipos de yajñas [pañca-s™nā]. Por medio de esas actividades, puede abandonar el apego por el cuerpo y los falsos sentimientos de propiedad relacionados con el cuerpo. Quien logra hacer esto, queda firmemente establecido en la posición de mahātmā. VERSO 15. Se debe adorar todos los días al Ser Supremo que está en el corazón de todos, y, sobre esta base, se debe adorar también por separado a los semidioses, las personas santas, los seres humanos y entidades vivientes comunes, los antepasados y el propio ser. De esta forma se puede adorar al Ser Supremo que está en lo más hondo del corazón de todos. VERSO 16. La persona que goza de riquezas y conocimiento, y puede disponer de ellos a voluntad para ejecutar yajñas y complacer a la Suprema Personalidad de Dios, debe celebrar sacrificios, ofreciendo oblaciones al fuego conforme a las indicaciones de los śāstras. De ese modo, debe adorar a la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 17. La Suprema Personalidad de Dios, ®r… Kṛṣṇa, es el disfrutador de las ofrendas de sacrificio. Pero, aunque Su Señoría come las oblaciones ofrecidas en el fuego, ¡oh, mi querido rey!, Él Se siente todavía más satisfecho cuando se Le ofrecen sabrosos alimentos, hechos de cereales y gh…, a través de la boca de brāhmaṇas cualificados. VERSO 18. Por lo tanto, mi querido rey, primero debes ofrecer prasāda a los brāhmaṇas y semidioses; después de alimentarles suntuosamente, puedes repartir prasāda entre las demás entidades vivientes conforme a tu capacidad. De ese modo, podrás adorar a todas las entidades vivientes, o, en otras palabras, a la entidad viviente suprema que está dentro de cada entidad viviente. VERSO 19. El brāhmaŠa que sea lo suficientemente rico debe ofrecer oblaciones a los antepasados en la quincena de Luna menguante de la segunda mitad del mes de Bhādra. Del mismo modo, también debe ofrecer oblaciones a los familiares de los antepasados durante las ceremonias mahālayā, en el mes de šśvina. VERSOS 20-23. La ceremonia śraddha debe celebrarse en Makara-sa‰krānti [el día en que el Sol comienza su curso por el Norte o en Karka˜a-sa‰krānti [el día en que el Sol comienza su curso por el Sur]. Esta ceremonia debe celebrarse también en los días de Meṣa-sa‰krānti y Tulā-sa‰krānti, en el yoga Vyat…pāta, en el día en que coinciden tres tithis lunares, durante los eclipses de Luna o de Sol, en el duodécimo día lunar, y en ®ravaŠa-nakṣatra. También debe celebrarse en el día de Akṣaya- tṛt…yā, en el noveno día lunar de la quincena de Luna creciente del mes de Kārtika, en los cuatro a˜akās de la estación invernal y de la estación fría, en el séptimo día lunar de la quincena de Luna creciente del mes de Māgha, en la conjunción de Māgha-nakṣatra con el día de plenilunio, y en los días en que la Luna está completamente llena, o casi llena, si coinciden con los nakṣatras de los que se derivan los nombres de algunos meses. La ceremonia śraddha también debe celebrarse en el duodécimo día lunar si éste coincide con cualquiera de los nakṣatras que reciben los nombres de Anurādhā, ®ravaŠa, Uttara-phalgun…, Uttarāṣāḍhā o Uttara-bhādrapāda. También se debe celebrar esta ceremonia cuando el undécimo día lunar coincide con Uttara-phalgun…, Uttarāṣāḍhā o Uttara-bhādrapadā. Por último, debe celebrarse en los días que coinciden con la estrella de nuestro nacimiento [janma-nakṣatra] o con ®ravaŠa-nakṣatra. VERSO 24. Todas estas fechas estacionales se consideran muy auspiciosas para la humanidad. En esas ocasiones se deben realizar toda clase de actividades auspiciosas, pues, con esas actividades, el ser humano alcanza el éxito en el breve lapso de su vida. VERSO 25. Durante esos períodos de cambio de estación, quienes se bañen en el Ganges, en el Yamunā o en otro lugar sagrado, o quienes canten japa, ofrezcan fuegos de sacrificio o cumplan votos, así como aquellos que adoren al Señor Supremo, a los brāhmaṇas, a los antepasados, a los semidioses y a las entidades vivientes en general, recibirán un beneficio permanente por todo lo que den como caridad. VERSO 26. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, en el momento prescrito para las ceremonias purificatorias rituales destinadas a uno mismo, a la esposa o a los hijos, así como durante las exequias fúnebres y aniversarios de los difuntos, se deben celebrar las ceremonias auspiciosas antes mencionadas, a fin de prosperar en el campo de las actividades fruitivas. VERSOS 27 y 28. Nārada Muni continuó: Ahora te hablaré de los lugares idóneos para la celebración de prácticas religiosas. Todo lugar en que haya un vaiṣṇava es excelente para todas las actividades auspiciosas. La Suprema Personalidad de Dios es el sostén de toda la manifestación cósmica, junto con todas las entidades vivientes que lo pueblan, sean móviles o inmóviles, y el templo en que se ha instalado la Deidad del Señor es un lugar sumamente sagrado. Además, aquellos lugares en que los brāhmaṇas eruditos siguen los principios védicos mediante la austeridad, la educación y la misericordia, también son muy auspiciosos y sagrados. VERSO 29. Ciertamente son auspiciosos los lugares en que hay un templo de la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, en el que se Le ofrece la debida adoración. Lo son también aquellos lugares por los que fluyen los ríos famosos que se mencionan en los Purāṇas, las Escrituras védicas complementarias. Toda actividad espiritual que allí se realice es verdaderamente muy efectiva. VERSOS 30, 31, 32 y 33. Los lagos sagrados, como el Puṣkara, y los lugares habitados por personas santas, como Kurukṣetra, Gayā, Prayāga, Pulahāśrama, Naimiṣāraṇya, las orillas del río Phālgu, Setubandha, Prabhāsa, Dvārakā, VārāŠas…, Mathurā, Pampā, Bindu-sarovara, Badarikāśrama [NārāyaŠaāśrama], los lugares por donde fluye el río Nandā, los lugares en que se refugiaron el Señor Rāmacandra y madre S…tā, como Citrak™˜a, así como las regiones montañosas de Mahendra y Malaya, deben considerarse muy píos y sagrados. Del mismo modo, quienes deseen avanzar espiritualmente deben visitar también los lugares fuera de la India en que hay centros del movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa, y en los que se adora a las Deidades de Rādhā-Kṛṣṇa. Quien aspire a progresar en la vida espiritual puede visitar todos esos lugares y celebrar en ellos ceremonias rituales, de las que obtendrá resultados mil veces superiores a los que obtendría en cualquier otro lugar por las mismas actividades. VERSO 34. ¡Oh, rey de la Tierra!, sabios eruditos y experimentados han establecido que sólo la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, en quien reposa todo lo móvil y lo inmóvil del universo, y de quien todo emana, es la persona idónea a quien ofrecer todo. VERSO 35. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, en la ceremonia del sacrificio rājas™ya que tú celebraste, estaban presentes los semidioses y muchos grandes sabios y santos, entre ellos los cuatro hijos del Señor Brahmā y yo mismo; sin embargo, cuando hubo que decidir quién debía ser adorado en primer lugar, todo el mundo coincidió en elegir al Señor Kṛṣṇa, la Persona Suprema. VERSO 36. El universo entero, que está lleno de entidades vivientes, es como un árbol cuya raíz es la Suprema Personalidad de Dios, Acyuta [Kṛṣṇa]. Por lo tanto, por el simple hecho de adorar al Señor Kṛṣṇa, se adora también a todas las entidades vivientes. VERSO 37. La Suprema Personalidad de Dios ha creado muchos lugares en los que residir, como los cuerpos de los seres humanos, de los mamíferos, de las aves, de los santos y de los semidioses. El Señor, en la forma de Paramātmā, reside con el ser vivo en toda esa infinidad de formas corporales. Por ello, se Le conoce con el nombre de puruṣāvatāra. VERSO 38. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, la Superalma, que está en todos los cuerpos, da inteligencia al alma individual conforme a su capacidad de comprensión. Por lo tanto, es la Superalma quien predomina en el cuerpo. La Superalma Se manifiesta al alma individual en proporción al nivel de conocimiento, austeridad, penitencia, etc., que ésta haya alcanzado. VERSO 39. Mi querido rey, cuando, al principio de Tretā-yuga, los grandes sabios y personas santas notaron la aparición de tratos irrespetuosos entre ellos, se estableció la adoración de la Deidad en el templo, con todos los artículos requeridos. VERSO 40. A veces, un devoto neófito ofrece al Señor todos los artículos de adoración, y, de hecho, Le adora en la forma de la Deidad; sin embargo, debido a que siente envidia de los devotos autorizados del Señor Viṣṇu, el Señor nunca Se satisface con su servicio devocional. VERSO 41. Mi querido rey, en el mundo material, el brāhmaŠa cualificado debe ser considerado el mejor entre todas las personas, pues ese brāhmaŠa, con la práctica de la austeridad, la satisfacción, y el estudio de los Vedas, llega a ser una imagen del cuerpo de la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 42. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, los brāhmaŠas, y especialmente los que se ocupan en predicar las glorias del Señor por todo el mundo, son reconocidos y adorados por la Suprema Personalidad de Dios, que es el corazón y el alma de toda la creación. Los brāhmaŠas, al predicar, santifican los tres mundos con el polvo de sus pies de loto; por ello, son adorados incluso por Kṛṣṇa CAPÍTULO 15. INSTRUCCIONES PARA LOS SERES HUMANOS CIVILIZADOS. VERSO 1 Nārada Muni continuó: Mi querido rey, algunos brāhmaṇas están muy apegados a las actividades fruitivas, otros están apegados a las austeridades y penitencias, y los hay también que estudian las Escrituras védicas; otros, aunque son muy pocos, cultivan conocimiento y practican distintos yogas, en especial, el bhakti-yoga. VERSO 2. La persona que desee la liberación para sus antepasados o para sí misma, debe dar caridad a un brāhmaŠa seguidor del monismo impersonal [jñāna-niṣṭhā]. En ausencia de esos brāhmaṇas avanzados, debe dar caridad a brāhmaṇas dedicados a las actividades fruitivas [karma-kāŠḍa]. VERSO 3. En el período indicado para la ofrenda de oblaciones a los semidioses, sólo hay que invitar a dos brāhmaṇas; cuando se ofrecen oblaciones a los antepasados, los brāhmaṇas pueden ser tres. O, en cualquiera de los dos casos, un sólo brāhmaŠa sería suficiente. Ni siquiera los más ricos deben tratar de invitar a más brāhmaṇas, ni de disponer preparativos costosos para esas ocasiones. VERSO 4. Si se hacen preparativos para alimentar a muchos brāhmaṇas y familiares con ocasión de la ceremonia śrāddha, surgirán diferencias de opinión en relación con el momento, el lugar, la respetabilidad, los elementos a ofrecer, la persona a adorar y el método para ofrecer adoración. VERSO 5. Cuando se presenta la oportunidad, y el momento y el lugar son favorables, se deben ofrecer a la Deidad de la Suprema Personalidad de Dios alimentos preparados con gh…; esa ofrenda debe hacerse con amor, y el prasāda debe ofrecerse a la persona adecuada, un vaiṣṇava o un brāhmaŠa. Esto será causa de prosperidad eterna. VERSO 6. El prasāda debe ofrecerse a los semidioses, a las personas santas, a los antepasados, a la gente en general, a los miembros de la familia, a los parientes y a los amigos, considerándoles a todos ellos devotos de la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 7. La persona plenamente consciente de los principios religiosos nunca debe ofrecer carne, huevos o pescado en la ceremonia śrāddha, y ni siquiera el que es kṣatriya debe probar ese tipo de comida. Cuando se preparan con gh… los alimentos adecuados, y se ofrecen a las personas santas, la celebración complace a los antepasados y al Señor Supremo, quienes nunca se complacen cuando se matan animales con la excusa de realizar un sacrificio. VERSO 8. Las personas que deseen avanzar hasta un nivel superior de religión, deben abandonar por completo la envidia hacia las demás entidades vivientes, ya sea en relación con el cuerpo, con las palabras o con la mente. No hay religión superior a ésta. VERSO 9. Debido al despertar del conocimiento espiritual, las personas inteligentes a la hora de celebrar sacrificios, que son verdaderamente conscientes de los principios religiosos y están libres de deseos materiales, controlan el ser en el fuego del conocimiento espiritual, el conocimiento de la Verdad Absoluta. Esas personas pueden abandonar el proceso de las ceremonias rituales. VERSO 10. Al ver a la persona que realiza el sacrificio, los animales que van a ser sacrificados, llenos de terror, piensan: «Este despiadado ejecutor de sacrificios, que ignora la finalidad del sacrificio, está decidido a matarnos, pues eso le causa gran satisfacción». VERSO 11. Por lo tanto, día tras día, la persona que es consciente de los verdaderos principios de la religión y está libre de la crueldad y la envidia hacia los indefensos animales, debe sentirse feliz de realizar sacrificios, tanto diariamente como en fechas señaladas, con los alimentos que, por la gracia del Señor, pueda adquirir sin dificultad. VERSO 12. Cinco son las ramas de la irreligión, bien definidas con los nombres de irreligión [vidharma], principios religiosos para los que no se es apto [para-dharma], farsa de religión [ābhāsa], religión de imitación [upadharma], y religión engañosa [chala- dharma]. La persona consciente de la verdadera vida religiosa debe abandonar esas cinco formas de irreligión. VERSO 13. Los principios religiosos que impiden a la persona seguir su propia religión se denominan vidharma. Los principios religiosos introducidos por otros se llaman para-dharma. Un nuevo tipo de religión creado por una persona llena de orgullo falso, y que va en contra de los principios de los Vedas, se llama upadharma, y dar interpretaciones basadas en juegos de palabras es chala-dharma. VERSO 14. El supuesto sistema religioso ideado por alguien que, conscientemente, deja de lado los deberes prescritos de la orden de vida a que pertenece, se denomina ābhāsa [un tenue reflejo o falso parecido]. Pero si una persona lleva a cabo los deberes prescritos para su āśrama o varŠa en particular, ¿por qué no van a ser suficientes esos deberes para aliviarle de todos los sufrimientos materiales? VERSO 15. El hombre, aunque sea pobre, no debe esforzarse por mejorar su condición económica sin otro objetivo que mantener juntos el cuerpo y el alma o adquirir renombre por su religiosidad. Del mismo modo que la gran serpiente pitón permanece tendida en un lugar y no hace nada por ganarse el sustento, y aun así recibe el alimento que necesita para mantener cuerpo y alma, la persona que está libre de deseos también se gana la vida sin realizar esfuerzos. VERSO 16. Aquel que permanece contento y satisfecho y vincula sus actividades con la Suprema Personalidad de Dios, que vive en el corazón de todos, disfruta de felicidad trascendental sin esforzarse por su manutención. ¿Puede acaso gozar de esa felicidad el hombre materialista que, impulsado por la lujuria y la codicia, vaga en todas direcciones con el deseo de hacerse rico? VERSO 17. La persona que tiene los pies debidamente calzados no corre peligro ni siquiera cuando camina sobre guijarros y espinas. Para ella, todo es auspicioso. Del mismo modo, para el que permanece satisfecho en el ser, no hay sufrimiento; en verdad, se siente feliz en todas partes. VERSO 18. Mi querido rey, la persona que halla satisfacción en sí misma puede ser feliz aunque no tenga más que agua para beber. Sin embargo, el que es arrastrado por los sentidos, y en especial por la lengua y los genitales, para satisfacer sus sentidos debe aceptar la posición de un perro faldero. VERSO 19. Debido a la codicia de los sentidos, el devoto o brāhmaŠa que no ha alcanzado la satisfacción en su propio ser ve disminuidas su fuerza espiritual, su educación, su austeridad y su buena reputación; poco a poco, su conocimiento desaparece. VERSO 20. Los intensos deseos y necesidades corporales de una persona afligida por el hambre y la sed quedan ciertamente satisfechos cuando come. Del mismo modo, una persona muy iracunda verá satisfecha su ira con el castigo y su correspondiente reacción. Sin embargo, la persona codiciosa no se sentirá satisfecha ni después de conquistar el mundo en todas direcciones, ni tras disfrutar de todo lo que el mundo puede ofrecer. VERSO 21. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, muchas y de muy variada experiencia han sido las personas que han caído en la vida infernal por no estar satisfechas con sus respectivas posiciones, desde asesores legales a sabios eruditos y personas dignas de presidir asambleas de intelectuales. VERSO 22. Para abandonar los deseos de disfrutar de la complacencia material de los sentidos, hay que elaborar planes con determinación. Del mismo modo, para vencer la ira es necesario abandonar la envidia; la codicia se debe abandonar conversando sobre las desventajas de atesorar riquezas, y, para abandonar el miedo, se debe hablar de la verdad. VERSO 23. Hablando acerca del conocimiento espiritual, se pueden superar la lamentación y la ilusión; si servimos a un gran devoto, podemos liberarnos del orgullo; guardando silencio, se evitan los obstáculos en la senda del yoga místico; y, por el simple hecho de abandonar la complacencia de los sentidos, se puede superar la envidia. VERSO 24. Mediante la buena conducta y la ausencia de envidia, debemos contrarrestar los sufrimientos debidos a otras entidades vivientes; la meditación en estado de trance debe permitirnos anular los sufrimientos debidos a la providencia; y, con las prácticas de ha˜ha-yoga, prāŠāyāma, etc., debemos contrarrestar los sufrimientos debidos al cuerpo y la mente. Del mismo modo, con el cultivo de la modalidad de la bondad, especialmente en lo que se refiere a la comida, debemos dominar el sueño. VERSO 25. Mediante el cultivo de la modalidad de la bondad, se deben vencer las modalidades de la pasión y la ignorancia; a continuación, es necesario desapegarse de la modalidad de la bondad mediante la elevación al plano de śuddha-sattva. Todo ello podrá lograrlo de modo natural quien se ocupe con fe y devoción en el servicio del maestro espiritual. De ese modo se puede superar la influencia de las modalidades de la naturaleza. VERSO 26. El maestro espiritual debe ser considerado la manifestación directa del Señor Supremo, debido a que transmite el conocimiento trascendental que lleva a la iluminación. En consecuencia, aquel que sostenga el concepto material de que el maestro espiritual es un ser humano corriente, sólo encontrará el fracaso. Su iluminación, su estudio de los Vedas y su conocimiento son como el baño de un elefante. VERSO 27. La Suprema Personalidad de Dios, el Señor Kṛṣṇa, es el amo de todas las demás entidades vivientes y de la naturaleza material. Sus pies de loto son el objeto buscado y adorado por grandes personas santas como Vyāsa. Sin embargo, hay necios que consideran al Señor Kṛṣṇa un ser humano corriente. VERSO 28. Las ceremonias rituales, los principios regulativos, las austeridades y la práctica del yoga tienen por finalidad el control de los sentidos y la mente; sin embargo, todas esas actividades no habrán sido más que un esfuerzo vano si, tras haber dominado los sentidos y la mente, no nos elevamos al plano de la meditación en el Señor Supremo. VERSO 29. Del mismo modo que las actividades profesionales y las ganancias de los negocios no nos pueden ayudar a avanzar espiritualmente, sino que son una fuente de enredo material, las ceremonias rituales védicas no pueden ayudar a una persona que no es devota de la Suprema Personalidad de Dios. VERSO 30. Quien desee conquistar la mente debe abandonar la compañía de su familia y vivir en un lugar solitario, libre de compañías contaminantes. Para mantener cuerpo y alma juntos, debe mendigar únicamente lo imprescindible para cubrir las necesidades mínimas de la vida. VERSO 31. Mi querido rey, esa persona debe disponer un sitio llano, ni demasiado alto, ni demasiado bajo, en un lugar sagrado de peregrinaje, a fin de practicar yoga. Allí debe sentarse con toda comodidad, manteniendo el cuerpo derecho. Entonces, manteniéndose estable y equilibrada, debe comenzar a cantar el praŠava. VERSOS 32 y 33. Sin desviar la vista de la punta de la nariz, el yog… erudito practica los ejercicios respiratorios mediante las técnicas denominadas p™raka, kumbhaka y recaka, controlando la inspiración y la espiración, para después detenerlas. De ese modo, el yog… aleja su mente de los apegos materiales y abandona todos los deseos mentales. Tan pronto como la mente, vencida por los deseos de disfrute, se desvíe hacia sentimientos de complacencia sensorial, el yog… debe traerla de vuelta inmediatamente y confinarla en lo más profundo del corazón. VERSO 34. Cuando el yog… se entrega a estas prácticas con regularidad, en poco tiempo su corazón queda firmemente establecido y libre de perturbación, como un fuego sin llamas ni humo. VERSO 35. La conciencia, cuando está libre de la contaminación de los deseos de disfrute material, permanece serena y pacífica en todas las actividades, pues la persona se halla en el plano de la vida eterna y bienaventurada. Una vez ha alcanzado esa posición, ya no regresa a las actividades materiales. VERSO 36. Quien entra en la orden de sannyāsa abandona los tres principios de las actividades materiales que se consienten en el ámbito de la vida familiar, es decir, la religión, el crecimiento económico y la complacencia de los sentidos. Una persona que entre en la orden de sannyāsa, pero que más tarde vuelva a esas actividades materialistas, merece el calificativo de vāntāś…, es decir, «el que come su propio vómito». En verdad, esa persona no tiene vergüenza alguna. VERSO 37. Los sannyās…s que, tras considerar que el cuerpo tiene que morir y transformarse en excremento, gusanos o cenizas, vuelven a darle importancia y a glorificarlo como si fuese su propio ser, deben ser considerados los mayores sinvergüenzas. VERSOS 38 y 39. Es abominable que una persona que vive en el gṛhastha-āśrama abandone los principios regulativos, que un brahmacārī no siga los votos de brahmacārī mientras vive bajo la tutela de su guru, que un vānaprastha viva en el pueblo y se ocupe en supuestas actividades sociales, y que un sannyās… sea adicto a la complacencia de los sentidos. Quien actúe de ese modo debe ser considerado el más bajo de los renegados. Ese farsante ha sido confundido por la energía externa de la Suprema Personalidad de Dios; es necesario, o bien rechazarle de la posición en que se encuentra, o bien ser compasivo con él, enseñándole, si fuera posible, a recobrar su posición original. VERSO 40. El cuerpo de forma humana tiene por objeto la comprensión del yo y del Yo Supremo, la Suprema Personalidad de Dios; ambos se encuentran en una posición trascendental. Si ambos pueden ser comprendidos gracias a la purificación que viene del avance en el conocimiento, ¿qué o quién impulsa a la persona necia y codiciosa a mantener el cuerpo para complacer los sentidos? VERSO 41. Los trascendentalistas de conocimiento avanzado comparan el cuerpo, que ha sido hecho por orden de la Suprema Personalidad de Dios, a una cuadriga. Los sentidos son como los caballos; la mente, el amo de los sentidos, es como las riendas; los objetos de los sentidos son los lugares de destino; la inteligencia es el auriga; y la conciencia, que se difunde por todo el cuerpo, es la causa del cautiverio en el mundo material. VERSO 42. Las diez clases de aires que actúan en el cuerpo se comparan a los radios de las ruedas de la cuadriga; las partes superior e inferior de la rueda son la religión y la irreligión. La entidad viviente que se halla bajo la influencia del concepto corporal de la vida es el propietario de la cuadriga. El mantra praŠava de los Vedas es el arco, la entidad viviente pura es la flecha, y el blanco es el Ser Supremo. VERSOS 43 y 44. En el estado condicionado, a veces nuestros conceptos de la vida están contaminados por la pasión y la ignorancia, que se manifiestan en forma de apego, hostilidad, codicia, lamentación, ilusión, miedo, locura, prestigio falso, insultos, ganas de encontrar defectos, engaño, envidia, intolerancia, pasión, confusión, hambre y sueño. Todos ellos son enemigos. A veces, nuestros conceptos se contaminan también de bondad. VERSO 45. Mientras tengamos que recibir cuerpos materiales, que, con sus distintas partes y objetos relacionados, no están totalmente bajo nuestro control, debemos acudir a los pies de loto de nuestros superiores, el maestro espiritual y sus antecesores. Por su misericordia, podremos afilar la espada del conocimiento; entonces, con el poder de la misericordia de la Suprema Personalidad de Dios, tenemos que vencer a los enemigos de que te he hablado. De este modo, el devoto debe ser capaz de sumergirse en su propia bienaventuranza trascendental, para después abandonar el cuerpo y recuperar su identidad espiritual. VERSO 46. De lo contrario, si no nos refugiamos en Acyuta y Baladeva, los sentidos, que actúan como caballos, y la inteligencia, que hace de auriga, unirán sus tendencias hacia la contaminación material, y, sin que nos demos cuenta, llevarán el cuerpo, que es como una cuadriga, a la senda de la complacencia de los sentidos. Y cuando volvemos a ser atraídos por los bandoleros viṣaya —comer, dormir y aparearse—, los caballos y el conductor de la cuadriga son arrojados al pozo oculto de la existencia material, y de nuevo nos vemos en el ciclo de nacimientos y muertes, que es una situación peligrosa y llena de temores. VERSO 47. Según los Vedas, hay dos tipos de actividades: pravṛtti y nivṛtti. Las actividades pravṛtti consisten en elevarse desde una condición inferior a una condición superior de vida materialista; nivṛtti, sin embargo, es la desaparición de los deseos materiales. Con las actividades pravṛtti sufrimos por causa del enredo material, pero las actividades nivṛtti nos purifican y nos capacitan para disfrutar de una vida eterna y bienaventurada. VERSOS 48 y 49. Las ceremonias y sacrificios rituales conocidos con los nombres de agni-hotra-yajña, darśa-yajña, p™rŠamāsa-yajña, cāturmāsya-yajña, paśu-yajña y soma-yajña tienen como características comunes la matanza de animales y la quema de productos valiosos, especialmente cereales, todo ello para satisfacer deseos materiales y crear ansiedades. La celebración de esos sacrificios, junto con la adoración de Vaiśvadeva y la ceremonia baliharaŠa, que se consideran el objetivo de la vida, así como la construcción de templos para los semidioses, la edificación de casas y jardines de reposo, la excavación de pozos para administrar agua, el establecimiento de puestos para repartir alimentos, y las actividades para el bienestar público, se caracterizan por el apego a los deseos materiales. VERSOS 50 y 51. Mi querido rey Yudhiṣṭhira, las oblaciones de gh… y granos alimenticios, como la cebada y el sésamo, que se ofrecen en sacrificio, se convierten en humo celestial, que nos lleva a sistemas planetarios cada vez más elevados, como los reinos de Dhumā, Rātri, Kṛṣṇapakṣa, Dakṣiṇam y, finalmente, a la Luna. Después, sin embargo, esas personas que celebran sacrificios descienden de nuevo a la Tierra, donde nacen en forma de hierbas, plantas, verduras y cereales, que son comidos por distintas entidades vivientes y transformados en semen. Ese semen es inyectado en cuerpos femeninos, y de ese modo la entidad viviente nace una y otra vez. VERSO 52. El brāhmaŠa nacido por segunda vez [dvija] viene a la vida por la gracia de sus padres mediante el proceso de purificación denominado garbhādhāna. Luego sigue sometiéndose a otros procesos purificatorios hasta el final de su vida, momento en que se celebra la ceremonia funeraria [antyeṣ˜i-kriyā]. Así, con el paso del tiempo, el brāhmaŠa cualificado pierde el interés por las actividades y sacrificios materialistas; sin embargo, ofrece con pleno conocimiento el sacrificio de los sentidos en los sentidos para la acción, iluminados por el fuego del conocimiento. VERSO 53. La mente siempre está agitada por las olas de la aceptación y el rechazo. Por lo tanto, todas las actividades de los sentidos deben ser ofrecidas en la mente, que se debe ofrecer en las propias palabras. Después, hay que ofrecer las palabras en el agregado de todos los alfabetos, que debe ofrecerse en la concisa forma de oˆkāra. Oˆkāra debe ofrecerse en el punto bindu, bindu en la vibración sonora, y esa vibración en el aire vital. A continuación, la entidad viviente, que es lo único que queda, debe situarse en el Brahman, el Supremo. Ése es el proceso del sacrificio. VERSO 54. En su progreso por la senda ascendente, la entidad viviente entra en los mundos del fuego, del Sol, del día, del final del día, de la quincena de Luna creciente, de la Luna llena, y del paso del Sol por el Norte, con sus respectivos semidioses regentes. Cuando entra en Brahmaloka, disfruta de la vida durante muchos millones de años, hasta que, por último, llega el final de su identificación material. A continuación entra en el plano de la identificación sutil, del cual pasa a la identificación causal, donde es testigo de todos los estados anteriores. Tras la aniquilación de ese estado causal, alcanza su estado puro, en el cual se identifica con la Superalma. De ese modo, la entidad viviente se vuelve trascendental. VERSO 55. Este proceso gradual de elevación hacia la autorrealización va dirigido a las personas verdaderamente conscientes de la Verdad Absoluta. Tras nacer repetidas veces en esta senda, que recibe el nombre de deva-yāna, se alcanzan esas etapas sucesivas. El que está libre por completo de todo deseo material, al estar situado en el ser, no tiene necesidad de recorrer la senda de los sucesivos nacimientos y muertes. VERSO 56. El que es perfectamente consciente de las sendas denominadas pitṛ-yāna y deva-yāna, y que, por ello, tiene los ojos abiertos en función del conocimiento védico, nunca se confunde en el mundo material, aunque esté situado en un cuerpo material. VERSO 57. Aquel que existe interna y externamente, al principio y al final de todo y de todos los seres vivos, y que es, al mismo tiempo, lo que es disfrutable y el disfrutador de todo, lo superior y lo inferior, es la Verdad Suprema. Él existe siempre como conocimiento y objeto del conocimiento, como expresión y como objeto de la comprensión, como oscuridad y como luz. De ese modo, Él, el Señor Supremo, lo es todo. VERSO 58. Se podría pensar que el reflejo del Sol en un espejo es falso, pero su existencia es real. Teniendo esto en cuenta, sería sumamente difícil demostrar, mediante el conocimiento especulativo, que la realidad no existe. VERSO 59. En este mundo hay cinco elementos —tierra, agua, fuego, aire y éter—, pero el cuerpo no es ni un reflejo, ni una combinación o transformación de esos elementos. Como el cuerpo y sus integrantes no están ni separados ni amalgamados, todas esas teorías carecen de fundamento. VERSO 60. El cuerpo, al estar formado por los cinco elementos, no puede existir sin los objetos sutiles de los sentidos. Por lo tanto, como el cuerpo es falso, los objetos de los sentidos también son falsos o temporales por naturaleza. VERSO 61. Cuando una sustancia está separada de sus partes, el aceptar la semejanza entre ambas se denomina ilusión. Cuando soñamos, creamos una separación entre las existencias denominadas vigilia y sueño. Los principios regulativos de las Escrituras, compuestos de mandamientos y prohibiciones, se recomiendan para cuando nos encontramos en ese estado de mente. VERSO 62. Tras considerar la unidad de la existencia, la actividad y los útiles, y tras percibir que el ser es diferente de todas las acciones y reacciones, el especulador mental [muni], conforme a su propia comprensión, abandona los tres estados de vigilia, ensoñación y sueño. VERSO 63. Cuando se comprende que el resultado y la causa son una sola cosa, y que la dualidad es en última instancia irreal, como la idea de que los hilos de un tejido son distintos del tejido en sí, se llega al concepto de unidad denominado bhāvādvaita. VERSO 64. Mi querido Yudhiṣṭhira [Pārtha], cuando todas las actividades que llevamos a cabo con la mente, las palabras y el cuerpo, se dedican directamente al servicio de la Suprema Personalidad de Dios, alcanzamos el estado de unidad de las actividades, denominado kriyādvaita. VERSO 65. Cuando una persona coincide en su objetivo e interés supremo con su propia esposa, sus hijos, sus familiares y todos los demás seres vivos corporificados, ese estado se denomina dravyādvaita, o unidad de intereses. VERSO 66. En condiciones normales, en ausencia de peligro, ¡oh, rey Yudhiṣṭhira!, el hombre debe realizar sus actividades prescritas conforme a su posición en la vida; debe realizarlas valiéndose de los útiles, esfuerzos, procedimientos y residencia que no le estén prohibidos, y no debe recurrir a ningún otro medio. VERSO 67. ¡Oh, rey!, los deberes prescritos deben llevarse a cabo conforme a éstas y otras instrucciones que se dan en las Escrituras védicas, a fin de permanecer como devotos del Señor Kṛṣṇa. De ese modo, podremos alcanzar nuestro destino incluso si permanecemos en el hogar. VERSO 68. ¡Oh, rey Yudhiṣṭhira!, debido al servicio que habéis ofrecido al Señor Supremo, vosotros, los Pāṇḍavas, habéis superado los enormes peligros que os presentaron infinidad de reyes y semidioses. Por servir a los pies de loto de Kṛṣṇa, habéis vencido a grandes enemigos, que eran como elefantes, y de ese modo pudisteis reunir todo lo necesario para el sacrificio. Que, por Su Gracia, os liberéis del enredo material. VERSO 69. Hace muchísimo tiempo, en otro mahā-kalpa [milenio de Brahmā], yo era el gandharva UpabarhaŠa. Era muy respetado por todos los demás gandharvas. VERSO 70. Tenía un hermoso rostro, y la estructura de mi cuerpo era agradable y atractiva. Adornado con collares de flores y pasta de madera de sándalo, yo era muy del agrado de las mujeres de mi ciudad. Así vivía confundido, siempre lleno de deseos de disfrute. VERSO 71. En cierta ocasión, se celebró un festival de sa‰k…rtana para glorificar al Señor Supremo en una asamblea de semidioses; gandharvas y apsarās recibimos de los prajāpatis la invitación para participar en él. VERSO 72. Nārada Muni continuó: Habiendo sido invitado, yo también me uní al festival, y, rodeado de mujeres, comencé a cantar melodiosamente las glorias de los semidioses. Debido a ello, los prajāpatis, los grandes semidioses encargados de los asuntos del universo, me impusieron la siguiente maldición: «Por haber cometido una ofensa, vuélvete inmediatamente un śūdra sin el menor rastro de belleza». VERSO 73. Nací como śūdra en el vientre de una sirvienta, pero me ocupé en el servicio de vaiṣṇavas bien versados en el conocimiento védico. Gracias a ello, en esta vida recibí la oportunidad de nacer como hijo del Señor Brahmā. VERSO 74. El proceso de cantar el santo nombre del Señor es tan poderoso que, con ese canto, incluso los casados [gṛhasthas] pueden alcanzar sin dificultad el resultado supremo que obtienen los miembros de la orden de renuncia. Mahārāja Yudhiṣṭhira, con esto te he explicado el proceso de la religión. VERSO 75. Mi querido Mahārāja Yudhiṣṭhira, vosotros, los Pāṇḍavas, sois tan afortunados en este mundo que muchísimos grandes santos, capaces de purificar todos los planetas del universo, vienen a vuestra casa como visitantes comunes. Además de esto, la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, vive en intimidad con vosotros en vuestra casa, como un hermano más. VERSO 76. ¡Qué maravilloso es que la Suprema Personalidad de Dios, el Parabrahman, Kṛṣṇa, a quien los más grandes de los sabios están buscando a fin de obtener la liberación y la bienaventuranza trascendental, actúe como vuestro mejor bienqueriente, y que sea vuestro amigo, vuestro primo, vuestra misma vida y alma, vuestro guía adorable y vuestro maestro espiritual! VERSO 77. Ahora, aquí, ante nosotros, está esa misma Suprema Personalidad de Dios, cuya verdadera forma no pueden comprender ni siquiera grandes personalidades como el Señor Brahmā y el Señor ®iva, y a quien comprenden los devotos gracias a su entrega inquebrantable. Que esa misma Personalidad de Dios, que es el sustentador de Sus devotos, y a quien se adora mediante el silencio, el servicio devocional y el fin de las actividades materiales, Se complazca con nosotros. VERSO 78. ®r… ®ukadeva Gosvāmī dijo: De este modo, Mahārāja Yudhiṣṭhira, el mejor de los miembros de la dinastía Bharata, escuchó todas las explicaciones de Nārada Muni. Tras oír esas instrucciones, sintió un gran placer dentro del corazón, y, lleno de éxtasis, amor y afecto, adoró al Señor Kṛṣṇa. VERSO 79. Nārada Muni, después de recibir la adoración de Kṛṣṇa y de Mahārāja Yudhiṣṭhira, se despidió de ellos y se marchó. Yudhiṣṭhira Mahārāja, tras escuchar que Kṛṣṇa, su primo, era la Suprema Personalidad de Dios, estaba completamente atónito. VERSO 80. Toda la diversidad de entidades vivientes, móviles e inmóviles, que pueblan todos los planetas del universo, y entre ellas los semidioses, los demonios y los seres humanos, fueron generadas a partir de las hijas de Mahārāja Dakṣa. Te he hablado de ellas y de sus respectivas dinastías. FIN DEL SÉPTIMO CANTO.

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